Un pulso con el viento

El instructor de vela José Antonio Villa, entre el material preparado para volar sobre el Mar Menor. . / A. salas
El instructor de vela José Antonio Villa, entre el material preparado para volar sobre el Mar Menor. . / A. salas

La escuela de vela Socaire, en el Mar Menor, es una de las más antiguas de la costa murciana. El instructor José Antonio Villa anima a probar «esa sensación de libertad y naturaleza»

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

A navegar no se convence a nadie. Una vez que te has lanzado mar adentro, y te has colado en medio de esa charla que mantienen el viento y la superficie del mar, siempre quieres volver. «No he sentido jamás una sensación de libertad comparable», comparte el instructor de vela José Antonio Villa, con más de 30 años respirando el salitre marino a bordo de cualquier medio que se le pusiera a tiro. «He navegado en todos los barcos que he podido, desde una tabla a una gran embarcación», cuenta desde la escuela de vela Socaire, una de las más antiguas de la costa murciana y puede que la de mayor envergadura. Abierta todo el año, excepto los meses de diciembre y enero, recibe a los universitarios de la Facultad del Deporte, a los escolares en prácticas de vela y a todo el que quiere iniciarse en ese goce de planear sobre el mar, controlar las leyes del espacio y la materia que te mantienen a flote, avivar el instinto primario de supervivencia en un medio inhóspito, y echar ese pulso constante con el viento.

No hace falta un máster para disfrutar del mar. «Con un curso de 15 a 18 horas en una semana, puedes salir a navegar tú solo», instruye el profesor. En windsurf bastan tres días. «Me encanta navegar a vela, pero con lo que más disfruto es con una tabla de windsurf, porque sientes más el mar», cuenta Villa, cuya querencia por el agua salada le llevó a pedir matrimonio a su mujer sobre las tablas de la escuela de vela. «Hay mucha gente que se ha conocido aquí y luego se ha casado», asegura.

Visita recomendada
Escuela de Vela Socaire, en Santiago de la Ribera.
Qué hacer
Aprender windsurf, vela ligera, catamarán o pádel surf en un curso de pocos días, o alquilar embarcaciones y material de navegación.
El guía ideal
José Antonio Villa, presidente de la Asociación Deportiva Socaire e instructor de vela.

Desde que Socaire comenzó a funcionar en 1982 en el viejo balneario de Los Arcos -ahora cerrado por su deficiente estado-, las pequeñas velas han proliferado en el Mar Menor. «Antes te asomabas y no veías a nadie navegando. Tenías que tener barco propio y ser socio de un club náutico, así que solo podían unos pocos», explica el preparador. El primer impulso partió de Rafael de Paz, que cuenta una curiosa anécdota con la historia de España de fondo: «Yo era uno de los pocos monitores de vela y montaña que había en España, y un día de la primavera de 1977 me llamaron de la Casa Real con el encargo preciso de ir con el príncipe Felipe a un lago de Soria en la jornada de Viernes Santo para enseñarle a navegar a vela. Era el día en que legalizaron el PCE, y aquel programa tenía un componente de seguridad, ya que a todos los miembros de la familia real los dispersaron en diferentes ubicaciones».

«Me encanta navegar a vela, pero con lo que más disfruto es con una tabla de windsurf, porque sientes más el mar»

Tras la experiencia, De Paz organizó campamentos con escolares de toda España, que dio paso a esa escuela de vela itinerante, que se instalaba donde podía hasta que el Ayuntamiento de San Javier les cedió el balneario Los Arcos, que llegó a albergar un bar nocturno al tiempo que la actividad náutica.

Cuando la Academia General del Aire cedió el balneario del Atalayón, Socaire se asentó en su actual sede en la orilla norte del Mar Menor. «Tenemos niños desde los 6 años hasta usuarios de más de 80 años. El mar engancha a quien lo prueba. Lo normal es que vengan a probar y vuelvan, a veces durante toda la vida», cuenta Villa, que combina su profesión de cartero con la enseñanza náutica. El verano es un continuo ir y venir de aspirantes a marineros que buscan medirse las fuerzas con el mar en plena era de las pantallas.

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