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El Ebro no tiene la culpa

Los ríos no tiran el agua al mar. Parece mentira a estas alturas, pero hay que recordarlo

Crecida del Ebro desde el puente de Santiago, en Zaragoza./JAVIER BELVER
Crecida del Ebro desde el puente de Santiago, en Zaragoza. / JAVIER BELVER
Miguel Ángel Ruiz
MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Sé que no es popular recordar esto desde Murcia, pero ahí voy: los ríos no tiran el agua en el mar, la desembocadura de un cauce no supone un desperdicio de caudales sino un proceso natural y necesario. Por más que las imágenes del Ebro desbordado estos días se conviertan en una tentación demasiado grande para que políticos, empresarios agrícolas y regantes clamen que ya se ha perdido el equivalente a nosecuantos trasvases.

Escribo esto no porque el presidente del Gobierno regional, Fernando López Miras (PP), haya lamentado los muchos hectómetros que el Ebro está arrojando ahora al Mediterráneo en Tortosa, con lo bien que le vendrían al campo murciano; ni por el viaje relámpago (¡y populista!) de Alberto Garre (Somos Región) para solidarizarse con los paisanos aragoneses afectados por las inundaciones.

Tampoco por el mensaje de WhatsApp, de esos que aspiran a convertirse en virales, en el que se alude al «Plan Hidrológico Nacional de Aznar que derogó Zapatero« como la solución a las inundaciones en Aragón y la sequía en el Levante. Como si el Partido Popular no hubiera tenido tiempo y mayorías suficientes, tanto en el Ejecutivo central como cuando ha gobernado las comunidades de Murcia, Aragón y Castilla-La Mancha, para abordar la planificación hidrológica.

Sino porque resulta cansadísimo, y también alarmante, comprobar que se consolida la idea de que se pueden detraer los caudales de los ríos, como si fueran tuberías, al margen de los procesos ecológicos, sociales y culturales de los que forman parte.

Crecida del río Segura en el centro de Murcia, en 2013,
Crecida del río Segura en el centro de Murcia, en 2013, / ISRAEL SÁNCHEZ

Además de que:

1. La crecida actual del Ebro es la consecuencia de un hecho excepcional: el rápido deshielo de las nieves caídas durante el invierno y el inicio de la primavera. Como las del Segura en los años 2016 y 2013 se debieron a las lluvias torrenciales.

2. El desbordamiento de los ríos tiene mucho que ver con el mal uso del territorio, fundamentalmente la invasión de las zonas inundables por infraestructuras de todo tipo. Nos empeñamos en ocupar y transformar los cauces, en construir sobre ellos, y después nos quejamos de que nos llega el agua al cuello.

3. Seguro que técnica y políticamente puede haber soluciones para paliar el déficit hídrico del Sureste. Que le llamen Pacto del Agua (lo que se está negociando ahora) o como quieran, pero que participe toda la sociedad en este proceso, por favor. Que no sea una componenda entre políticos y agentes económicos. El agua es sobre todo un recurso básico y natural que es de todos. Un sostén medioambiental imprescindible.

Aunque sospecho que en la Región de Murcia, por mucha agua que viniera, siempre faltaría. A las miles de hectáreas de regadíos sin dotación (y por tanto ilegales) me remito, una mancha intensiva que se ha extendido desde el entorno del Mar Menor y el Campo de Cartagena al Altiplano y el Noroeste con la transformación de cultivos tradicionales de secano. Un proceso que está degradando los recursos naturales en las comarcas que conservan los mejores paisajes de la Comunidad Autónoma.

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