«No quiero olvidar lo que he vivido»

Jesús Jiménez, bajando las escaleras de la Cuesta del Partidor, en Cehegín. / Alfonso Durán
Jesús Jiménez, bajando las escaleras de la Cuesta del Partidor, en Cehegín. / Alfonso Durán

Jesús Jiménez, presidente de Hostemur

Daniel Vidal
DANIEL VIDALMurcia

Café con leche, Vichy y 'puntica' de atún [¡qué atún!] con tomate rallado para empezar el día en 'El Mesoncico', en Cehegín, municipio de empinadísimas cuestas y bellas vistas donde Jesús Jiménez nació hace ya 51 años. Todos esos años y los que le quedan, «viajando mucho», que no le gustaría entregar al alzhéimer para condenar «al naufragio lo vivido», que canta Julio Iglesias. Socio del Grupo Temporáneo y presidente de los hosteleros murcianos, patea las calles de su pueblo con la misma decisión con la que se aprieta el desayuno. Jesús Jiménez lo tiene más claro que el agua con gas: «Hay que vivir sin miedo».

-Usted, ¿cómo vive?

-Vivo muy tranquilo. Vivo con mi pareja. Ocho años viviendo juntos y once de relación. Ahora vivo centrado en mi trabajo, y tranquilo, en un dúplex en Los Rectores [en Murcia] que me compré trabajando en ElPozo. Viajando mucho, todo lo que puedo. Y poco más.

-¿Le gusta viajar?

-Hay dos cosas que me gustan mucho: los viajes y la gastronomía. Y es imposible quedarme solo con un viaje que me haya marcado. Sudamérica es alucinante. He estado cinco veces en Cuba, la última hace solo unas semanas, con mi mujer. Es precioso. Argentina, Brasil, Estados Unidos... Estuvimos en Nueva York y Boston tres días antes de los atentados contra las Torres Gemelas. Pero la verdad es que todos los viajes son alucinantes. Viajar es una experiencia que nos abre mucho la mente y nos cambia la forma de pensar.

-¿Y qué más le aporta?

-Madurez. Valorar lo que tienes, y valorar aquello de lo que careces. Yo, por ejemplo, siempre recomiendo viajar a Cuba. Es un país en el que, con muy poco, la gente es feliz. La gente sabe apreciar lo que tiene, y vivir y aprovechar el momento. Aquí no nos preocupamos por vivir. Tú llegas a Camagüey, por ejemplo, y te encuentras una ciudad preciosa, sin lujos pero con las necesidades básicas cubiertas, donde la gente se preocupa por vivir. Aquí nos olvidamos de eso.

-¿Qué más descubrió en Cuba?

-La alegría. En Cuba hay mucha alegría, mucha, mucha.

-¿Qué viaje quiere hacer?

-Un safari fotográfico por África. A Tanzania.

-¿Viajar es descansar?

-Normalmente, sí. Viajar ayuda a descansar la mente.

-Viajando, ¿prueba de todo?

-No soy nada maniático con la comida, me encanta probarlo todo. He probado cien mil tipos de carne. Serpiente, caimán, tortuga carey, lechuza, caballo, cocodrilo, avestruz... Y luego todas las carnes de caza. Eso sí, lo que no he probado ni probaré en mi vida son las aceitunas. De hecho, cuando yo tenía ocho o nueve años, mi padre me puso diez aceitunas en fila y me daba mil pesetas de entonces, que no era poco dinero, si me las comía. La evaluación de daños fue la siguiente: las mil pesetas se acaban, pero esto tengo que comérmelo. Pues no me lo como. Me dan mucho asco, mucho asco.

-Lechuza y serpiente sí, pero aceitunas no. ¿Un trauma infantil?

-No, es que me dan mucho asco. De hecho, mi defensa es decir que soy alérgico. Porque dices que no te gustan, que te dan asco, y la gente pasa de ti. Pero dices que eres alérgico y... ¡cuidado!

-Además de las aceitunas, ¿qué le horroriza?

-Del comportamiento humano, por ejemplo, la pederastia. No creo que solo me horrorice a mí, sino que debería poner los pelos de punta a todos. Y creo que no se hace bastante con este tema. Y luego... horror no, pero me da mucha pena la posición que está adoptando el Gobierno español frente a países que han sido nuestros hermanos, como Venezuela o Nicaragua, que no preocupan a los españoles. Acogieron a cientos de miles de canarios, de gallegos, y ahora nos da igual lo que les pase. Es una pena.

-¿Beber para olvidar?

-¡Nooo! Nunca hay que olvidar. De vez en cuando hay que beber porque te ayuda a seguir viviendo, pero nunca hay que olvidar. Hay que aprender de los errores, pero nunca hay que olvidar. El olvido tiene malas consecuencias.

-¿De qué no querría olvidarse?

-En general, de los momentos vividos. Cuando tú tienes a tu alrededor a personas que ves que olvidan su vida, y ves cómo la vida desaparece... Lo que no quiero es olvidar jamás lo que he vivido, lo que soy y mis experiencias.

-¿A quién se refiere?

-Al alzhéimer.

-¿Tiene miedo al alzhéimer?

-No. No tengo miedo a las enfermedades. Cuando tienes algo malo hay que luchar contra eso, pero sin miedo. Hay que vivir sin miedo.

-¿No le teme a nada?

