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Turismo 'slow' en el Algarve

Cuatro días recorriendo el Parque Natural de la Ría Formosa y el paisaje rural de este espacio protegido del sur de Portugal

Panorámica del Parque Natural de la Ría Formosa, en el Algarve./LV
Panorámica del Parque Natural de la Ría Formosa, en el Algarve. / LV
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Aún llevo el reloj atrasado una hora. Los sesenta minutos que vamos por delante de Portugal (en principio solo en el horario). Me resisto a adelantarlo; una trampa íntima para sentirme todavía en el Parque Natural de la Ría Formosa, en el Algarve, donde acabo de pasar cuatro días recorriendo este singular espacio protegido, una sucesión de grandes barras de arena, dunas y lagunas costeras que se extienden sobre una superficie de 18.000 hectáreas. Un sitio estupendo para contemplar aves acuáticas, avistar delfines mulares y sobre todo para comprobar cómo el turismo (determinado tipo de turismo) es compatible con la conservación de la naturaleza. También para caminar durante kilómetros por arenales interminables mientras te dejas invadir por el aire fresco del Atlántico. Correr por la playa de Cabanas forma ya parte de mi colección de experiencias felices al aire libre.

Todo el frente litoral entre Vila Real de Santo António y Loulé, incluyendo ciudades tan turísticas como Tavira, Olhâo y Faro, es un espacio protegido: Área de Importancia para Aves (IBA, por sus siglas en inglés), Red Natura 2000 y zona Ramsar (el convenio internacional para la protección de los humedales). Pero también es uno de los motores económicos de Portugal. Un enclave turístico potente con todo tipo de servicios. Sin embargo, te mueves de un sitio a otro con comodidad, sin sentirte intimidado, a ese ritmo pausado que lamentablemente hemos perdido en España, invitado implícitamente a participar en el disfrute y el respeto a un territorio que ha conservado muy bien sus claves tradicionales.

Plano de situación.
Plano de situación. / LV

También me interesó mucho la cara B del Algarve, lo que hay detrás de las villas turísticas y los hoteles, el entorno rural donde se maneja la población local y los turistas solo se asoman un momento. Esos lugares no engañan y lo que vi me recordó mucho a paisajes del interior de Águilas, Mazarrón y Cartagena, también de la costa de Almería, que ya hemos perdido. Pequeñas y grandes fincas agrícolas donde se respeta la vegetación natural, en las que nadie se ha planteado arrancar los algarrobos, ni las higueras, ni los acebuches, ni arrasar los arbustos autóctonos.

Un territorio interior limpio, sin trastos ni basuras, aprovechado pero no explotado al límite, con casas bien mantenidas, incluso las más antiguas, sin ruinas abandonadas y caminos sombreados por árboles. Algo así como una Toscana portuguesa. En el Algarve el buen gusto fluye hasta en el campo.

Seguro que son otras circunstancias, y desde luego una escala diferente, pero durante estos días me ha resultado inevitable comparar y recordar cómo tratamos el territorio en la Región de Murcia, donde los cultivos intensivos lindan con los 'resorts' sin solución de continuidad, y donde las máquinas excavadoras no dejan de morder las laderas de las montañas en busca de otro rincón más para plantar. Aunque haya que dejar sin recoger tres millones de lechugas por los bajos precios, con sus correspondientes 120 millones de litros de agua desperdiciados, como ha sucedido recientemente en Yecla.

Las ciudades merecen un artículo aparte, pero os dejo una pincelada: desde la monumental Faro hasta Santa Luzia (una modesta aldea de pescadores), pero especialmente Tavira, dividida en dos por el río Gilâo, e incluso los núcleos turísticos, respetan un estilo arquitectónico sencillo y elegante. Fachadas blancas, cubiertas de teja y grandes chimeneas. Ninguna construcción es igual que otra pero nada desentona. Adoquines en todas las calles y aceras, ni una gota de asfalto, todo limpio y ordenado.

Puente romano de Tavira.
Puente romano de Tavira. / LV

¡Y ni una caca de perro, ni una colilla, ni un chicle en el suelo! Esto también me maravilló, acostumbrado a caminar siempre mirando al suelo en esta Murcia siempre plagada de deposiciones caninas, 'pavas' de cigarrillos y todo tipo de desperdicios. También en esto, Portugal nos saca mucha ventaja.