«¡No quiero morirme!»

Juan Tudela, 'Tío Juan Rita', con su puro, en el patio de su casa de Totana./Sonia M. Lario / AGM
Juan Tudela, 'Tío Juan Rita', con su puro, en el patio de su casa de Totana. / Sonia M. Lario / AGM

Juan Tudela, 'Tío Juan Rita', trovero

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

No sabe cuál fue la última vez que se enfundó un bañador y pisó la arena de la playa. Hace años que Juan Tudela, 'Tío Juan Rita' (Aledo, 1912), se refresca únicamente a la sombra de su casa de Totana. Ni siquiera bajo el aire de un ventilador: «Aquí las puertas abiertas y ya está», sonríe el longevo trovero, sentado junto a la mesa camilla de su sala de estar. Tiene 105 años, los cumplió el pasado 14 de febrero, día de los enamorados. Desprende cariño. Canta y habla con lucidez y está enganchado a la vida: «¡Yo no quiero morirme!», grita feliz y risueño.

-¿Recuerda usted cuándo se fumó su primer puro?

-Bueno..., hace mucho tiempo que me enganché, antes fumaba cigarros pero los dejé. Creo que tenía ya setenta y alguno.

«[A los corruptos] hay que dejarles sin una perra gorda para que tengan que ir a trabajar como he trabajado yo»

¿Por qué se cambió?

-Porque el puro me gusta más, es menos dañino, no me trago el humo y no me lo ha prohibido el médico. El cigarro sí, pero el puro no. Una vez, en Mazarrón, el jefe de policía me regaló un puro, pero le dije: 'No, no voy a fumar'. Estaba el médico delante y me preguntó que ¡quién me había dicho a mí que no podía fumar puros! He estado un montón de años fumándome dos al día, uno al mediodía cuando tomo el café después de la comida, y otro por la noche. Ahora me fumo uno, o dejo la mitad para después de cenar. Me tomo el café o una manzanilla y le doy unas calaicas.

-¿Y coñac, sigue bebiendo?

-Eso sí que no me dejan los médicos, pero lo tomo. Una copa de coñac y un vaso de vino con la comida. Me gusta mezclarlo con el café, doy un trago y otro.

-¿Le rejuvenece?

-No lo sé. Parece que me reanima y me pone contento; hombre, no me voy a emborrachar, pero no me cae mal.

-¿De qué achaques está ya cansado?

-De los dolores en la cadera. Pero tengo una pomada, Voltarén, me echo un poco, me doy una pasaica y me alivia. O si no, me tomo un paracetamol.

-¿Se cuida?

-¿Si me cuido? ¡No! Poco, no me cuido 'na'. Parece que no hago caso de mí. No soy una persona de esas que se adaptan a tener un régimen y dicen: 'De aquí no paso'. Yo, por ejemplo, me como un frito de pimientos y tomate y seguidamente me tomo un dulce, y parece que no me va mal.

-¿Cuándo se jubiló?

-[Piensa] El día 25 de febrero de 1977. Acababa de cumplir los 65.

-Sabrá que no es rentable para la Seguridad Social.

-¡Claro que no! Eso ya lo sé yo. Creo que Rajoy, por ejemplo, o quienes tengan el cargo, porque hoy no tienen el cargo seguro ninguno, están deseando que me muera para no soltar la tela.

-¿En su familia ha habido alguien tan longevo como usted?

-No, pero es que mi madre no murió de muerte natural. Mi madre murió de un golpecico que se pegó en la chimenea. Estaba haciendo una manzanilla para un hermano mío que ya se murió también, y al volver la cabeza para no sé qué, se dio en el 'picoesquina' que hacía la cornisa, y ahí se quedó. Era ya mayor; yo tenía 65.

-¿Qué es lo peor de tener 105 años?

-Yo soy ya una persona totalmente inútil, porque el oído me está fallando mucho pero la vista me falla más todavía; la llevo fatal. Estoy mirándote y no te veo la cara, solo un poquico, y no veo si eres más guapa o más fea, parece que eres más guapa [ríe].

-El 'parece' está bien [risas]. ¿Y lo bueno, qué es lo mejor de sobrepasar la centena?

-Pues que me gusta tener toda esta edad.

-¿Usted se siente joven?

-Sí, hasta cierto punto, pero sí, ¡ya lo creo! Soy muy viejo, pero no me creo que tenga el tiempo que tengo, los años que tengo parece que nos los tengo. ¡Me encuentro de 'tó' y por 'tó'! Con ánimo para muchas cosas.

-¿Cómo era de joven?

