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Otoño de berrea

Los ciervos braman desde hace días. También en la Región de Murcia, donde unos 200 ejemplares se han asentado en el Noroeste, el Altiplano, la Vega Alta y la comarca del Río Mula

La cornamenta de un venado./REUTERS
La cornamenta de un venado. / REUTERS
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

El otoño trae uno de los grandes espectáculos de la naturaleza: la berrea del ciervo, que retumba en los montes al anochecer y con las primeras luces del día. El quejido bronco y profundo de los venados en celo es un sonido inolvidable, una sinfonía atávica que nos conecta con la tierra y que, por suerte, podemos disfrutar de nuevo en la Región de Murcia desde hace unos años: en Cehegín, Caravaca de la Cruz, Bullas, Moratalla, Calasparra, Cieza, Ricote, Abarán, Blanca, Ojós, Mula y Campos del Río, lugares donde se ha asentado una población de unos doscientos ejemplares (según datos de la Consejería de Medio Ambiente) procedentes de acotados cinegéticos.

Acostumbro a escuchar los primeros bramidos de los ciervos murcianos en el Coto de las Maravillas (Cehegín), su 'zona cero' en la Región. Cuando puedo, en directo, y cuando no, gracias a los audios de WhatsApp que me envía puntualmente mi amigo Joaquín Marín. El de este año me llegó el 14 de septiembre, aún con una semana de verano por delante: aunque lejanos, se escuchaba claramente la llamada acuciante de los ciervos. Y lamenté no estar en ese momento en el mirador del Parque Ecológico, donde en otras ocasiones, con las últimas luces del día, he escuchado hasta a cinco venados retándose simultáneamente en unos pocos kilómetros a la redonda (el monte público tiene 3.500 hectáreas, 616 de ellas protegidas como Refugio de Fauna).

Durante años relaté en 'La Verdad' y en el blog el regreso de los ciervos a los montes murcianos, donde desaparecieron en los años cincuenta del siglo pasado. También la errática gestión de la Administración, que nunca ha tenido muy claro qué hacer con ellos: si erradicarlos para evitar daños en los cultivos y las inevitables quejas de los agricultores, si permitir su caza indiscriminada, si elaborar un plan de gestión para que sus poblaciones sean viables, si convertirlo en un activo para el turismo rural...

Parece que se está imponiendo esta última visión, de acuerdo con unas declaraciones recientes de la directora general de Medio Natural, Consuelo Rosauro: «El momento de la berrea es un espectáculo natural que, a pesar de no contar con una larga tradición en la Región debido a que el ciervo prácticamente desapareció a mediados del siglo pasado, genera cada vez más expectación y es un importante reclamo para los amantes de un turismo sostenible vinculado a la riqueza natural».

Pues le tomamos la palabra a la responsable regional de nuestras especies y espacios, y le damos la razón en que los ciervos no son exclusivamente un recurso cinegético (con todo el respeto, señores cazadores) sino sobre todo un patrimonio natural de todos. Un bien común, vaya, por más que los venados que ahora viven en libertad en nuestras sierras procedan de los cinco cotos regulados en los Planes de Ordenación Cinegética localizados en Cehegín, Moratalla y Yecla.

Esa puede ser la idea: convertir los ciervos y la berrea en un atractivo turístico para apoyar la economía de las zonas rurales. Lógicamente de una forma más modesta que en Cazorla, Cabañeros o Monfragüe, grandes espacios protegidos con miles de hectáreas de superficie, pero creo que merece la pena actuar en esa línea.

Así que este fin de semana no me busquéis: estaré en el monte, con los prismáticos al cuello y afinando el oído para disfrutar de nuevo con el bramido eterno.

 

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