Rubén Castillo: «Hace años que perdí la ilusión de escribir; será difícil que la recupere»

Rubén Castillo, junto a una escultura en Murcia. / alfonso durán / AGM
Rubén Castillo, junto a una escultura en Murcia. / alfonso durán / AGM

'El calendario de Dios', que presenta hoy en Molina y mañana en Murcia, será el último libro que publique

Manuel Madrid
MANUEL MADRID

«Soy una persona que ha escrito y publicado una veintena de libros y que ha leído varios miles de ellos. A partir de hoy me dedicaré a engrosar el segundo apartado, y me siento feliz con ese proyecto». Parece que no tiene vuelta atrás la decisión de Rubén Castillo (Blanca, 1966) de retirarse del escaparate de las firmas y pasar de ahincado escritor a venturoso lector. 'El calendario de Dios' (Boria Ediciones, 2018) será, si no cambia de opinión, su última obra. Hoy, a las 19.30 horas, en la Biblioteca Salvador García Aguilar de Molina de Segura, presenta esta historia de un hombre que, en su juventud, descubrió que atesoraba la capacidad de ver el futuro en las cartas del tarot. «Pero no se trata de un farsante: lo ve realmente». Mañana lo hará en Murcia -librería Colette, Letras y Tragos, 20 h-, y el 9 de enero en Cartagena. Castillo, una voz constante y de lo más versátil -es profesor de Lengua y Literaria, crítico literario y ha cultivado denodadamente todos los géneros-, cuenta los motivos.

-¿Por qué considera esta obra su última novela? ¿Acaso se ha cansado de escribir?

-No solo será mi última novela, sino mi último libro, en general. Es la idea que tengo. Hace unos años perdí la ilusión de seguir escribiendo y creo que será difícil que vuelva a recuperarla. Eso, desde luego, me permite retornar a mi auténtica vocación, que es la lectura. Tengo un sillón y varios miles de libros aguardándome en mi casa. Muchos más de los que podré leerme en vida. Me espera una felicidad mucho más intensa y más íntima que la escritura: la lectura.

«Tengo un sillón y miles de libros aguardándome en mi casa. Muchos más de los que podré leerme en vida. Me espera una felicidad mucho más intensa e íntima que la escritura: la lectura»

-¿Qué vamos a encontrar en 'El calendario de Dios'?

-En esta novela he querido plantear una hipótesis curiosa: ¿Qué ocurriría si una persona tuviese, de verdad, el don de adivinar el futuro? No hablo de un embaucador o un mercachifle, sino de un auténtico adivino. ¿Cómo sería su vida, su forma de ver las cosas, su mente? ¿Sería feliz o desgraciado? Y, yendo más allá, ¿qué sucedería si los demás descubriesen que posee ese don? El resultado es una narración que he querido que fuera inquietante, acelerada, llena de sombras y de sorpresas. Espero que guste a los lectores.

-¿De dónde le viene ese interés desaforado por todo lo que tenga que ver con el verbo y la palabra?

-Ah, eso es muy fácil de responder: soy sobrino de bibliotecaria y me crié en la butaca de una biblioteca. Desde los ocho o nueve años no he tenido otra afición que la lectura. Empecé con tebeos, seguí con Blyton, continué con Agatha Christie y, desde entonces, no he parado de explorar y abrir volúmenes. Es mi pasión más constante, la que me acompañará hasta la muerte. Los libros nunca me han defraudado.

-¿Cómo ve el panorama regional? ¿Mucho pan y pocas nueces?

-Por suerte, vivimos en una región que ya no tiene que apoyarse en valoraciones subjetivas o amistosas: los premios y aplausos que reciben nuestros autores ya son nacionales o internacionales. Piense en Luis Leante o Miguel Sánchez Robles; piense en Marta Zafrilla o Marisa López Soria; piense en Diego Sánchez Aguilar o Jerónimo Tristante. Vivimos una maravillosa época literaria, que deberíamos aprovechar leyendo a esos autores y a otros muchos.

-¿Queda algún género que no haya cultivado hasta ahora? ¿Cuál es el que le hace feliz plenamente?

-Durante años me he resistido a la poesía, que ni siquiera pulsé durante mis años de juventud. Era una zona donde nunca me adentraba. Pero en 2014 cometí la imprudencia de escribir 'Por un país desconocido' y la editorial Balduque tuvo la generosidad de publicar la obra. Desde luego, donde más cómodo y más feliz me he sentido siempre ha sido en la narrativa. Al principio, en el relato y la novela breve, porque no disponía de recursos bastantes para elaborar una extensa. Más tarde ya creí tenerlos y he publicado varias.

-¿En qué lecturas está inmiscuido?

-Siempre llevo dos o tres libros en danza, al mismo tiempo. Como los voy acabando a diferentes ritmos se solapan unos a otros. Ahora mismo estoy leyendo a Pedro Ugarte, Luis Leante, Pedro Martí y las hermanas Brontë, fíjese qué mezcla tan heterogénea. Nunca he tenido problemas para combinar géneros y obras. No sé qué rango de escritor tendré o me reconocerán los demás, pero sé que soy un lector excelente.

-¿De dónde saca tanto tiempo?

-Del único sitio de donde puedo sacarlo: de no dedicar horas a nada más (ríe abundantemente). Incluso mis descansos docentes los apuro leyendo junto a la taza de café, en mi rincón de la cantina. Sé que hay personas que lamentan no tener tiempo, pero ven televisión, asisten a partidos de fútbol, pasean por la ciudad o frecuentan locales de copas. Yo vivo en mi cueva, de la que no me sacan sino dos o tres amigos especialísimos. Ni siquiera me siento cómodo asistiendo a presentaciones de libros o a lecturas públicas. Sus autores saben que cuentan con mi atención y mi respeto, pero en casa: con mis ojos y el silencio alrededor.

-¿De qué haría una tesis doctoral?

-Si hoy tuviera que doctorarme elegiría como tema a Antonio Muñoz Molina. Me parece un narrador fascinante, inmenso, con aire de clásico. Le profeso una devoción absoluta.

-¿Qué asuntos de la actualidad le roban la sensación de bienestar?

-Si te preocupas de estar informado sobre lo que te rodea (o, al menos, sobre aquello que los grandes emporios comunicativos quieren que conozcas de lo que te rodea: las disputas políticas, la crisis económica, la corrupción generalizada, etc) no veo modo de sentirte relajado y en paz. Tiendes al enfado perpetuo, a la amargura perpetua, a la crispación perpetua. 'Actualidad' y 'bienestar' me parecen términos incompatibles.

-¿Cómo haría que Murcia encabezase los índices de lectura?

-Yo es que descreo de todo tipo de estadísticas, ¿sabe? Me parecen una forma más del vacío. No son reflejo de nada, ni garantía de nada. ¿Es mejor que lea el 81% de la población o que lo haga el 47,5%? Borges dictaminó con gran sentido común que leer es una forma de felicidad, y que no se puede obligar a nadie a ser feliz. Deben leer quienes lo necesiten, que normalmente son una minoría. Las cifras de lectura les preocupan únicamente a quienes viven de la venta de libros o a quienes viven de la burocracia del libro.