Rafaelillo: «Hoy necesito el cariño de mi tierra»

Rafaelillo posa con el capote en la finca de San Pedro del Pinatar donde se entrena estos días./ Martínez Bueso
Rafaelillo posa con el capote en la finca de San Pedro del Pinatar donde se entrena estos días. / Martínez Bueso

El torero murciano vuelve a su plaza, a la que le vio tomar la alternativa hace ya 22 años, tras tres años de ausencia

FRANCISCO OJADOS

Reaparece en Murcia, después de una grave cornada que le propinó en el gemelo un toro de Cuadri el pasado 27 de julio en la plaza de Valencia. Una cornada que le hizo perderse su cita con Dax (Francia) el 13 de agosto. Fue el último infortunio para un Rafaelillo que inició su temporada con una gran actuación en Cieza, en abril, donde alternó con Talavante y Roca Rey y cortó tres orejas. Otras tres paseó el 20 de mayo en Santisteban del Puerto, pero los sorteos no depararon para Rafael ni un toro que embistiera, ni en Madrid, ni en Nimes, ni en Pamplona, ni en Valencia.

-La primera pregunta es obligada. ¿Cómo se encuentra de la última cornada?

-Es una cornada de la que, para estar realmente bien recuperado, se necesitan tres meses. Pero al estar preparado, en seis semanas he podido sentirme bien. Las primeras tres semanas han sido las más duras. Como es un músculo indispensable para el movimiento, ir a Dax fue imposible; estaba cojo. Me probé en la finca de la familia Ibáñez y me caía, no apoyaba bien la pierna. Fue una decisión dura de tomar, porque era la única corrida que tenía en agosto, pero fue muy sensata. Ahora estoy en el proceso final de la recuperación. El mes de agosto ha sido de mucha rehabilitación. Físicamente ya estoy a un 80%.

Si algún año he necesitado una tarde bonita y el cariño de mi tierra, es este». «No ha resultado fácil estar fuera. Ha sido una experiencia personal extraña que me ha dolido». «Lo que no se me puede reprochar es la actitud; nadie puede decir que no he arriesgado». LO QUE DICE

Sin necesidad de inquirir al diestro sobre su regreso a la Feria de Murcia tras tres años de ausencia, Rafaelillo habla de su esperada vuelta.

-La circunstancias en las que regreso a Murcia son muy especiales. Si de por sí a Murcia la llevo en el corazón, después de tres años de ausencia, volver a torear en mi tierra va a ser la alegría, no de este año, sino de todos estos últimos años, y más con todo lo que se ha reunido en esta temporada: la cornada, la dureza de la temporada...

Con respecto a su relación con la empresa, el diestro mantiene que ha sido buena a pesar de todo:

-En lo personal nunca ha estado mal. Yo he seguido entrenado en su casa, en la plaza, que es una gentileza que han tenido con todos los toreros murcianos siempre. El año pasado hubo un acercamiento personal muy grande por mi parte, y se aclaró todo lo que había que aclarar en dos reuniones que fueron muy positivas, ya no en lo profesional, sino en lo personal

-Tiene que ser raro, que pase una Feria de Murcia y verse fuera de la plaza en la que tomó la alternativa y entrena a diario.

-Uno aprende. Este año me ha servido para reflexionar. Son decisiones que uno toma, acertadas o equivocadas, y quizás, hoy día, actuaría de otra manera, porque no ha sido fácil estar fuera. Ha sido una experiencia personal extraña, y que me ha dolido. Es cierto que la empresa se puso en contacto conmigo y tuvo interés por contratarme en 2015 y 2016. El primer año no hubo acuerdo económico, e incluso me llamaron para una sustitución con un cartel muy importante; y el segundo, que cumplía mis 20 años de alternativa, se planteó la posibilidad de seis toros, pero no fructificó. El año pasado no hubo llamada y ahí me preocupé, no ya en lo profesional, sino en lo personal. Al final han sido años para aprender, como torero y como persona.

