'Happy flower' frente al mar

Pedro Vidal y Jesús Zaragoza, con algunas de las pulseras que venden en sus tiendas de Puerto de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM
Pedro Vidal y Jesús Zaragoza, con algunas de las pulseras que venden en sus tiendas de Puerto de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM

Los abalorios hippies y las sandalias de cuero siguen de moda en Mazarrón. «Lo del amor libre era una utopía. ¡Ojalá!», confiesan Pedro Vidal y Jesús Zaragoza, socios de Enkueros y Rastros

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

No todos los hippies de los sesenta alcanzaron su Shangri-La. El murciano Pedro Vidal y el madrileño Jesús Zaragoza lo hallaron en el Puerto de Mazarrón, donde regentan dos tiendas que son la prolongación de sus vocaciones de juventud, cuando escuchaban a Bob Dylan y el pelo les cubría los hombros. Después de unos años de vida itinerante, por pueblos y carreteras, a bordo de sus respectivas furgonetas, se conocieron en los años ochenta en el Puerto, donde ambos acudían a instalar su puesto de abalorios y marroquinería. «Eran los años del Mazarrock, cuando no había tanta norma, tanta limitación. Había más permisividad y más respeto», añora Jesús, quien dejó su cargo en una fábrica para echarse a «la vida bohemia, en busca de nuestro espacio, nuestra libertad. No somos antisistemas, solo nos gustaba conocer otras culturas y decidir sobre nuestro tiempo».

Poner el dedo en el mapa cada amanecer, fuera de la trampa del orden preestablecido, era la Ítaca de los dos amigos. «No había amor libre y 'happy flower'. Eso era una utopía. ¡Ojalá!», ríe Pedro, el que antes ha renunciado a la melena de juventud. Experto en artesanía en piel, a Pedro le tiró de joven la fabricación manual y la venta en la calle. «El olor del cuero siempre me cautivó. Compraba pieles en Lorca y Molina de Segura, en Elda y Petrel», cuenta de su vida en polvareda, cuando «dormíamos en la furgoneta y llevábamos la alegría a los pueblos, pero a veces la Guardia Civil nos tocaba el cristal por la mañana. Nos paraban solo porque llevábamos el pelo largo». «Solo éramos rebeldillos», sonríe Pedro.

Visita recomendada
Enkueros y Rastros, en el paseo marítimo del Puerto de Mazarrón.
Qué hacer
Recuperar el gusto por las sandalias y las bandoleras de cuero, las pulseras artesanales y la decoración oriental. Las dos tiendas son ideales para elegir regalos.
Los guías ideales
Pedro Vidal y Jesús Zaragoza, socios en las tiendas Enkueros y Rastros.

A Jesús intentaron convencerle para no dejar el carril del puesto fijo, pero eligió «la vida alternativa, primero por las ferias y las fiestas de los pueblos, y después a 'plaza muerta', como llamamos a pasar el verano o la Navidad en un mismo sitio porque ya teníamos hijos». En el andamio de una vida de creación y movimiento, Jesús destaca el papel de «las dos mujeres, Pili y Menchu, que siempre estuvieron al pie del cañón».

«La gente viene en verano para dejar atrás el traje o el mono de trabajo y elige ponerse unas pulseras de cuero para sentirse otro fuera de la rutina»

Cuando las familias habían crecido, se vieron abocados a buscar el lugar donde despertarse cada mañana. En 1991 abrieron Rastros, la tienda donde Jesús sigue vendiendo bisutería escogida de plata mexicana, macramé, hueso y piedras, lámparas de sal e inciensos, budas y atrapasueños. «Fue el primer bazar hippie de estilo ibicenco», recuerda Jesús de la curiosidad que despertó el comercio, donde ha mantenido la filosofía de los puestos callejeros.

«La gente viene en verano para dejar atrás el traje o el mono de trabajo y elige ponerse unas pulseras de cuero para sentirse otro fuera de la rutina», observa Jesús. Poco después, Pedro abrió Enkueros para enfocar su especialidad, que ha cristalizado en un singular espacio con el intenso aroma a piel que desprenden las botas camperas y los bolsos de flecos, las babuchas y los monederos que embellecen con el roce del tiempo.

Coinciden en que «hay dos tipos de riqueza, la del dinero y la del tiempo. Nosotros somos ricos en tiempo». Su aventura 'hippie' les llevó de viaje juntos desde Perú a Tailandia, de Bilbao a Mazarrón. «Lo hemos pasado bien los dos. Nos hemos reído mucho», comenta Pedro de las correrías mundanas en busca de prendas y materia prima para enriquecer los comercios. Con el tiempo, están seguros de haber conquistado su Ítaca. Ya planean sus viajes de invierno, cuando el pueblo vuelve a su latido habitual.