«No es un homenaje más; a mi edad es fácil pensar que, a lo peor, es el último»

El compositor murciano Manuel Moreno-Buendía./Vicente Vicéns / AGM
El compositor murciano Manuel Moreno-Buendía. / Vicente Vicéns / AGM

Manuel Moreno-Buendía. Compositor. La Orquesta Sinfónica de la Región arranca este viernes su ciclo de abono con un concierto dedicado al creador murciano, de quien interpretará tres de sus últimas obras

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

La luz del espejo le devuelve un rostro surcado por los años, un blanco casi inmaculado cubriendo su cabeza y una mirada cristalina sobre la que pesan demasiadas noches de trabajo. Es el tiempo el que, inflexible, ha ido grabando esa imagen en cada trozo de su piel. Sabe que el reloj de la vida ya no juega a su favor, porque, 'a priori', a los 85 años se está más cerca del final que a los 20. Pero se siente bien, feliz, con salud, con ganas, con muchas ganas, entusiasmado; como un joven cada vez que se sienta a componer. «No es un homenaje más -dice-; a mi edad es fácil pensar que, a lo peor, es el último». Este viernes, a las 20.00 horas, la Orquesta Sinfónica de la Región (OSRM) arranca su ciclo de abono con un concierto dedicado a Manuel Moreno-Buendía (Murcia, 1932). La formación murciana interpretará tres obras del reconocido compositor, Premio Nacional de la Música en 1958, a las que dará dirección Manuel Hernández-Silva, y cuya grabación, el pasado julio en el Auditorio regional, por parte del conjunto murciano, compondrá el nuevo disco del creador. «Estoy deseando llegar», cuenta desde su casa de Madrid, ciudad a la que se trasladó siendo un niño atrapado ya por la emoción de la música. Este viernes sonarán 'Concierto celebración para violín y orquesta', 'Concierto para flauta y orquesta' y 'Celtiberia' (suite).

-¿Qué me dice de este homenaje?

-Que lo estoy viviendo con muchísima emoción y, sobre todo, con muchísimo agradecimiento a todos los que están interviniendo en la organización del concierto: a los músicos, a los solistas [Darling Dyle, violín; Juan Antonio Nicolás, flauta; y Esmeralda Espinosa, mezzo], a los responsables del Auditorio [Víctor Villegas de Murcia], y a mi gran amigo y admiradísimo director Manuel Hernández-Silva.

-¿Qué les une?

-Treinta años. El tiempo que hace que él y el inolvidable maestro de maestros de la guitarra, que era Narciso Yepes, estrenaron en la Expo 92 mi 'Concierto del Buen Amor' [una de las composiciones destacadas en la trayectoria de Moreno-Buendía, junto a las piezas 'Cuarteto para piano, violín, viola y violonchelo', 'Suite concertante para arpa y orquesta' (galardonada con el Premio Nacional), y el ballet 'Eterna Castilla', representado en la Scala de Milán por Antonio Ruiz]. Entonces Manuel era un chaval, pero hubo una conexión especial. Es de estas cosas que no sabes explicar. Desde aquel momento nos une una enorme amistad.

-¿Y con la orquesta?, ¿cómo vivió la grabación de sus obras?

-Percibí un enorme afecto hacia mí de todos los que habitan ese edificio. Puede sonar a tópico, o a frase hecha, pero me siento como en mi casa en el Auditorio, algunas veces me pierdo por los pasillos, cosa que en mi casa no ocurre [ríe], pero tampoco mi casa es tan grande. De verdad, me siento tan bien acogido, con tanto calor..., que no puedo calificar la acogida nada más que de maravillosa.

Qué
Concierto homenaje a Manuel Moreno-Buendía. Apertura del ciclo de abono de la Orquesta Sinfónica de la Región (OSRM).
Dónde y cuándo
En el Auditorio Víctor Villegas de Murcia, este viernes 29 a las 20.00 horas.
Precio
Entre 7,20 y 12,70 euros. Estará abierta una Fila 0 en ayuda a Apandis (Asociación de padres con hijos con discapacidad intelectual de la Comarca de Lorca).

-¿Se sintió querido?

-Muy querido. Me encanta confraternizar con todas las personas y lo hice con todos los que estaban allí, desde los músicos hasta, qué decir, los trabajadores de la cafetería.

-¿Qué suponen estas tres piezas en su trayectoria?

-Son tres momentos importantes de estos últimos años, en los que estoy más dedicado a la creación. El concierto de violín lo escribí para celebrar mis 80 años [con motivo de este aniversario Moreno-Buendía recibió también un homenaje de parte de la Sinfónica en el Víctor Villegas], el de flauta fue anterior, y 'Celtiberia' es un compendio de un ballet que compuse hace bastantes años para el gran bailarín Antonio. Con 'Celtiberia' he hecho una suite que cuenta con nueva orquestación, con nuevo ropaje y con un sentido más sinfónico.

LAS FRASES «Puede sonar a tópico, a frase hecha, pero me siento como en mi casa en el Auditorio» «Comprobar que el público ha aceptado mis obras con aplausos y ovación es una sensación difícil de olvidar» «Cada uno, en este mundo, tiene diferentes necesidades, y yo necesito expresar mis pensamientos en notas» «Me siento reconocido en mi tierra, que es lo que me importa. Reconocido y muy querido»

-¿Por qué es ahora cuando más volcado está en la creación?

-Suelo dividir mi vida en tres etapas. Estoy cerca, aunque aún me quedan cinco años, de los 90, y podría fraccionarla en tres tercios. Los primeros treinta fueron, además de una etapa de estudio, unos años de bastante producción creativa; en los segundos me alejé del mundo de la composición y estuve coqueteando con la música escénica, con el teatro, y, durante años, con la zarzuela y el género lírico. Estos últimos treinta son cuando más tiempo dispongo y más puedo dedicar a la nueva creación.