-¿Cómo está viviendo ese reencuentro con la afición de Murcia?

-Estoy sintiendo el cariño de la gente y eso es muy bonito. Me ven amigos, gente que ni es aficionada, y me dicen que van a ir a los toros a verme y a apoyarme, y ese cariño lo estoy disfrutando. A partir de ahí, voy a salir al ruedo solo con la idea de intentar disfrutar, sin pensar en el marcador, y me llevaré lo que el destino me tenga preparado. Si algún año he necesitado una tarde botina y el cariño de mi tierra es este. Realmente, lo que busco, es un premio interior. Disfrutar como torero y como persona. Y eso lo voy a poder vivir en mi tierra, con los mejores toreros y las mejores ganaderías, y, cómo no, con mi gente.

-Está siendo una temporada muy dura para Rafaelillo.

-Un año complicado que me hace ser más fuerte y ver las cosas de otra manera. Comencé toreando en Cieza como de verdad me gusta, y luego no me ha embestido un toro en ninguna plaza de primera. El único con el que estaba haciendo toreo, el de Cuadri de Valencia, era reservón y muy listo, y me pegó la cornada. Lo que no se me puede reprochar es la actitud. Cuando acabe el año la valoraré como la más difícil y la más dura de mi carrera, pero tendré la conciencia tranquila, porque no se me ha ido ningún toro, no me ha faltado preparación y nadie puede decir que no he dado el paso y he arriesgado. Las cosas vienen así, y siempre, después de un temporal, escampa y se ve todo con mayor claridad.

El torero murciano Rafaelillo, entrenando en el coso de la finca de José A. Pérez-Hernán, en San Pedro del Pinatar, el viernes.
El torero murciano Rafaelillo, entrenando en el coso de la finca de José A. Pérez-Hernán, en San Pedro del Pinatar, el viernes. / Martínez Bueso

Levantarse

-Las mejores temporadas de Rafaelillo han venido después de las difíciles.

-¡Es que nunca las he tenido fáciles! Yo creo que en esta profesión, y en la vida, lo importante no son las veces que se tropieza, sino la manera en la que uno es capaz de levantarse, para rehacerse y saber el porqué de las cosas. Es esencial asimilar todo.

-En los despachos lo ha tenido más difícil que nunca. Plazas donde ha triunfado no repiten. ¿Ha llegado a pensar en dejarlo?

-Uno tiene ya 39 años y hay momentos en que piensa en todo. Tengo dos niñas, soy padre de familia, y uno analiza todo. Eso te lo da la madurez, ponderar lo positivo y lo negativo. El que diga que no tiene pensamientos de todo tipo, miente. Hay momentos para todo, y los toreros somos gente fuerte, pero somos artistas y somos personas sensibles. Para emocionar hay que ser sensible, y cuando uno es sensible tiene altibajos. Uno no los enseña, o aprende a convivir con ellos, pero están ahí.

-Pero a Rafaelillo le queda cuerda para rato.

-No lo sé. Nadie sabe lo que va a pasar mañana. Te puedo hablar del presente. Y hoy sé que estoy tranquilo, que soy feliz, y que tengo dos hijas maravillosas. Todo lo pasado me ha servido para madurar más, para valorar los momentos vividos, y en el futuro no sé lo que podrá pasar. Lo que está claro es que sigo estando ilusionado y que quiero seguir disfrutando de mi profesión. Luego, el destino, el toro y la vida sabrán lo que me tienen preparado. Mi objetivo sí es el de seguir creciendo como torero y como persona.

-Habla de la familia. Tiene que ser un gran apoyo, ¿no?

