El sorprendente caso de Tomás Ruiz

Tomás Ruiz, durante una carrera, con sus perros de raza alaskana. / LV

No sabía nada de mushing y vivía en Las Torres, muy lejos de las grandes nieves y los grandes maestros de la especialidad, pero ha acabado codeándose con ellos y siendo campeón de España

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANERO

Mushing, una palabreja extraña, rara, desconocida, que suena a chino y que muy pocos saben de qué habla, pero habla de un deporte, un deporte que no es propio de aquí pero ha dado un campeón de España en la Región de forma sorprendente. A las tres de la mañana se levanta muchos días Tomás Ruiz Sánchez, buscando, no la noche, sino el fresco. En lo suyo es algo innegociable. Deja su casa y se dirige a una estancia cercana, donde están 'Edurne', 'Daisy', 'Tomi', 'Sancho', 'Mikel' y 'Terry', todos deportistas, que lo oyen llegar y se agitan, armando un belén importante: es la hora del entrenamiento.

En unos minutos echarán a kilometrear por caminos secundarios, de poco uso o ninguno, y menos a esa hora, pero sin asfalto, otra condición innegociable para ellos, todos acaudillados por Tomás, campeón nacional de carreras de perro con trineo, que prepara un Mundial de mushing que está a la vuelta de la esquina. Es la semana que viene y es en los Alpes, sobre nieve. Eso es lo más sorprendente: ¿cómo un murciano de Las Torres, donde los huevos se fríen al sol, acaba siendo el mejor sobre un trineo y en un deporte de invierno acorde a temperaturas bajo cero y paisajes entarimados de nieve?

Ahora vive en Hellín, pero la historia empieza en el barrio de La Florida, en Las Torres de Cotillas, hace once años. Allí vive Tomás, veinteañero entonces y de espíritu montaraz. Inscrito en el Club Universitario de Montaña, a Tomás le gusta salir solo, haciendo escapadas sin compañía a sitios como Sierra Nevada, y los amigos y la familia le sugieren que al menos lleve un perro. Es así como llega 'Lobo' a su vida, un husky siberiano que le regala un amigo, pero es una raza de la que él no sabe nada. Así que empieza a leer, descubre el mushing y le gusta lo que descubre. Se compra una bici y una máquina de soldar y la adapta, corta aquí, pega allí, ensambla allá; y de esa metalurgia de cochera sale al fin una suerte de patinete con el que empezar.

«Te vas a matar», le decía el tío Ángel cuando lo veía pasar por las calles de La Florida con aquel artilugio como de equilibrista en el que Tomás, empleado ahora en Láser García, una empresa de Molina dedicada al metal, empleó sus conocimientos en la materia para sacar a 'Lobo'. Pero 'Lobo' creció y creció demasiado para su casa, así que tuvo que entregarlo a un amigo y dejar el mushing, esa palabreja no tan extraña ya como al principio. Le había tomado gusto y aquella retirada fue solo circunstancial, una claudicación del momento a la espera de otra oportunidad mejor, que le llegó cuatro años después, tras casarse e irse a vivir al campo de Hellín, de donde es su mujer, con espacio suficiente, ahora sí, para criar un perro grande y montuno, como su amo.

Como montañero, hacía escapadas solo y le aconsejaron llevar un perro que fue 'Lobo'. Así llegó a saber de esta especialidad de perros con trineo y empezó a practicar en Las Torres

Aquel perro fue 'Sherpa', nombre con el que Tomás quiso significar su amor por la montaña, es un alaskan malamute y el único de sus siete perros que vive con ellos. Los otros están en una finca cercana donde Tomás, manitas, hacendoso y emprendedor, ha construido una suerte de perrera para sus animales de competición: 'Edurne' por la popular montañera, 'Mikel' por un familiar, 'Tomi' por Tomás, 'Sancho' por Sancho Panza, 'Daisy' que significa margarita, su flor predilecta, y Terry, porque sí, suena bien y le parece bonito.

