Obligado a hacer sus artilugios de forma artesanal

Arriba, el primer patinete que Tomás construyó para su perro 'Lobo'; debajo, furgoneta con los 'box' para perros. / LV
Arriba, el primer patinete que Tomás construyó para su perro 'Lobo'; debajo, furgoneta con los 'box' para perros. / LV

Un deporte que no reparte dinero en premios obliga a algunos esfuerzos necesarios, sobre todo al principio. Llamativo es el primer patín que Tomás Ruiz fabricó comprando una bicicleta de niño de menos de cien euros y reconvirtiéndola, aprovechando sus conocimientos metalúrgicos. Entre otros ensamblajes, montó un artilugio para enganchar el perro, quitó el sillín e instaló una plataforma, tal y como se puede ver en la imagen superior.

Fue la primera, pero no la única vez que este torreño se ha visto obligado a trabajar de forma artesanal para poder sacar adelante su pasión. Así, con los materiales que le donó su empresa armó unas cajoneras para meter los perros y desplazarse en la misma furgoneta que emplea para ir de su casa, en Hellín, al trabajo, en Molina. Hace años también compró un coche en el desguace que adaptó y al que metía peso para entrenar con los perros.

La fiebre del oro

Y, ¿de dónde viene el deporte que practica? Como no podía ser de otro modo, su origen se sitúa sobre la nieve, la de Alaska y Canadá en concreto.A principios del siglo XX, durante la fiebre del oro, los colonos franceses de estos países jaleaban a sus perros a la voz de 'marche', un término que los anglosajones convirtieron en 'mush', de ahí viene el nombre de mushing para la especialidad y el de musher para el guía del trineo.

También fue en Alaska donde el mushing nació como modalidad deportiva, en 1925, cuando se instauró una prueba para honorar a estos animales, que recorrían distancias descomunales para llevar comida y medicinas.