Sobre la silla de montar

Ana y Omar, con dos de sus ponis, en el club ecuestre de San Pedro del Pinatar. / A. salas
Ana y Omar, con dos de sus ponis, en el club ecuestre de San Pedro del Pinatar. / A. salas

El Club Ecuestre Dos Mares ofrece paseos en poni para menores dentro de la finca. «Vuelven a ser niños, se ríen, se ensucian y acarician al caballo», cuenta la veterinaria Ana Vicent

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

El emperador Adriano lo sabía. Puedes cultivar amistades sinceras y amores en los que mirarte sin antifaz, pero «solo el caballo conoce mi peso exacto de hombre», decía el estratega romano. Con el paciente compañero no valen engaños. Ve a cada uno como es, hosco o generoso, por eso «los niños encuentran enseguida en el caballo a un cómplice», cuenta la veterinaria Ana Vicent, quien dirige desde hace 10 años junto a su marido, el jinete de competición Omar Sánchez, el Club Ecuestre Dos Mares. «Mi suegro lo llamó 'Ana Pony' porque le pareció divertido para que nos identificaran también con el servicio didáctico para los niños», explica Ana.

Al portón de su finca en la carretera de Lo Romero llegan numerosas familias «hartas de playa», que buscan una actividad gratificante para los peques. «Y al 99% les gusta», afirma. Les presentan a los ponis, los acarician, pueden participar en su limpieza, darles la comida y montarlos para compartir un paseo dentro de la finca, controlado en todo momento. «Los niños vuelven a ser niños, se ensucian, se ríen y toman contacto con un animal que les obedece pero al que tienen que tratar bien y cuidar», explica la experta. Los padres participan de la experiencia, así que «es un deporte muy familiar incluso cuando salen a competir, porque todo el mundo convive», comenta Ana su propia historia de niña amazona. Al dejar la competición, estudió Veterinaria «para seguir cerca de los caballos», confiesa. Con Omar hallaron ambos el guante a medida. «Él no podría estar con alguien ajeno a este mundo. Hay que estar dispuesto a vivir para los caballos cada día del año», habla a las cabezas equinas que asoman de las cuadras, como atentas a la charla. En este entorno de quietud y silencio, parece buena idea olisquear al visitante. Medir a simple vista «el peso exacto de hombre»: si el forastero tiende la mano cordial, si se conmueve con el roce o gasta trato de lija.

Visita recomendada
Club Ecuestre Dos Mares, en San Pedro del Pinatar.
Qué hacer
Los paseos son para niños, así que lo mejor es ir en familia y disfrutar de una jornada en contacto con el animal más noble, ayudar a limpiarlo, darle de comer y conocer cómo vive.
La guía ideal
Ana Vicent Peris, veterinaria.

«Los niños son sinceros. Al despedirse algunos te dicen que han pasado el mejor día de su vida, o los ves exclamar a sus padres: '¡Estoy trotando!'. Ganan en seguridad», explica la veterinaria, que ha recibido a niños con síndrome de hiperactividad, con problemas de incontinencia o con autismo. «La experiencia les hace mejorar en coordinación y concentración. Hay que tener en cuenta que solo con mantenerte sobre el caballo, sin hacer nada más, activas más de cien músculos del cuerpo», destaca Ana.

«Solo con mantenerte sobre el caballo, sin hacer nada más, activas más de cien músculos del cuerpo»

No todos los ponis valen para las relaciones con los niños. «Tienen que estar hechos a prueba de bomba», comenta. Los hay sociables, juguetones o dormilones. «Este se echa microsiestas», acaricia Ana a un potrillo rubio. «Los ponis son caballos que miden menos de 1,49 centímetros y se puede competir con ellos hasta los 16 años», enseña la experta. Les molestan las moscas, los ruidos y el viento, como a los humanos. Prefieren la calma y los paseos para husmear por la hierba y mover las patas. No rehúyen las manos cariñosas e imponen menos que un rocín de altura, que también los hay en el club ecuestre. Ana y Omar cuidan en total de 35 ejemplares con sus nombres y sus temperamentos. «Hay quien está tan unido a su caballo que se lo trae de vacaciones y nosotros lo cuidamos», explica la veterinaria. Ni los niños ni los mayores quieren despedirse.