Nunca a más de 15 grados

Son perros que requieren unas condiciones especiales, como no correr por asfalto y hacerlo siempre a menos de 15 grados, 6-7 grados está bien, por eso Tomás no los saca a entrenar de abril a septiembre y por eso los madrugones. Tampoco se les debe obligar. «El perro debe correr por motivación», explica. Debe correr porque el cuerpo se lo pide, no porque se sienta exigido, y debe correr un tiempo prudencial. «Cuando llego y oyen el arnés ellos mismos se ponen en guardia, están locos por salir y no es fácil sujetarlos, pero a partir de unos 15 kilómetros empiezan a notar la fatiga y ya no es igual. Entonces conviene parar».

En 2014, tras muchas lecturas y prácticas, Tomás Ruiz conquistó el Nacional; ahora prepara el Mundial

Así que de abril a septiembre toca 'vacas', como si fuera agosto, por así decirlo, época de esparcimiento, en la que Tomás reemplaza los entrenamientos por juegos, recreos y alguna golosina canina que también les cae, como un paréntesis alegre en una dieta de perros de deporte, compuesta por pienso especial con un aporte calórico extra, que Tomás nunca cambia por otro, solo modifica la cantidad según estén o no en competición, y un refuerzo vitamínico según el caso. «A veces les alargo la mano con la comida a modo de premio, pero solo un poco, son deportistas de élite y no te puedes pasar».

Tomás ha aprendido a comunicarse con ellos con el paso del tiempo. Les da órdenes sencillas, monosilábicas, del tipo 'hop', 'ja' y 'gee', que los perros comprenden al vuelo, «aunque ellos mismos van interiorizando normas que no hay que transmitirles. Por ejemplo, al llegar a un cruce azuzan el oído y esperan a que yo les mande». Lo que más le cuesta es encalmar el guirigay de las salidas. Tomás cuenta que los perros se soliviantan al oír el arnés y practica con ellos en pretemporada, enganchándolos y manteniéndolos quietos durante dos minutos. «Tengo un mosquetón de liberación rápida y no lo suelto hasta que pasan los dos minutos, pero es difícil, su naturaleza es impetuosa y les manda tirar y tirar y tirar».

Y aunque no lo parezca, el estado de ánimo es una corriente instantánea que llega a los perros y captan de inmediato. «Ellos perciben cómo estás, si estás intranquilo, ellos actúan de forma intranquila; si estás en calma, ellos igual; si llegas bajo de ánimo, el entrenamiento no sale bien ese día. Ellos lo perciben. No hablan, pero solo con mirarte...». Y cuenta Tomás la historia de su perro 'Sancho', que un día se cortó el tendón de Aquiles y pensaban que no iba a volver a caminar, pero tras ser operado y un sinfín de cuidados después, no solo camina, también corre y, si es junto al amo, mejor. «De alguna forma percibe todo lo que se le ha dedicado, todos los trabajos, y se siente agradecido. Si salimos al monte, le gusta corretear a mi lado. Desde entonces mantiene una especie de afinidad conmigo».

No gana dinero con su pasión, que él define como «un deporte para ricos practicado por pobres»

Cuando ocurrió aquello intentando subir a la furgoneta que Tomás, en otro invento de profesor manitas, también ha adaptado con cajones para poder llevarlos, pasó varios días llorando, porque pensaba que no iba a poder caminar, pero la semana que viene irá al Mundial.

Botines y crema

Tomás no gana dinero y define el mushing como «un deporte para ricos practicado por pobres», pero no está solo, en sus adaptaciones y desplazamientos le ayudan Eisi, Laser García, Premier Bikes, Piensos Arion, Industrias García, Stangest, Ulb Sport, Anima Strath, IGP Sport, Veterinaria Santiago Martínez y el propio Ayuntamiento de Hellín, que estarán con él en el Mundial, un torneo sobre nieve al que Tomás Ruiz irá para competir en sprint con seis perros. «Se hace la prueba sobre caminos por los que ha pasado una máquina para endurecerlos y hay que ponerles crema y una especie de botines para que no se quemen las almohadillas», explica el torreño. «No sé qué puesto conseguiré, he sido campeón de España en 2014, pero no entreno sobre nieve y a un Mundial va gente muy preparada, de países en los que el mushing está mucho más extendido que aquí. Así que con entrar entre los diez primeros ya me daría con un canto en los dientes».

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