-Hombre, todo el mundo tiene miedo a cosas. Pero, al final, el miedo hay que saber administrarlo. No hay nadie más valiente que otro. Unos administran sus miedos mejor que otros. No conozco a nadie que no tenga miedo. Pero eso te ayuda a vivir. El miedo te ayuda a vivir. Si no, te conviertes en un inconsciente.

-¿Superó muchos retos?

-¿Retos? Al final, uno se va poniendo metas en la vida, y lo importante es ir consiguiéndolas. El problema es cuando esas metas son inalcanzables. ¿Retos? Un cambio en la forma de vivir. Yo no terminé Bachiller. Las fiestas, los años 80... Yo que sé, se vivía de otra manera. Acabé trabajando en una cortabloques, en una fábrica de mármol, metido en un traje de plástico, cortando miles y miles y miles de kilos de mármol. Al final, los dedos se deforman. Se ganaba mucha pasta. Doscientas y pico mil pesetas al mes. El rey del mambo. Salía el viernes de trabajar y volvía el lunes por la mañana, y le había pegado fuego al fin de semana. Te faltaba tiempo para vivir. Así pasé un par de años. Después, mi padre me dio la opción de volver a estudiar y eso fue lo que cambió mi vida. De no aprobar, pasé a terminar la carrera [de Económicas], irme a estudiar a Inglaterra... Fui premio Fin de Carrera. Pasé de los suficientes a las matrículas de honor.

-Después de una época loca...

-Sí, sí. No fueron grandes locuras, tampoco. Eran años diferentes. Además, nunca he tenido relación con la droga. Me ha gustado mucho el 'gin-tonic', pero nunca he tenido relación con la droga. Años de mucha fiesta, pero nunca estuve al borde...

Tormenta en el Mediterráneo

-¿Llegó a estar en peligro?

-En peligro físico estuve una vez. En el año 95 nos fuimos a pasar la Nochevieja a Ibiza en un velero. El día que nos teníamos que volver había una tormenta y se desaconsejaba la navegación. Por aquello de ahorrarnos una noche de hotel decidimos volvernos a Denia. Menos mal que venía un muy buen marinero con nosotros y nos sacó de ahí. Nos salvó. Olas de ocho y diez metros. Y el velero parecía de papel. Era consciente de que de ahí no iba a salir. Después de doce horas de navegación, con la vela mayor rota, tuvimos que volver a Formentera y pagar 175.000 pesetas por los daños del barco.

-¿A qué suele aferrarse?

-Sobre todo, a la amistad. Es lo que te ayuda a seguir viviendo. Los diez o doce buenos amigos son los que te ayudan a vivir, los que te dan fuerzas. Son parte de tu vida. Eso y la familia.

-Un verano no es verano sin...

-Sin una reunión de amigos alrededor de una buena comida, de esas que hay que reservar con mucha antelación.

-Dígame, ¿el cliente siempre tiene la razón?

-El cliente siempre tiene la razón... en el 99% de las veces. Y, aunque no la tenga, hay que intentar dársela. O llevarlo a una razón lógica. Pero, por desgracia, en la noche te encuentras muchas veces que la razón se pierde.

-¿Qué le impresionó?

-Lo que más me ha impresionado en mi vida ha sido el Perito Moreno. Impresionante. Te das cuenta de lo pequeño que eres. No conozco las Pirámides, y me imagino que también tienen que ser impresionantes. Pero el Perito Moreno es... Es naturaleza pura. Es inmenso.

-Es mejor no mencionarle...

-No hay nada que no se me pueda mencionar. Es bueno hablar de todo. Si algo no se puede mencionar, te irrita y eres incapaz de hablar de ello, muestras algo de intolerancia. Es bueno debatir. En este país se ha perdido el debatir. Somos mucho de colores. Del Madrid o del Barça, y lo demás es indiscutible.

-Y usted, ¿es del Madrid o del Barça?

-No me gusta el fútbol. Mi mujer está encantada [sonríe].

-¿Cuál es el secreto para ser feliz y para hacer felices a los demás?

-Hay que respetar a todo el mundo, e intentar llegar a puntos de equilibrio en las diferencias entre uno y otro. Todo son negociaciones. Se negocia con los hijos, quien los tiene, con la mujer...

-¿Qué sueño le gustaría cumplir?

-Tocar un instrumento musical. Tocar la guitarra. Pero soy incapaz. No ya de tocarla, si no de cogerla [sonríe]. Soy muy torpe para la música, pero no tengo sentido del ritmo. Muy negado. Y eso que, cuando mi mujer pone una canción, a los dos primeros compases ya sé cuál es.

-Bares, qué lugares tan gratos para conversar, que decía Jaime Urrutia. ¿Y para qué más?

-¿Los bares? Para conocer gente. Creo que las redes sociales están robando una parte importante a la vida social que han sido los bares. Son la red social que hemos tenido siempre, los bares son España. Sales, conoces gente, te permite discutir y te permite ampliar tu abanico. Las redes sociales nos están empobreciendo, nos están cuadriculando.

-¿Cree usted que es la falta de amor la que llena los bares, como cantaba La Cabra Mecánica?

-[Risas] Bueno, es más bien la necesidad de establecer relaciones sociales la que llena los bares.

-Termine esta entrevista.

-Al final lo importante es lo que has vivido junto a las personas que quieres.

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