-Ellas también lo pagan. Lo sufren. Cuando uno tiene problemas en su profesión, aunque no quiera, los mete en la casa. En una profesión con tanta tensión, rivalidad y riesgo como la mía, algo entra en la casa. A veces lo pienso, porque lo que quiero es que mi familia viva en un entorno agradable, sin problemas, y llego a la conclusión de que es muy difícil vivir en un entorno civilizado, entre comillas, porque un torero nunca puede ser civilizado, tiene que tener un punto salvaje, en el que te tiene que dar igual todo, porque llegas a jugarte la vida cada tarde.

«Si no hubiera ido a Madrid, a confirmar mi alternativa, a descubrir por mí mismo si era capaz, hubiera sido un infeliz toda mi vida». «Yo no puedo programar unas vacaciones como un matrimonio que trabaja de lunes a viernes. Lo mío es día a día». LO QUE DICE

-¿Y eso cómo lo lleva?

-Yo no soy un padre común. Mi mujer me pone como el no ejemplo -y yo me río, porque me conoció así-. Es cierto que, como otros padres, llevo a mis hijas al colegio, paso tiempo con ellas, pero luego mi profesión me exige mucho, muchas horas de entrenamiento, y me aíslo sin querer. Lo que decía, no puedes ser una persona totalmente civilizada porque luego en la plaza se nota. Compaginar eso, conseguir ese equilibrio es muy complicado. Yo no puedo programar unas vacaciones como puede hacer un matrimonio que trabaja de lunes a viernes y tiene su descanso. Lo mío es día a día. Por eso las mujeres de los toreros tienen un papel fundamental. Acoplarse a nuestra vida, cuando no somos gente normal, no es nada fácil.

-Rafaelillo empezó siendo un niño prodigio. Con 16 años tomó la alternativa. ¿Cómo fue el proceso hasta convertirse en 'rey de los Miuras'?

-Creo que habéis sido más conscientes desde fuera. Yo creo que todavía tengo una parte de niño, de ilusión extrovertida, que no quiero perder nunca. Son etapas, y la vida te hace madurar y cambiar, y no te vas dando cuenta.

Destino

-Quizás fue muy deprisa al principio, y de torero de arte tuvo que cambiar a lidiador total.

-El destino. En cuanto un toro me deja le hago ese toreo de los principios, pero las circunstancias mandan. Estaba en mi casa sin oportunidades y me reenganché a las ferias después de muchos años parado, cuando ya pensaba en hacerme banderillero. Si me lo hubieran dicho en aquel entonces, no lo hubiera creído. Pero tenía una espina, que era Madrid. Por eso aguanté. Si no hubiera ido a Madrid, a confirmar mi alternativa, a descubrir por mí mismo si era capaz, hubiera sido un infeliz toda mi vida.

-Esa confirmación marcó la dureza de la carrera de Rafaelillo.

-Tengo una anécdota de ese día. Mi hermano [mozo de espadas] me llenó la bañera redonda del hotel donde me vestí -ya no me lo hace, entonces tenía más detalles que ahora [ríe abiertamente]- y ese día me habían cogido los toros tres veces. Iba reventado, con varetazos por todo el cuerpo, el traje roto, y metido en la bañera pensé: 'Este es el principio, no sé lo que va a pasar, he dado una vuelta al ruedo y cuando me contraten de nuevo será en una corrida como esta o peor, y el dinero que me van a pagar (que pagaron religiosamente los Lozano por encima de lo hablado) no va a dar ni para arreglar el traje de luces'. Debía dinero por todos lados y me planteé si merecía la pena. Fui consciente de que esa etapa que empezaba ahí iba a ser muy dura y difícil. Y mira al final lo que se ha conseguido, los triunfos de Madrid, Sevilla, las puertas grandes de Pamplona... Y el reconocimiento que tengo de los profesionales.

Y así, en plena madurez, con el premio de torear ante su gente, vuelve Rafaelillo a Murcia, en un cartel que al final quedará en un mano a mano con la gran figura de Francia, Sebastián Castella, y los toros de Parladé.

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