En la fábrica del sonido

El luthier Ginés Martínez, en su taller de Los Alcázares, donde construye guitarras únicas. / A. Salas
El luthier Ginés Martínez, en su taller de Los Alcázares, donde construye guitarras únicas. / A. Salas

El luthier y musicólogo Ginés Martínez 'Vael' crea en su taller de Los Alcázares piezas únicas con materiales naturales. «Hago las guitarras, violines y laúdes como antaño», disfruta el artesano

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Toc toc', pulsa suavemente con los nudillos sobre una tapa de guitarra a medio hacer mientras acerca la oreja. «Esta necesita una barra armónica aquí y otra ahí para que retenga un sonido más agudo», comenta Ginés Martínez, el joven luthier que ha abierto su taller en la calle San Rafael de Los Alcázares. Ya ha mejorado el eco del mundo con las piezas que han salido de sus manos: mandolinas, violines, guitarras y laúdes, entre otros instrumentos de cuerda, que esparcirán el sonido marca Vael por la atmósfera.

Entre una infinidad de limas y martillos, sierras y punzones, brochas y cepillos, se mueve en su salsa este maestro artesano, un poco mago, un poco duende, dispuesto a perpetuar los métodos tradicionales con materiales naturales. «Hago cada pieza como antaño», enseña Ginés su arboleda musical. Solo emplea resinas y barnices naturales para ensamblar cada guitarra. «Con el cliente, elegimos la madera: ciprés, nogal, palosanto y otros, según el resultado que quiera tener», se adentra en la cueva del sonido.

Visita recomendada
Vael Luthier & Custom, en Los Alcázares.
Qué hacer
Encargar un instrumento de cuerda a medida, aunque también hace reparaciones. También se puede comprar púas y cejillas realizadas a mano en madera.
El guía ideal
Ginés Martínez, luthier e investigador de instrumentos musicales.

Cada corte, cada pincelada tendrán su resonancia en el futuro. Para pagar las herramientas especializadas tuvo que trabajar duro en bares y supermercados «porque no sirven unas cualquiera». Así que el luthier las ha convertido en una obra de Kandinski sobre la pared, que varía cada mañana, cuando añade una escuadra o mueve una barrena. «Todo tiene que ser perfecto, porque no tiene vuelta atrás», premedita Ginés hasta la roseta que rodea la boca de la guitarra. «Si te equivocas en la distancia de los trastes, por ejemplo, ya no vale», explica.

«Con los métodos tradicionales, un violín o una guitarra envejecen y mejoran su sonido con el tiempo. Se revalorizan»

En un hornillo funde como un brujo las mixturas naturales que impregnarán el instrumento hasta darle una consistencia única. «Un luthier tiene que saber de física, de matemáticas y hasta de alquimia, para mezclar los ingredientes», explica el experto, que ha adquirido sus conocimientos de escuelas de luthería y maestros en barnices históricos e instrumentos antiguos de diversas procedencias. Graduado en Musicología, su formación académica lo diferencia de un artesano más. «Me gusta investigar los instrumentos antiguos, y estudiar cómo fueron construidos», cuenta en su mesa de trabajo, entre tapas de mandolinas y violas. Tres de sus creaciones se expondrán en septiembre en una exposición de obras de arte en Málaga, aunque su mayor deseo ya tiene nombre: vihuela.

El luthier sueña con que un día entre por su puerta quien le haga el encargo de esta guitarra renacentista, para la que ya tiene plano. Con un fino bisturí elaborará los tres planos del rosetón que, como las vidrieras de una catedral, consagrará la delicada armonía del instrumento. Ginés no sabe ponerle precio. Sí conoce el valor de cada trozo de madera, desde el más humilde que ennoblece con almagra, hasta la aristocracia de los bosques, aunque aprecia más la historia que cuenta cada viga. «Esta la recogí de unas colañas antiguas. Es distinta a todas las demás porque ha tenido su historia e influye en la densidad del material», adora Ginés los leños que van transformándose en su taller, desde el tronco silvestre a las hechuras pulidas, con sus sinuosas curvas, que vestirán la melodía.

Sus barnices vegetales darán el velo final a la madera como una piel sin mordazas, para que siga con vida: «Las guitarras que se hacen en fábrica los llevan artificiales y aplicados con máquina, lo que hace que sea inmutable, pero con los métodos tradicionales, un violín o una guitarra envejecen y mejoran su sonido con el tiempo. Se revalorizan». Para Ginés, «cada pieza tiene un valor sentimental. Cuando me mandan un vídeo tocando una de mis guitarras, me emociono».