-Siempre he hecho buena pareja con todo el mundo y la gente me ha querido mucho; la única persona que no me quería era la suegra, pero la novia me quería y yo a ella la quería todavía más. No he sido un tío de malvivir con las mujeres, pero me han gustado y me gustan. Eso de ver a una mujer y hablar con ella es un encanto para mí.

-¿Tuvo muchas novias?

-No, solo una, pero me disgusté con ella y me eché otra.

-Entonces fueron dos.

-Fue solo durante cinco meses porque ya había hablado con la novia de verdad. Lo que ocurre es que le había regalado a la otra unas cosujas y no quería perderlas, así que con mañica fui sacándole algo de lo que yo tenía interés en no perder, y ya se acabó. Solo estuvimos cinco meses sin hablarnos, pero cuando me venía su olor..., perdía los vientos.

-¿Qué le enamoró de su mujer?

-Pues no lo sé, eso parece que es un contagio, no lo sé.

«Me encuentro de 'tó' y por 'tó'. Con ánimo para muchas cosas»

-¿Dónde la conoció?

-Yo nací en Aledo, pero ella era de una pedanía de Lorca, de Zúñiga.

-¿Y cómo fueron sus años de noviazgo?

-¡Estupendos! Me dejaba la comida por ir a ver a la novia.

-¿Y después?

-Después tuvimos tres hijos, pero podían haber sido cuatro, porque el último no vio la calle. Lo mató desgraciadamente la comadrona al hacerle un reconocimiento, le rozó el cordón y lo estropeó. Tuvo que sacarlo el médico y, no creas, era un 'tabarrote', también macho. Los tres que han vivido son hombres. Lo sacaron a las doce de la noche y al día siguiente lo pesaron con una romana y pesó cinco kilos y cuarto, ¡una cosa especialísima! Cada vez que me acuerdo de él... La comadrona ha sido una enemiga para mí, y, mientras ha vivido, no he querido verla.

-¿Qué le ha enseñado a sus hijos?

-Lo primero que les he dicho siempre es que no se disgusten con nadie, que respeten a todo el mundo y... ¡ya está!

-¿Le han hecho caso?

-Desde luego. Bueno..., de los dos que quedan, porque el mayor se murió, el que vive aquí [en la segunda planta de su casa], es un veneno; se ríe hasta de su padre.

-¿De usted?

-¡De mí y de todo el mundo! Siempre se está riendo, creo que no puede contenerse. Se llama Juan, como yo; el primero, que ya se murió, se llamaba Pedro; y el segundo, Antonio.

-¿Usted no se ríe?

-¿Que si no me río? Ayer tarde y hoy, desde este mediodía, me he estado riendo yo solo de cosas que me he acordado de cuando era jovencico.

-¿Por ejemplo?

-De tonterías, no sé. A lo mejor, en este tiempo que ya había fruta, me pegaba un lote de brevas y luego me comía un 'puñao' de albercoques, que ya ves tú las juntas que hacían, así que fíjate luego... [ríe].

«No he sido mala persona»

-¿A qué se dedicaban sus padres?

-Mi padre era pastor de ganado y murió de un susto que se pegó por una nube de piedra muy grande que le mató siete cabras. No era muy mayor, tendría menos de 30 años. Me acuerdo muy poco de él.

-Entiendo que su madre debió ser muy importante para usted.

-No, porque no me crié con ella, me he criado con gente ajena. Mi madre trabajaba para que le dieran un mendrugo de pan o un 'puñao' de harina, y a mí me pusieron a servir de pastor en una casa ajena con seis o siete años. Menos de comer bien, que no me daban, me han maltratado de todas las maneras; dormía en la cuadra con las bestias, que me pegaban trompazos toda la noche, y pasaba tanto frío que a la mañana siguiente amanecía 'meao'.

-¿Los jóvenes de hoy se quejan demasiado?

-Se quejan porque no saben lo que son muchas cosas, y le dan importancia a algunas que no la tienen, pero no deben quejarse.

-¿A usted qué le preocupaba cuando era joven?

-¡A mí, la novia!

-¿Y la suegra?

-La suegra decía: 'Anda hija, ya llevas la casa a cuestas', porque yo no tenía casa ni tenía perras para comprar 'na', y una madre lo que quiere para sus hijos es lo mejor.

-¿Se reconcilió después?

-Claro que sí. Y ha llorado delante de mí porque vio que estaba equivocada. Yo no he sido mala persona, no he bebido, no he robado; he sido una persona trabajadora y ya está.

-¿Era guapo de joven?