-¿Qué le empuja a componer?

-Pues algo que no sé cómo definir pero entiendo como una necesidad. Cada uno, en este mundo, tiene diferentes necesidades, y yo necesito expresar mis pensamientos en notas.

-¿Y de dónde saca las fuerzas?

-Cuando estoy en esa etapa de advenimiento de las ideas, en la que se rechazan unas y se aceptan otras, no me doy cuenta de que tengo 85 años. Mi vigor mental y emocional es el de un joven.

-¿Cómo lleva la salud?

-Gracias a Dios, y toco madera, me encuentro bien.

-¿Qué ha sido un lujo en su vida?

-Dedicarme y trabajar en aquello que me gusta. Para mí ha sido un lujazo. He trabajado en aquello que me apasiona; me he podido dedicar a la música como docente, como director y como compositor, y esta última parte es la que más me llena de las tres.

-¿Qué no olvida?

-Hay cosas tristes que cuesta trabajo olvidar, la pérdida de seres queridos, por ejemplo. Pero en la música, y perdona la inmodestia, no olvido los éxitos: comprobar que la gente, el público, ha aceptado mis obras con aplausos y ovación. Esas sensaciones son difíciles de olvidar.

-¿Se siente reconocido?

-[Silencio] En mi tierra sí, que es la que me importa. Me siento reconocido en Murcia, y no solo reconocido, me siento querido. Uno, cuando está en esta profesión, quisiera ser famoso a nivel mundial, pero estas pequeñas vanidades que, por supuesto, alguna vez he sentido, cuando se tiene la edad que yo tengo ahora, quedan a un lado. Me interesa más el calor y el afecto de los próximos que el bullicio internacional, que se pierde, precisamente, porque el cosmos se nos echa encima y nos aplasta. Me gusta el calor de la compañía, no la frialdad de la soledad.

-De Murcia se marchó siendo muy joven, con apenas diez años.

-En el 42 mis padres y mis hermanos mayores decidieron trasladarse a Madrid. Era una época terrible de la posguerra. Yo ya estaba entonces con el veneno de la música, que me había inoculado mi hermano mayor, y nada más llegar me matriculé en el conservatorio.

-¿Qué añoraba en aquel tiempo?

-Era muy pequeño. Dejé amigos, vecinos... Hay que tener en cuenta que en Murcia entonces todo tenía una gran proximidad, era una ciudad muy reducida. Yo nací en la calle Cánovas del Castillo, vivía en Simón García y me bautizaron en Santa Eulalia, todo en un pañuelo. Fue a partir de los 15 o 16 años cuando empecé a viajar todos los años a la ciudad para visitar a mi familia, y reanudé mi relación con ella.

-¿Qué experimenta ahora al volver?

-Estoy deseando, deseando, llegar. Experimento tantas cosas... Y añoro otras muchas que ya no están, como las casas donde nací y viví.

-¿Alguna vez se sentó a componer con desgana?

-No, porque no se te ocurre nada. Lo que sí he hecho ha sido sentarme a componer con ganas y no poner una sola nota porque todo lo que se me ocurría no me gustaba. Pero si estaba con desgana, no lo intentaba. Ahí sí que no se te ocurre nada y es mejor dejarlo; no te imaginas lo que se sufre cuando se ve el papel pautado, con sus cinco líneas y sus cuatro espacios en blanco y no se te ocurre nada. Es como un pequeño drama personal.

-¿Y qué hace entonces?

-No me desespero. Es algo que me ha ocurrido y me ocurre. Hay días o rachas, no se sabe el porqué, que no te viene nada, y si lo hace, después el razonamiento no le da validez. Pero como me ha pasado desde joven sé que luego vienen las ideas válidas, así que espero a que lleguen. Esto de la creación es un poco misterioso. Beethoven decía que hay que estar trabajando por si la inspiración llama a tu puerta, y supongo que es así.

-¿Cómo es su día a día en Madrid?

-Muy tranquilo. Estoy jubilado de todo menos de componer, e invierto mucho tiempo en cosas muy cotidianas. No soy hombre muy trasnochador, me levanto más bien pronto, y me pongo a revisar lo que he hecho el día anterior. No es una vida interesante [ríe].

-¿De qué tiene ganas?

-Tengo unas ganas locas de terminar una obra que tengo entre manos y es un poco gordita, amplia. Con ella quisiera despedirme.

-¿Su última composición o su última gran obra?

-Seguramente las dos cosas, por su dimensión, no sé si por su contenido, eso ya lo tienen que juzgar otros, y la última palabra, es un tópico, la tiene el público; y porque después quisiera descansar, hacer el vago. No tengo ninguna presión porque la presión me la pongo yo mismo, pero también es cierto que esto lleva mucho trabajo y quiero terminarlo. Probablemente, si me respeta la salud, lo haré el próximo año, pero luego habrá que revisarlo, editarlo, hacer reducciones a piano... y todo eso lleva tiempo, por ello no quiero descuidarme.

-¿Ha sido feliz?

-Pues como se contesta en estos casos, he sido todo lo feliz que se puede ser no siendo tonto del todo, porque enseguida te das cuenta de la realidad de las cosas, de lo que es el mundo y la vida y, entonces, la felicidad queda bastante recortada. A pesar de todo, yo he procurado ser feliz y, cuando miro para atrás y recuerdo alguna temporada en la que lo pasé mal, me digo: 'Qué estúpido'; afortunadamente, eso me ha ocurrido pocas veces. Me alegro de haber procurado ser lo más feliz posible.

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