Análisis

Un Madrid de pico y pala a la espera de Hazard

Hazard trata de zafarse de Correa en un lance del derbi. /Rodrigo Jiménez (Efe)
Hazard trata de zafarse de Correa en un lance del derbi. / Rodrigo Jiménez (Efe)

Zidane sale reforzado de una semana sin fisuras en la que los blancos cambiaron de piel pese a que el belga sigue sin carburar

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

El Real Madrid más estajanovista que se recuerda coronó en el derbi del Metropolitano la semana en que mutó su piel. La famélica imagen que exhibió en el Parque de los Príncipes ha dado paso a la vigorosa faz de un equipo en plena reinvención a base de orden, compromiso y solidaridad. Virtudes que le permitieron solventar con buena nota dos salidas tan comprometidas como las del Sánchez Pizjuán y el coso atlético, superando también sin sobresaltos el duelo trampa frente a Osasuna en el Santiago Bernabéu. Dos victorias y un empate. Siete puntos que valen su peso en oro en esta Liga de competitividad máxima y refuerzan a Zinedine Zidane, artífice de un volantazo que pocos podían presagiar tras la debacle parisina. El lunar lo pone Eden Hazard, que sigue sin carburar.

Presumen los blancos de una tremenda solidez tras enlazar tres partidos consecutivos sin ver perforada su portería, algo que nunca antes había ocurrido con Zidane en el banquillo. La última vez que lo lograron fue en noviembre de 2018, cuando un recién ascendido Santiago Solari consiguió que su escuadra saliese sin rasguños en los tres primeros enfrentamientos del argentino como timonel: ante Melilla, Valladolid y Viktoria Pilsen. El Real Madrid, que concedió cinco remates a puerta ante el PSG, de los que tres acabaron en el fondo de la red de Courtois, encadenó 269 minutos sin permitir ninguno frente a Sevilla, Osasuna y Atlético, hasta que el belga agarró un balón manso en los estertores del derbi.

«Es muy importante estar imbatidos por tercer partido y hay que seguir esta línea. Estamos arriba, sumando puntos. Estamos bien y jugamos bien. Somos buenos presionando en campo contrario e hicimos un partido muy sólido», aplaudió Zidane, convencido de que su equipo mereció «más que un punto» en el recinto rojiblanco pero satisfecho de que el Atlético no le generase «ni una ocasión». «Nos faltó algo ofensivamente, pero estamos en ello», reconoció pese a todo el marsellés, cuya llamada a capítulo por la falta de intensidad de sus futbolistas en el estreno europeo caló de inmediato en el vestuario.

Granítica armadura

Volvió a lucir el Real Madrid su granítica armadura en un Metropolitano en el que aún no conoce el sabor de la derrota. Dos empates a cero y la victoria por 1-3 del pasado curso son el balance de los derbis en el moderno estadio del Atlético.

Un equipo de pico y pala en el que todos llevan puesto el mono de trabajo del minuto 1 al 90, desde la zaga capitaneada por Sergio Ramos a un tridente en el que Benzema, Hazard y Bale también se remangan en labores defensivas. Lo demostró el belga en el Pizjuán siendo junto a Casemiro el que más balones robó el día en que el Madrid comenzó su transformación. Y volvió a dar fe de ello Bale ayudando a Carvajal en la contención. También el francés presionando en la salida del Atlético. Nada que ver con el pasotismo de París.

De aquel bloque partido en dos y con una distancia entre líneas que era una invitación permanente al desastre se ha pasado a uno que se mueve de modo armónico tanto en fase defensiva como ofensiva pero al que sigue costándole convertir las ocasiones que genera, con sólo tres goles en otros tantos encuentros y apenas once de 36 disparos dirigidos a puerta. Ha marcado y encajado los mismos tantos en Liga que el curso pasado a estas alturas, pero el dubitativo inicio de temporada del Barça y un Atlético que lleva su registro más bajo de dianas una vez pasada la séptima jornada desde la llegada del Cholo le permiten mirar con optimismo el porvenir más inmediato.

El botín se antoja con todo algo escaso teniendo en cuenta que el Barça apenas ha podido contar con Messi, por lo que Zidane, cauterizada la herida que amenazaba con desangrar de modo prematuro su proyecto, tiene que afanarse ahora en recuperar músculo ofensivo. Benzema ha sellado cinco de los doce goles de su equipo en Liga, el 41,6%. Sólo Bale, al margen del '9', ha logrado repetir, gracias a su doblete frente al Villarreal.

Los blancos siguen esperando a Hazard. Apenas se le vieron fogonazos en su estreno contra el Levante, condenado a la irrelevancia tanto en el Parque de los Príncipes como en el Metropolitano, donde perdió 17 balones y ni siquiera remató entre los tres palos. En el Pizjuán destacó en labores de intendencia, pero el desgaste le restó brillo en ataque.

El '7', que tuvo una anodina pretemporada, se vio frenado en seco por una lesión en vísperas del inicio liguero y es todavía una sombra del crack pletórico de talento y desborde que maravilló en el Chelsea. «Hay que estar con él», pidió Zidane, valedor a ultranza del belga, cuyos goles y asistencias resultan fundamentales para el futuro de un Madrid que ha ganado en fiabilidad pero sigue precisado de mayor colmillo.