-¡Yo qué sé! Yo no puedo decir si era guapo. Algunas mujeres me decían: '¡Mira el feo este!', pero ya está. Yo no me he ilusionado, como algunos que se miran al espejo para ver lo guapos que están. ¡Yo no tenía ni espejo para mirarme!

-¿Y ahora, cómo se ve?

-Ahora no me miro porque no veo, me afeito a la tentaruja [ríe].

-¿Cuándo fue feliz?

-La noche en la que me llevé a la novia. Cuando íbamos por la mitad del camino, desde Zúñiga hasta la casa de un tío mío, me volví y le dije: 'Mira que si te dijera que te vuelvas para tu casa...'. Entonces se abrazó a mí y empezó a besarme.

-¿Qué ha sido importante?

-Lo importante es que no tenía dónde caerme muerto y he criado tres hijos. Cuando me llevé a la novia, no llevaba en los bolsillos ni dos perras gordas, y con mi trabajo he ido ahorrando para dejarles un roalico de tierra a mis hijos.

-¿Qué opina de los corruptos?

-Que hay que dejarles sin una perra gorda para que tengan que ir a trabajar como he trabajado yo.

-¿Cuánto hace que no se pone un bañador?

-Uy, eso hace ya muchos años. No lo echo de menos, porque tampoco la playa es como antes, ahora no se puede vivir con tanta gente. Es una locura. Prefiero estar aquí.

-¿Qué me dice de las playas nudistas?

-No, eso no me gusta a mí. Ni siquiera si fueran mujeres solas, no me gusta.

-¿Cómo lleva el calor?

-Regular, pero hay que aguantarlo. Yo no tengo aire acondicionado ni ventilador, aquí la puertas abiertas y ya está.

-¿Duerme del tirón?

-Duermo como un chino [ríe]. Me gusta dormir, y ahora en este tiempo parece que apetece más echarse una siestecica. De noche, como hace un poco de calor no me tapo, lo hago luego cuando refresca, y estoy en la gloria bendita.

-¿Tiene la conciencia tranquila?

-Sí, gracias a Dios la tengo tranquila. Nadie puede decir que le he 'estafao' o que le he 'faltao' en algo, y ninguna mujer puede decirme que la he engañado o que le he robado. Estoy tranquilo.

-¿De qué está orgulloso?

-De tener las amistades que tengo, que valen más que el dinero. Tengo muchos amigos, más pequeños y más grandes, porque hay de todo. Me da vida ver que me aprecian y me reciben con gusto.

-En el trovo, ¿tiene competidores?

-Sí, claro, mi nieto mismo [Javier Andreo, 'nieto artístico']. Pero no me gusta estrujar a nadie, aunque sepa que le llevo ventaja; no me gusta abusar.

-¿Sus hijos hacen alguna rima?

-No, ninguno. Ni los hijos ni los nietos. Pero me daría gusto tener alguno que fuera competente en esto.

-¿Tiene miedo a la muerte?

-Ninguna, ¡pero no quiero morirme, eh! En cuanto me veo algo que digo 'vaya, ya me va a tocar', le pido al Señor: 'Déjame un poquico más todavía', y parece que me oye. Me da un buen dolor de barriga y pienso: '¡Señor, que esto me lleva!' [ríe], y parece que se compadece de mí.

-¿Qué hay al otro lado?

-No lo sé, creo que algo hay, pero no tanto como alguna gente que se está ganando el pan con eso. Hay muchas cosas que no me convencen, pero tengo fe. No se puede echar un 'ganao' al campo y no llevar pastor; algo tiene que haber.

-¿Cómo le gustaría que le recordaran?

-Como una persona a la que le daba gusto divertir a la gente. Yo disfruto con eso, con ver que la gente se divierte y se ríe.

-¿Seguirá fumando?

-No mucho, pero un poco sí.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-Donde haya una mujer guapa.
2 -¿Un concierto inolvidable?
-Con mi cuadrilla, en París.
3 -Un libro para el verano
-¡Qué lastima, si apenas sé leer y no veo una gota!
4 -¿Qué consejo daría?
-Hay que tener amigos en todas partes.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Una copa de coñac 1866, con un puro, por supuesto.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No, me gusta que me vean y ver a todo el mundo.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-No tengo.
8 -Un epitafio
-'A los ciento y pico años murió joven'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-¿Más mayor? Si me hago más mayor solo puedo ser viejo.
10 -¿Tiene enemigos?
-El que más y el que menos tiene alguno, yo unos poquicos, creo.
11 -¿Lo que más detesta?
-Los embustes.
12 -¿Un baño ideal?
-Más que 'pa' baños estoy para ponerme a remojo.

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