Pepín Liria: «Murcia me motiva de forma casi enfermiza»

El diestro ceheginero Pepín Liria. / Vicente Vicéns / AGM
El diestro ceheginero Pepín Liria. / Vicente Vicéns / AGM

El diestro ceheginero regresa hoy a La Condomina para festejar el 25 aniversario de su alternativa

F. OJADOS

La Feria de Murcia de 2018 tiene un nombre propio: Pepín Liria. El torero de Cehegín, diez años después de su retirada, ha decidido torear para celebrar su 25 aniversario de alternativa. Una edición de cartelería especial -obra del pintor blanqueño Pedro Cano- y una lona de grandes dimensiones sobre la puerta principal de La Condomina sirven para resaltar el evento. Fue el pregonero de la feria: «Todo lo que soy se lo debo a mi profesión. Me siento una persona afortunada por todo lo conseguido y por la oportunidad que he tenido de ser quien soy a través del toreo».

-En el pregón recordó a aquellas personas que le ayudaron en sus comienzos.

-Toda esa gente fue responsable, de algún modo, de que llegara a donde llegué. Ayudaron en momentos difíciles. Si no hubiesen estado, no sería lo que soy hoy. Qué menos que tenerles presentes.

-¡Qué bonita carta de amor a la plaza de Murcia fue el pregón!

-Fue la descripción más gráfica de lo que ha sido mi vida y mi relación real con esta plaza desde el primer día que entré en ella, aunque fuera para llevarme un disgusto, porque no tenía la edad para torear. Pero allí nació una relación que nunca tuvo crisis, que creció en amor, en respeto, en cariño y en apoyo mutuo. De la mano de esta plaza fui creciendo. Nunca me falló.

-Ni Murcia ni los murcianos han fallado a Liria, ni Liria a los murcianos.

-Ha sido una constante en mi vida. He sentido ese apoyo desde cualquier punto de la Región. Primero en la plaza, pero después, en momentos puntuales, he tenido un compromiso social con esta tierra. No he vuelto la cara a ninguna asociación que lo haya necesitado y eso también ha creado un cariño recíproco. Yo pensaba que iba a saldar mi deuda el día de mi retirada, con los seis toros [ese día Pepín donó toda la recaudación a asociaciones y ONG de Murcia], pero lo que me hicieron sentir fue para estar siempre en deuda.

-Lleva diez años retirado y todavía le paran por la calle. Tiene que ser un orgullo.

-Es la satisfacción del deber cumplido. Después habrá catalogaciones profesionales y a algunos habré gustado más y a otros menos, pero algo he tenido que hacer para que exista ese cariño, esa admiración, ese respeto. Y eso lo siento. Aunque alguno haya querido manchar mi nombre, el pueblo no es tonto y lo respeta y lo defiende, y se sigue identificando conmigo, con mi lucha, con el nombre de Murcia. He aprendido de esos personajes de nuestra Región que han traspasado fronteras y me han enseñado a ser más murciano que nadie, a creer en lo nuestro y a ponerlo en valor.

«Como antaño, no se me pasa otra cosa por la cabeza que ser el triunfador de la feria»

-A usted nadie le ha regalado nada. Salvo en Murcia, sus corridas no eran fáciles, y contra viento y marea aguantó año tras otro.

-Ese fue mi sino. Y lo entendí. Al principio, con un carácter joven y rebelde, pensaba que era injusto, pero después te das cuenta de que es la historia que te ha tocado vivir. La suerte es que la supe entender y en cada momento supe el papel que me tocó desempeñar. Era feliz, me daba cuenta de que iba consiguiendo cosas, que iba tirando barreras y cumpliendo objetivos. Y eso sí, siempre respaldado por mi tierra.

-¿Cuál es la clave para haber estado en lo alto esos quince años?

