Un nido compartido con los búhos

Carlos Herrero en el huerto de la casa rural Las Jordanas, bajo dos palmitos de más de 80 años. / A. SAlas
Carlos Herrero en el huerto de la casa rural Las Jordanas, bajo dos palmitos de más de 80 años. / A. SAlas

En la casa rural Las Jordanas, el único alojamiento dentro del Parque de Calblanque, solo se oyen los arpegios de chicharras y se aspira limonium

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Cuando extienden sus alas es impresionante verlos volar», cuenta Carlos Herrero, informático de profesión, que combina con la cogestión de la casa rural Las Jordanas, el único alojamiento turístico dentro del Parque Natural de Calblanque, esa joya de la serranía costera de Cartagena donde los africanismos dejaron su poso. Ha aprendido a distinguir el canto profundo del macho de búho real, del más agudo de la hembra, ya que una pareja anida en el bosque aledaño de pinos y sabinas. «Oímos un tercero, pero no sabemos si es hijo o allegado», bendice Carlos Herrero el destino que decidieron él y Nacho Parra hace ya 8 años.

Juntos transformaron una vieja casa de labradores del siglo XIX, de la docena de viviendas rústicas que quedan en el Parque, en un hogar sostenible y edénico, cuidado hasta el último detalle. «Nuestra filosofía contempla dejar la menor huella posible en la naturaleza», explica Carlos. Buscaron barro y ladrillos rústicos en los alfareros de Totana, rescataron todas las piedras de la finca para reconstruir los muros, e instalaron ventanas en los techos abuhardillados a modo de lucernarios naturales. En verano, un pino abre sus brazos sobre la casa para refrescarla. En invierno, cuentan con una estufa de leña que reparte el calor a las habitaciones. El nombre de la casa deriva de la hija de Jordán, un habitante de este enclave en la Antigüedad. También parece de otra era cuando Carlos llegaba a las costas cercanas a bucear, hasta que un día se adentraron en el Parque y vieron un cartel de venta en el que no se distinguían los números del teléfono. Hallaron herrumbre y olvido, pero les embelesó el manto de jaras y palmitos, el aroma que se te enzarza en el pelo de romero, limonium y laurel, que te hace parar en seco las palabras y los pasos para inhalar la magia.

Visita recomendada
Casa rural Las Jordanas, dentro del Parque Natural de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila (Cartagena).
Qué hacer
Descansar, desconectar, apreciar los olores y tonalidades de la sierra, aprender botánica, pasear a caballo, darse un baño en las playas cercanas, hacer senderismo o cicloturismo, escribir, dibujar, pensar o, simplemente, no hacer nada.
Los guías ideales
Carlos Herrero y Nacho Parra, propietarios de Las Jordanas.

En el rescate de la casa dormida encontraron un tesoro único: un olivo de 350 años al que dan ganas de abrazar y poner la oreja para que te cuente la respuesta insondable de todas las dudas. «Tiene dos récords, es uno de los olivos más grandes que existen con 9,5 metros de alto, y es el más alto del Sureste español», lo mima Carlos con sus elogios. Este rey aceitunero preside el exterior de la casa, donde Carlos y Nacho han plantado moreras, higueras, aladiernos, un jinjolero y un madroño que les entregó Ecologistas en Acción. «Estamos custodiados por la Asociación para la Custodia del Territorio y el Desarrollo Sostenible y por la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, así que nos dan plantas autóctonas para reforestar, como el tetraclinos articulata, el ciprés de Cartagena», una reliquia vegetal de la era terciaria.

«Vemos las estrellas con los huéspedes», cuenta Carlos Herrero

Bajo unos palmitos de más de 80 años han instalado una hamaca para respirar de cerca el perfume que pulverizan en el aire las especies del huerto arbustivo, compuesto por incienso y orégano, santolina y malvarrosa, salvia y durillo. «También tenemos olivardilla, que aquí se usa para aliñar las olivas», muestra Carlos parte de su casa de cuento. A la sombra de las aromáticas apenas levanta una pestaña Rayo, el gato canela poseído por la abulia de agosto. «Está con la siesta del borrego», comprende su dueño. «Algunos huéspedes vienen a hacer yoga bajo el olivo, otros toman el sol», cuenta Carlos de la vida en Las Jordanas. Puedes refrescarte sin culpa en la ducha exterior que han construido con un viejo poste de la luz, ya que estos hosteleros ecologistas reciclan todas las aguas de la casa para regar.

Dentro se respira una paz mineral como de refugio de montaña que te cobija a salvo de las tormentas y los depredadores. Un poco de ese sentido maternal ha prendido este verano en todos los amantes del Parque con el primer nido de una tortuga boba en todo el litoral murciano en más de cien años. Las tortugas que rompan pronto el caparazón tendrán muchos padres en Calblanque.