Ureña presenta credenciales a figura en una tarde rotunda

Ureña en las bernadinas finales que pusieron en pie al público. / G. Carrión / AGM

El torero lorquino puso la feria boca abajo, con cuatro orejas, saliendo a hombros con El Juli, que paseó dos; Manzanares se marchó de vacío

FRANCISCO OJADOSMurcia

La segunda de la feria de Murcia tuvo un nombre propio que destacó sobremanera. La actuación rotunda de Paco Ureña convenció a La Condomina, que acabó entregada al torero de Lorca, que firmó su tarde más completa en el centenario coso de la Ronda de Garay.

Cuatro orejas paseó el torero de la pedanía de La Escucha. Dos de cada uno de sus astados, y eso que las cosas empezaron torcidas para el diestro, pues el tercero de la tarde salió aparentemente reparado de la vista, embistió cruzado al capote del matador y Ureña, muy contrariado, hizo gestos ostensibles al palco de que el toro no veía bien, airando la protesta de la grada. Fue devuelto a los corrales y Paco Ureña decidió correr turno, de forma que en su lugar saltó al ruedo el otro toro de su lote, previsto para ser corrido en sexto lugar. 'Fanfarria' se llamó el ejemplar de Daniel Ruiz, que dio un gran juego. El saludo de capa del lorquino tuvo enjundia, por lo encajado que toreó en los lances a la verónica, rematados con gracia con la revolera. Se agarró bien el picador Vicente González, y dejó medida a la res, que empujó hacia las afueras a la cabalgadura. Ureña cambió el tercio con prontitud y desde los medios, una vez que se echó el capote a la espalada, citó desde la lejanía para firmar un quite por gaoneras de mucho ajuste, del que incluso resultó tropezado teniendo que improvisar una valerosa media de remate enroscada a la cadera. Ya para entonces el público había entrado en la labor de Ureña. Bien estuvo la cuadrilla del lorquino con un Víctor Hugo que banderilleó a este tercero y también, por lesión de Rafael Rosa, al segundo de Manzanares, con eficacia, y lidió fenomenal al sexto.

El festejo

Segunda corrida de Toros de la Feria Taurina de Murcia. ¾ de entrada.
Toros de Daniel Ruiz, correctos de presentación. Cuatro de ellos han sido buenos, el segundo se rajó y el quinto fue más deslucido. La ganadería de Daniel Ruiz debutaba en la Plaza de Toros de Murcia.
El Juli (azul rey azabache)
ovación con saludos y dos orejas.
José María Manzanares (azul marino y oro)
ovación con saludos en ambos.
Paco Ureña: (blanco y oro)
dos orejas y dos orejas.

Una vez realizado el saludo al presidente, Ureña brindó la faena de muleta a su amigo José Ojados Roca.

Fue faena sobresaliente, por su verdad y su pureza. La inició por estatuarios, estoico el torero, para pronto echarse la pañosa a la zurda y torear al natural. Con valor aguantó los parones del astado, con los pitones a milímetros de la taleguilla y empujó al toro para adelante en los de pecho. Grande Ureña, que cuando ya había demostrado su concepto puro, quiso exponer al público de Murcia y a sus compañeros las razones para que se cuente con él en este tipo de carteles.

El final fue un primor. Se echó con las dos rodillas en tierra y se cruzó al pitón contrario para torear en redondo, dando el pecho. Impresionante. Muy recto, se fue detrás de la espada, que pese al atracón, cayó algo caída. Dobló el estado de inmediato y la petición del doble trofeo fue un clamor. Como también lo fue al doblegar al sexto de la tarde. Este era el que estaba destinado a sobrero. Llevó por nombre 'Travieso', y lo fue. Se abrió mucho en el saludo de capa de Ureña que con exquisitez lanceó a la verónica. Luego llevó al burel a la jurisdicción del piquero con un acompasado galleo por chicuelinas, prueba de la variedad y calidad del toreo de capote que derramó Ureña por La Condomina, rematando con un quite a la verónica de pata palante muy puro. Esta vez brindó al respetable y la faena tuvo un comienzo de altos vuelos. En el centro del anillo, desde la distancia, se dejó venir al de Daniel Ruiz para cambiarle el viaje por la espalda y lo volvió a repetir. Ya para entonces la plaza era un hervidero. Ureña tuvo que ir haciendo al toro hasta dominarlo. En el primer muletazo por la izquierda se metió por dentro el animal y cambió el toreo a la diestra. Las series por ahí fluyeron ligadas, con muletazos larguísimos, mandando el diestro, y rompiendo a bueno el toro. Fenomenal en los pases de pecho, dibujó cambios de mano realmente bellos, crujiendo la plaza en el cierre de faena, cuando Paco se dejó pasar los pitones a milímetros de su anatomía en unas bernadinas de vértigo. Se echó encima del cornúpeta en la estocada, enterrando toda la espada, para acabar su pletórica tarde. Actuación de torero grande que pone cara la feria.

El triunfo de Ureña, ya con dos orejas en el esportón de su primero, hizo cavilar a El Juli, hasta el punto de poner encima de la mesa sus credenciales de gran figura tras la larga merienda, ante el cuarto de la tarde, al que desorejó. Con el pastel de carne todavía sin digerir le costó al personal entrar en el recibo capotero de Julián que realizó un acompasado quite por delantales. Tampoco se enteró el tendido del lustroso tercio de banderillas protagonizado por los buenos subalternos José María Soler y Fernando Pérez. Fue echando cuentas el público cuando brindó Juli desde los medios. Inició con suavidad el trasteo, acudió con prontitud el toro a la muleta y Julián fue macizando una elegante faena en el tercio, sin brusquedades, acompañando las embestidas en series que tuvieron ritmo y temple. Al natural toreó con muñeca de seda para abrir el compás en el regreso de la faena a la mano diestra para alargar las embestidas más allá de lo imaginable. Todo tuvo pausa, dominado los tiempos el torero. El volapié, en toda la cruz, dio lugar a las dos orejas. Se le pidió una del primero de la tarde, toro que también sirvió para el torero. Se lució El Juli en un quite por tafalleras combinadas con chicuelinas y la faena fue de muleta baja, en la que alargó el viaje del animal poco a poco, toreando con cadencia. Templó con la facilidad que acostumbra este diestro y cuando se quedó en el sitio para ligar fue cuando más llegó al público. Trasteo con oficio que culminó de media estocada que precisó de un golpe de verduguillo.

El de La Escucha expuso al público de Murcia las razones para que se cuente con él en estos carteles

Se marchó de vacío Manzanares. Sorteó el peor lote. Su primero fue protestado por manso. Se jalearon las verónicas del alicantino, hasta que huyó de la capa el castaño, que en un arreón de buey se llevó por delante al banderillero Rafael Rosa. Fue atendido de una contusión en las costillas, siendo trasladado a centro hospitalario para realizar radiografías. El principio de faena prometió mejor final, al aguantar la primera serie el bovino, que acabó por desertar a tablas. Ante el quinto sí meció con gusto el capotillo José Mari, primero a pies juntos y luego a la verónica, suerte en la que toreó muy despacio. Pero el toro salió mermado del puyazo, justo de fuerzas, fruto de lo cual acabó por defenderse en la muleta del diestro de Alicante, afanoso por agradar sin resultado. Como en el primero de su lote, también recibió en este la cariñosa ovación del público murciano. Un público que vivió con alegría la puerta grande de Ureña y de El Juli.

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