Vinos entre el cielo y el suelo

Ángel y Miguel Gil catan sus vinos en las instalaciones de la bodega, en Jumilla. / martínez bueso
Ángel y Miguel Gil catan sus vinos en las instalaciones de la bodega, en Jumilla. / martínez bueso

Bodegas Juan Gil nació como un gran sueño que hoy conquista mercados y paladares de más de 40 países

GUSTAVO LÓPEZ

Aparecen los primeros rayos de sol y, como si del perfecto mecanismo de un reloj de pared se tratase, todo comienza a funcionar. Unos pisan las secas tierras a pie de campo. Otros se trasladan al aeropuerto para volar a cualquier parte del mundo. Los hay que cuidan con mimo la evolución de los viñedos y del vino; los que preparan la reunión con potenciales compradores y los que atienden a las personas que se interesan por su trabajo.

Así, hasta las 150 personas que integran la plantilla de esta empresa, con una filosofía en la que creen y que llevan a cabo, basada en el respeto a la tierra, el conocimiento del oficio, la honestidad ante el cliente y la pasión por el vino.

Hoy se puede hablar de Bodegas Juan Gil en cualquier rincón del mundo y son legión quienes reconocen perfectamente la marca y el producto. Esto es el resultado de un gran sueño familiar que se extiende por toda España y que traspasa fronteras. Pero lo mejor probablemente esté por llegar porque a la cuarta generación ya se va uniendo la quinta, que empieza a sentir y vivir esa pasión por el vino.

La empresa no podía tener otro nombre. Juan Gil Jiménez fue un albañil jumillano que construyó una pequeña bodega hace más de cien años. Su hijo Juan Gil Guerrero tomó el control del negocio vendiendo vino en un carro, hasta la tercera generación, la de Juan Gil González, padre de los actuales gerentes, Miguel y Ángel, que fue el primero en embotellar bajo la marca Juan Gil. Pero se fue muy pronto y el negocio quedó prácticamente ahí, porque su empeño fue siempre que sus hijos estudiaran. Y así lo hicieron. Lejos de casa y de sus orígenes, y dedicándose a una de sus pasiones que eran los aviones (la otra es el vino), Miguel Gil Vera echaba de menos su tierra, Jumilla, y desde la distancia veía cómo se apagaba un negocio familiar en manos ajenas a su apellido. Y un día abandonó el cielo para volver a la tierra y de ahí retomar el ascenso a lo más alto.

Del avión al viñedo

Miguel dejó su trabajo en una compañía aeronáutica con base en Sevilla y tomó la firme decisión de intentar cumplir ese sueño que cuatro generaciones habían intentado sin éxito. En ese momento pensó: «o lo hago ahora o me arrepentiré toda la vida de no haberlo intentado». Llamó a sus ocho hermanos y les pidió dinero. Bajo la protección y el apoyo de su madre, Rosario, sus hermanos y hermanas invirtieron y algunos de ellos tuvieron que rehipotecar sus propias casas. Primero reclutó a Ángel y a él le siguieron el resto, cada uno aportando lo posible para, al menos, intentarlo. Una arriesgada apuesta que, hoy en día, se ha convertido en un caballo ganador llamado Gil Family Estates.

El éxito quizá resida en lo claro que tenían sus objetivos. Había que hacer algo especial, aprovechar las potencialidades de cada zona, las variedades autóctonas y lograr vinos con personalidad. Querían buenos vinos y con el mejor precio. Querían hacer vinos de 'clase mundial'. Empezaron obviamente por su tierra natal, Jumilla. Junto a los mejores profesionales, fueron experimentando en diferentes puntos de España y se decidieron a expandir su filosofía en otros territorios. En la actualidad, Juan Gil Bodegas Familiares integra once bodegas en nueve diferentes Denominaciones de Origen (Jumilla, Almansa, Montsant, Calatayud, Rueda, Castilla y León, Rías Baixas y Rioja) y cuenta con 1.500 hectáreas de viñedos gestionados en propiedad. Pero una cosa era hacer buen vino y otra cosa era venderlo. Saltaron las fronteras españolas e inicialmente se focalizaron en el mercado americano. Hoy exportan a más de 40 países de todo el mundo.

De sus vinos se han escrito cosas como que «han colocado la Denominación de Origen Jumilla en la élite mundial», que «hay que probarlo al menos una vez en la vida», que son «los mejores vinos del mundo», «excepcionales», un «valor seguro», «los vinos preferidos por su relación calidad-precio» o «un vino que rompió moldes de Jumilla». Esos halagos, que corresponden a expertos, pero también a consumidores, se unen a los premios y los reconocimientos que reciben desde todos los puntos del planeta y a las sorprendentes cifras logradas en apenas 20 años. Pero nada de esto consigue volver locos a Miguel, ni a Ángel, ni a nadie de su equipo, ya que todos son conscientes de la importacia de continuar con la misma línea de trabajo, con sus sólidas convicciones y sin olvidar a esos 'Juanes' que fueron albañiles y picapedreros, que repartían vino en un carro y que embotellaron el primer 'Juan Gil'.

Tampoco olvidan a las personas que día a día hacen posible que el sueño vaya creciendo. Por eso tienen una gran implicación social y colaboran asiduamente con colectivos y asociaciones, causas solidarias e incluso organizan y desarrollan importantes actividades y concursos culturales. El más destacado es el concurso bianual de bandas sonoras que convocan a nivel mundial, del que ya han celebrado su segunda edición, y que es el más importante en dotación de todo el planeta (50.000 euros). Siempre dicen que «con este tipo de acciones pretendemos devolver a la sociedad todo lo que la sociedad nos ha dado». Un sentimiento que se recoge en cada una de las botellas que cada año salen al mercado bajo las marcas Juan Gil, Morca, El Nido, Clio, Ateca, Atalaya, Tridente, Shaya, Can Blau, Orowines, Lagar de la Condesa y Rosario Vera.

Bodegas Juan Gil no es solo una empresa, no es solo una marca, no es solo un grupo de bodegas, no es solo un negocio familiar. Es el resultado de poner en práctica un sueño, una ilusión, una pasión y un gran oficio que empieza por cuidar a los agricultores, mimar la tierra, escuchar las uvas, sacar las mejores propiedades del fruto y convertirlo en vino en su momento óptimo. Después, dejar reposar ese vino hasta que esté en su punto perfecto para ser disfrutado por los consumidores. Porque, si lo mejor de un vino es el momento y las personas con las que se comparte, quizá lo mejor que se puede compartir es un vino de los Gil. De los que tienen el suelo y el cielo.

'Wine Spectator'

En su edición correspondiente al pasado mes de junio, la revista especializada 'Wine Spectator' que dirige el gurú del vino Robert Parker, ha dedicado un reportaje especial de siete páginas al grupo Juan Gil Bodegas Familiares, haciendo un repaso por todas y cada una de las denominaciones de origen en las que tienen bodega. La revista no suele realizar este tipo de reportajes tan extensos y concretos, lo que supone un caso casi único en España que se une a los 99 puntos que Parker ya dio en su momento a un vino de los Gil, concretamente El Nido, que elabora este grupo bodeguero jumillano.