Javier Pividal: «Soy muy terco y planto cara a los problemas»

Javier Pividal, el miércoles en Cartagena./José María Rodríguez / AGM
Javier Pividal, el miércoles en Cartagena. / José María Rodríguez / AGM

El artista cartagenero inaugura hoy en la iglesia de Verónicas la muestra '¿Por qué durar es mejor que arder?'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

¿Y si acaso Homero pudiese situarse frente al frontal del ábside de la bellísima y casi transparente iglesia desacralizada del convento murciano de Verónicas del siglo XVIII, hoy convertida en sala de exposiciones? Y así, frente a la instalación, también bellísima y casi transparente, que en ese espacio ha llevado a cabo el artista Javier Pividal (Cartagena, 1971), poder recordar estos versos suyos inolvidables: «Llueve en las orillas de Troya mientras parten las naves». La belleza. La memoria. El peligro. La aventura. La grandeza. La sangre derramada. El aire purísimo. La muerte escondida sobre una próxima ola. El cuerpo que tiembla. La vida zarandeada por los vientos. ¡Existir! La pieza creada por Pividal -una lluvia de lágrimas, un clamor de gotas empapadas en anhelos y oraciones de fe y de puro deseo que ascienden a los cielos y descienden a los vientres, con igual fortuna- forma parte de su exposición titulada '¿Por qué durar es mejor que arder?', que hoy se inaugura, a las 20.00 horas, organizada por el Instituto de las Industrias Culturales y de las Artes (ICA), dependiente de la Consejería de Cultura y que dirige Marta López-Briones. Una pregunta, planteada por el filósofo Roland Barthes, que flota con la delicadeza de la seda en mitad de una muestra que aspira a apoderarse de la atención y el gozo del espectador.

Pividal, apoyado en las posibilidades del plomo, el cobre, la madera, la ceniza, la fotografía intervenida... así como en los hallazgos de su 'escritura en blanco' y sus composiciones escultóricas concebidas a modo de rumor o de eco, sencillísimas e imbatibles en su aparente fragilidad, muestra en Verónicas una cuidada visión circular de los temas e inquietudes artísticas que lo han mantenido vivo en los últimos años: he aquí el cuerpo, he aquí las palabras. «En esta exposición queda claro quién soy y qué arte soy capaz de hacer», dice.

Exposición
'¿Por qué es mejor durar que arder?'.
Artista
Javier Pividal.
Dónde y cuándo
Iglesia de Verónicas. Inauguración, hoy, a las 20.00 horas. Hasta el 15 de abril.

Una propuesta: «No hay que temer a la muerte, hay que temer no saber vivir, que la vida se escape tontamente» Javier Pividal

Una definición: «Soy como mis obras: convivo con el oro pulido y el brillo, y también con el sabor a ceniza en la boca» Javier Pividal

-Dígame quién es usted.

-Soy un tío sincero y creo que muy verdadero, sin trampas, para bien y para mal; y una persona muy reflexiva y filosófica, al mismo tiempo que muy carnal. Tengo en mi vida momentos de cobre, de brillo, de reflejos, de luz; y otros momentos de ceniza, opacos, de un fuerte sabor a ceniza en la boca. Soy como mis obras: convivo con el oro pulido y también con esa ceniza de la que le hablo, y con las flores secas, con la cursilería, con la belleza, con la pasión y con la frialdad perfecta.

-¿Y le molesta ese sabor a ceniza?

-No, porque forma parte de la vida. La ceniza, que para mí representa un poco la muerte, la desaparición, finalmente siempre queda, permanece. No hay que temer a la muerte, hay que temer no saber vivir, que la vida se escape tontamente.

-¿Y usted sabe hacerlo?

-Yo sé vivir, creo que cada vez con más acierto, porque soy artista. Un artista que vive modestamente, sí, pero que ama lo que hace y lo que está por hacer. Aunque no le oculto que, claro que sí, ¡me gustaría tener un taller maravilloso, con 37 asistentes trabajando para mí, que me permitiese estar todo el día por ahí de cancaneo! [Risas]. Pero la realidad es bien distinta...

-...¿no está en un buen momento?

-... no quiero quejarme, no me gusta ir lamentándome por ahí, no es mi estilo. Pero... sí.... estoy en un momento difícil que desconocía: mis padres están muy mayores, mi madre tiene alzhéimer y se está acercando a la muerte de un modo que me resulta muy doloroso, extraño y difícil de presenciar. Verla así me esta haciendo reflexionar mucho sobre lo que ha sido mi vida hasta ahora, sobre lo que han significado los otros para mí, y sobre la importancia de la memoria y la necesidad de no dejar nunca de sentirte amado, acompañado por otros. Estoy aprendiendo de estas experiencias nuevas, e intentando ponerme en forma emocional y mentalmente para lo que me espera.

-Y, en mitad del vértigo, llega esta exposición en Verónicas.

-Sí, en la que me he volcado como si fuese la última que voy a hacer en mi vida [risas]. He disfrutado muchísimo haciéndome amigo del espacio, intentando no molestarle, aprovechando cada posibilidad de cada rincón. Y, sinceramente, creo que presento una exposición bella, en la que hay formas geométricas afiladas y cosas muy suaves, táctiles, que casi parecen estar a punto de cobrar vida. Vivo con esperanza, con ilusión pese a todo, agradecido. ¡Y eso que sé que no voy a estar en cinco años forrado y exponiendo en Basilea, eso sí que no! [Risas] Pero tengo en Madrid un trabajo, aunque sea precario, que me conecta mucho con la realidad del presente y que me permite vivir muy humildemente y poder seguir dedicándome al arte. Yo piso la realidad todo el tiempo. Ahora estoy apagadamente contento, pero quiero seguir sintiéndome muy vivo aunque a mi alrededor todo se esté muriendo. Soy muy terco y planto cara a los problemas.

Amor y deseo

Según el crítico Jesús Alcaide, que ha escrito para el catálogo que se editará con motivo de esta exposición, «desde series como 'Écrire en blanc' (2010) hasta proyectos expositivos como 'El performance del lenguaje' (Centro Párraga, Murcia, 2014) y 'Or la cendre' (Scan Project Room, Londres, 2017), Pividal conjuga el vacío dejado por un cuerpo ausente con la presencia expandida de un alfabeto en el que el cuerpo de la letra, fría y poliédrica, intenta declinar esta pérdida partiendo de la imagen y el dibujo hasta desembocar en el territorio del objeto y la instalación».

En '¿Por qué durar es mejor que arder?' están presentes, como apunta el también comisario de exposiciones, las «construcciones geométricas que bajo la apariencia de rejas o celosías, albergan una escritura que se traza en el aire». Y los «alfabetos de plomo y ceniza que se tamizan con el suelo de la sala a modo de un texto tejido». Y los «metales tóxicos como el plomo que albergan flores con historias caducas de amor y deseo». Y, no lo olvidemos, «cenizas en la mirada y los rostros de un teorema aún por resolver. Escrituras en blanco que dialogan con grafemas en oro, azul y rosa. Y finalmente el cobre, metal duradero que conduce y cura, como las lágrimas».

No podía faltar tampoco en la muestra la influencia de su admirado Pier Paolo Pasolini, en esta ocasión a través de retratos de personajes de sus filmes 'Teorema' y 'El Evangelio según San Mateo', que Pividal convierte en extraños monumentos a la piedad, la tristeza, la esperanza y ese impulso subterráneo, tan misterioso, que nos empuja a no dejar de bailar, incluso sobre las llamas definitivas del infierno, mientras suena, ¡ay!, 'Gloria (Missa Luba)'.

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