El oro que Valverde merecía

Valverde, tras cruzar la línea de meta./Efe
Valverde, tras cruzar la línea de meta. / Efe

Bate a Bardet y Woods y con 38 años gana en Innsbruck el Mundial, tras 2 platas y 4 bronces

J. GÓMEZ PEÑA

Grita Alejandro Valverde. Desde lo más profundo de sus 38 años. Grita y no para. Hace tiempo que ya lo había ganado todo. O casi. Tenía dos medallas de plata y cuatro de bronce en el Mundial. Le faltaba eso, el oro. Grita Alejandro y mete la cabeza entre las manos para llorar a gusto. Lágrimas de oro. Al fin, en un circuito tan duro como él, acaba de proclamarse campeón del mundo. Oro. Dueño del arcoíris. «¡No me lo creo!», repetía el murciano, que tiene 122 victorias de todos los colores en su palmarés. «No podía fallarle a la gente que me quiere». En eso pensaba ya metido en el kilómetro final. A su rueda tenía al francés Bardet (plata), al canadiense Woods (bronce) y al holandés Dumoulin. Todos más lentos. Valverde calculó su distancia. Eligió bien: arrancó de lejos, a 300 metros, y los ahogó en la recta final de Innsbruck. Hasta allí ha tenido que llegar durante un largo viaje de década y media como profesional para recoger el premio que todo el mundo sabe que merecía. Campeón del mundo. «¡Cómo no voy a emocionarme! Han sido tantos años de lucha...». El Mundial, al fin, fue justo con el interminable talento del corredor murciano.

La selección española controló la carrera, de 265 kilómetros y nueve subidas. El recorrido se bastó para elegir a los más fuertes. Castroviejo, Fraile, Herrada, De la Cruz, Izagirre, Nieve, Mas... Todos se entregaron a Valverde. Y por eso, solo el danés Valgren, una bestia, alcanzó con una veintena de segundos de renta la entrada al infierno de Holl, la subida final, la que casi tiene 3 kilómetros y un tramo del 28 % de desnivel. Una pared para colgar el mejor retrato de Valverde. Tiró Francia, convencida de la opciones de Alaphilippe, pero el galo reventó asfixiado por el fuego amigo. Delante, ya aplastado Valgren, quedaron Valverde, Bardet y Woods -el ganador en Oiz- y el peligroso Moscon. A unos metros se retorcía Dumoulin, haciendo eses sobre este camino vertical. Valverde fue paciente: si ha esperado hasta los 38 años, también podía contenerse un rato más. Esperó. Y vio cómo explotaba Moscon, el único que podía discutirle la medalla de oro en el sprint.

CLASIFICACIÓN MUNDIAL DE INNSBRUCK

Recorrido
265 km
1.
Alejandro Valverde (ESP) 6h.46:41
2
Romain Bardet (FRA) m.t.
3
Michael Woods (CAN) m.t.
4
Tom Dumoulin (HOL) m.t.
5
Gianni Moscon (ITA) a 13s.
6
Roman Kreuziger (CZE) a 43.
7
Michael Andersen (DIN) m.t.
8
Julian Alaphilippe (FRA) m.t.
11
Ion Izagirre (ESP) m.t.
13
Mikel Nieve (ESP) a 52.

Con Moscon calcinado, Valverde, Bardet y Woods se tiraron por el descenso hacia Innsbruck. El murciano no se inmutó cuando les cazó Dumoulin. Cogió el mando del kilómetro final. «La selección ha hecho un trabajo de diez y no podía fallar yo al final», contó. Y no falló. No suele hacerlo. En su palmarés hay una Vuelta a España, el podio del Tour y el Giro, cuatro ediciones de la Lieja-Bastogne-Lieja y cinco de la Flecha Valona... Tantos triunfos que solo le faltaba el Mundial. Y, claro, se emocionó. Sabía que era la última oportunidad. Subió con la piel de gallina al podio, su hogar. Recibió la medalla de manos de Peter Sagan y los ojos se le hicieron agua con el himno. Abajo le aplaudían los suyos. Uno de sus hijos vestía desde la mañana el maillot arcoíris. El suyo. «El Mundial ha hecho justicia», resumió uno de sus gregarios, Omar Fraile.

El Campeonato del mundo es una carrera distinta. Y más si como el de Innsbruck se corre sobre un circuito con tanto desnivel como una gran etapa alpina. En el Tour cuenta la capacidad de recuperación. Eso distingue a los campeones. En el Mundial cuenta menos. Todos vienen de días de descanso. Más o menos frescos. Valverde cargaba con la paliza en la Vuelta a España, donde no se guardó nada. No sabe hacerlo. En eso también es único. Es un elegido. Nació con el don. A otros como a Simon Yates, ganador de la Vuelta, les pudo el Mundial. A Valverde, pese a su edad, no. Hace tiempo que es un corredor impar. Único.

Una rampa infernal

En la salida se planteaban varios escenarios: algunos, como Dumoulin, tendrían que atacar desde lejos. Otros, como Alaphilippe y Valverde, podrían esperar al muro de Holl y su rampa del 28%. Y uno, Sagan, pondría todas sus esperanzas en que los demás se neutralizaran con sus ataques y le permitieran llegar con opciones al sprint. Todos esos cálculos quedaron emborronados por una fuga inicial que llegó a ahorrar casi veinte minutos. Mucha renta incluso en un recorrido con ocho puertos y la pared final.

Que iba a haber escapada se sabía. La compusieron Asgreen, Laengen, Hink, Jense van Rensburg, Ludvigson, Britton, Koshevoy, Fominykh, los irlandeses Dunne y Mullen y el suizo Didier. Este grupo entró al circuito de las siete subidas a la cuesta de Igls con 17 minutos. Detrás, las grandes selecciones comenzaron a sudar frío bajo el sol del Tirol austríaco. Francia, el equipo al que todos miraban de reojo, Austria, Eslovenia y Gran Bretaña se colocaron al frente. España, con Valverde a resguardo, dejó hacer. La táctica del equipo de Javier Mínguez era defensiva. Pura economía del gasto. Se trataba de conservar intacto a Valverde hasta la vuelta final, la que además de Igls tenía el muro de Holl.

La selección trazó a la perfección su plan. Ató los ataques de Italia con Fraile y De la Cruz, y luego puso ritmo con Castroviejo. La vuelta final era la más exigente. Dos puertos: la larga subida a Igls y el muro. Italia apretó, el holandés Kruijswijk salió a rematar y le siguieron los más fuertes, incluidos Valverde e Izagirre. Ahí saltó Valgren, que quería llegar con unos metros al infierno de Holl. En el ciclismo, al infierno no se baja; se sube. Francia apostó por Alaphilippe. Pinot se sacrificó por él. Hizo la selección: le aguantaron Bardet, Woods, Valverde y Moscon. La cuesta, tan brutal, hizo el resto del trabajo, y dejó solos a los tres del podio. Moscon se quedó en esa orilla.

Luego, ya en las calles de Innsbruck, Valverde impuso el orden. A mediados de los ochenta, el holandés Joop Zoetemelk ganó el Mundial con 38 años y 9 menes. Valverde lo ha hecho con tres meses menos. Su mito, que ya era enorme, coge tanta talla que ocupa el arcoíris, el lugar que merecía. «Creo que todo el mundo del ciclismo se alegra de que haya ganado Alejandro», resumió el seleccionador, Javier Mínguez. Cierto. Sus rivales se acercaron para felicitarle. Lo merecía.

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