-La afición y el amor propio. El amor por una profesión, el ver que era capaz de resolver problemas. Cuando peor se ponían las cosas, yo más trabajador me volvía, más sacrificio realizaba, más tiempo pasaba en el campo y más me preparaba. Cuanto más cuesta arriba se ponían las cosas, más cabezón me ponía y las sacaba para adelante. Pero también hay una parte, con toda la modestia del mundo lo voy a decir, de inteligencia. De ser consciente de las circunstancias y del papel que me correspondió en cada momento. He sido muy profesional y creo que esa ha sido otra de las claves; la seriedad y el respeto con que me he tomado mi profesión.

«[Roca Rey] tiene la condición de figura; sé lo que me voy a encontrar, pero él también sabe lo que se va a encontrar»

-Esta temporada se la ha planteado de la misma manera.

-Un torero no puede aparecer en la Feria de Pamplona y dar el nivel que yo di si no está preparado. Todos esos retos uno los supera porque está preparado. Porque por mucha ilusión que le pongas, si luego no te responde tu físico, tu cabeza y tu actitud, no solventas una papeleta como la que yo tuve que resolver en Pamplona.

-¿Qué sentimientos tiene un torero cuando un toro casi lo revienta, como le ocurrió aquella tarde, y sigue su entrega?

-Sobre todo te das cuenta de que eres capaz de ser el que eras. Que podía levantarme, tirar hacia delante y volver a tirar la monda al aire. Esa capacidad no la he perdido y va en el ADN de Liria, es parte de mí. Una seña de identidad de no someterme al toro ni a los despachos. Y en el ruedo nunca he dado una batalla por perdida, por eso mi toreo siempre ha estado muy ligado al tipo de toro que me ha tocado lidiar; mi toreo estaba supeditado al triunfo y yo lo buscaba como fuese. Cuando el toro embestía bien, toreando bien, y cuando no embestía el toro, intentando arrancar las orejas por la vía del valor y de resolver con la técnica los problemas que me plateaba el animal.

-Torear bien ha toreado muchas veces, aunque se le haya cantado lo otro, el valor.

-No se cortan 18 orejas en Sevilla, ni 12 en Madrid sin pegar pases y sin torear. Tengo la satisfacción y la tranquilidad de que cuando me ha embestido un toro bien lo he toreado igual de bien que lo pueden torear los demás. Después están las interpretaciones y los gustos de cada uno. Pero yo sé cómo he toreado; sé cómo he cuajado de capote un toro de Juan Pedro en Granada y otro de Gavira en Cehegín, y sé cómo he cuajado toros con la muleta, como uno de Jandilla en Murcia, o un toro de Cuadri, o un victorino en Badajoz.

-En Murcia siempre se viste en el mismo hotel y en la misma habitación. ¿Es un poco maniático?

-He sido muy supersticioso. Cuando las cosas han ido bien no me ha gustado cambiarlas y la verdad es que en Murcia iban aconteciendo cosas muy buenas y era mejor no tocar. Una de las manías era la de vestirme en esa habitación 301-303 del Rincón de Pepe, que solo cedí un año para una pareja de recién casados. Pero como esa, muchas cosas: estrenar vestido en Murcia, estar cerca de la Fuensanta...

-Usted nunca se sube a un ascensor vestido de luces, ya pueda estar en una décima planta.

-Eso fue a raíz de una cornada en Santander en la que un toro me arrancó la femoral. Aquel día, en el ascensor del hotel tuve una sensación muy rara y ya no he vuelto a subir en un ascensor vestido de luces.

-Esta tarde compite con Roca Rey. Habrá que enseñarle quién es Liria.

-Tiene la condición de figura porque se lo ha ganado y sabe lo que hemos sido cada uno. Sé lo que me voy a encontrar: un torero que va a querer pasar por encima de mí. Eso es lícito, es ley de vida y el traje de luces lleva implícito querer estar mejor que el compañero, al margen de la admiración que nos tenemos. Pero él también sabe lo que se va a encontrar. Yo siempre quise competir con los más grandes e intentar imponerme, porque Murcia me motiva de una forma casi enfermiza. Este es mi gallinero. Lo defendí 15 años, el año del 125 aniversario de la plaza; y, como antaño, no se me pasa otra cosa por la cabeza que ser el triunfador de la Feria de Murcia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos