Una ausencia, el japonés más taurino y mil miradas al cielo

El público asistente ayer a la plaza de toros, atento al ruedo. /Juan Carlos Caval / AGM
El público asistente ayer a la plaza de toros, atento al ruedo. / Juan Carlos Caval / AGM

El presidente del Club Taurino de Tokio llegó a la plaza «para ver a Rafael porque es el mejor torero de Murcia», mientras López Miras decía a los chavales que tenían que seguir a Paco Ureña. Muchos esperaron a última hora para ver si la lluvia respetaba la celebración de la corrida de toros

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOS

Eran las seis de la tarde cuando apareció por la puerta principal de la plaza de toros de Murcia Nicolás de Maya, pintor de reconocido prestigio y aficionado a la tauromaquia, que estaba inquieto y no paraba de toquetear su superlativo teléfono móvil, protegido con una llamativa carcasa de tonos rosados. «Lo llevo así porque los artistas, a veces, estrellamos el aparato contra algo», bromeaba, a la espera de que apareciera un grupo de amigos llegados de Japón, Texas e Inglaterra. Eran los representantes de los clubes taurinos de Tokio y Londres, que aterrizaron ayer en la capital murciana para ver el regreso de Rafaelillo a La Condomina.

El ambiente estaba flojo por la amenaza de lluvia, que finalmente respetó la tarde. Pero eso, unido a la repentina ausencia del torero Cayetano, hizo que la entrada perdiera fuelle y las taquillas estuvieran a medio gas los minutos previos al inicio del festejo. Sí, porque muchas mujeres, como es lógico, querían ver al hijo del desaparecido Paquirri hacer el paseíllo. Y ayer no fue el día.

Los defensores y adeptos a Rafaelillo llegaban a la plaza con todas las fuerzas del mundo para ver a su torero. Fue el caso de José David, Israel, Alberto y José Antonio, un grupo de amigos que, acompañados por sus respectivos padres, llegaron desde Molina de Segura y Cartagena. Sus neveras, llenas de cerveza Estrella de Levante, les permitieron refrescarse durante la merienda. Oiga, y no crea que no iban preparados, pues tampoco faltaron los embutidos, unos pasteles de carne, refrescos, pipas, dulces y el 'agua de Espinardo'. «Siempre venimos los domingos de corrida, porque el lunes y martes trabajamos. Hoy queremos que Rafa salga por la puerta grande, porque es nuestro torero». Uno de ellos, bromeó: «Cayetano no se ha caído, sobraba en el cartel».

Las palomas -anís seco con agua fría- corrían por las barras de la plaza cuando el presidente del Club Taurino de Tokio, Keiji Obayashi, confesó que «Rafael es el mejor torero de Murcia, aunque siendo sincero tengo que decir que los que más me gustan son José Tomás y José María Manzanares. Y Roca Rey también es un gran lidiador». ¡Toma ya!

Algunas mujeres con arte aprovecharon para disfrutar con sus maridos del ambiente previo al festejo. «Somos la familia Marvimundo», decían Maite, Manuel, Javier, Águeda y Mónica, mientras bailaban flamenco en una barra que ayer había instalada frente a la puerta grande. Los gin-tónics se los sirvió la camarera Llanos Herrer con mucho desparpajo. «Ahora, cuando acabemos la copa, vamos a ver la corrida. Aquí traemos bocadillos de mahonesa con tomate y lomo, además de anchoas, morcón y Moët Chandon. Nada de cava catalán; solo faltaba eso», comentaban los miembros de la familia, entre risas y mucho cachondeo.

Cinco minutos antes de empezar el festejo, con la hora bastante pegada, apareció el alcalde de Murcia, José Ballesta, acompañado por el regidor de Becerril de la Sierra, Joaquín Montalvo, la concejal Conchita Ruiz, y Fina Guillén, María José Ortiz y Victoria de Antonio, de la Federación de Centros de la Mujer de Murcia. «A mí me gusta Rafaelillo, aunque ellas venían a ver a Cayetano, aunque digan lo contrario», aseguró apresurado Ballesta.

Clases del presidente

El presidente de la Comunidad, Fernando López Miras, hizo una entrada de lo más triunfal. Sí, porque fueron muchos los que quisieron saludarle. Y él se dejaba. «Yo soy murciano y murcianista, y por eso no me quiero perder la actuación de Rafaelillo. Pero tengo que reconocer que, como lorquino, mi corazón siempre está con Paco Ureña», revelaba a los aficionados. De hecho, a varios chavales que le saludaron les preguntó si les gustaban los toros. «Claro, por eso estamos aquí», le contestaron. «Bien, pues tenéis que haceros de Paco Ureña, que es el mejor», les aconsejó a los jóvenes.

Por cierto, el más elegante que ayer pisó la plaza fue el padre del torero del barrio del Carmen, don Rafael Rubio. Iba con un traje azul y una corbata roja. Fino, sí señor. La pena es que se echó las manos a la cabeza, al igual que la mayoría de los asistentes, cuando vio que su hijo pinchó en varias ocasiones al primero de la tarde después de cuajarle una buena faena. Y miró al tendido, con desgana, al escuchar a un gracioso gritar: «¡Árbitro, pita el final!». Sin embargo, ese gesto le cambió por completo cuando su hijo consiguió arrancar las dos orejas a uno de sus oponentes y se aseguró así la puerta grande.

La lluvia hizo acto de presencia una vez pasado el ecuador del festejo, al que, por cierto, también acudió el expresidente del Real Murcia Raúl Moro. Algunos paraguas empezaron a abrirse bajo una fina capa de agua. El aficionado y profesor de comunicación Manuel González-Sicilia, y su amigo José Manuel Hernández, presenciaron la corrida desde uno de los tendidos, como cada tarde. «Lo bueno de esta feria es que hay carteles y toreros para todo tipo de gustos. Cada día es totalmente diferente de los demás. La única pega que puedo poner es que me gustaría ver a alguno de los toreros nuevos que están arrasando por todas las plazas», espetó Sicilia, paloma en mano, mientras veía cómo los dos toreros salían a hombros en la primera de abono.

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