«Yo quería ser como Nadia Comăneci»

Sole Giménez, fotografiada en Los Alcázares el día de la entrevista./ Manuel Castro
Sole Giménez, fotografiada en Los Alcázares el día de la entrevista. / Manuel Castro

Sole Giménez, cantante y compositora

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Qué voz tiene Sole Giménez (París, 1963). Una voz que, por su belleza, por su capacidad para atravesar almas y para acariciar la vida, se impone en el espacio y en el tiempo cuando la utiliza para cantar. Un don. Cantante y compositora, vinculada a Yecla por motivos familiares, el 20 de octubre ofrecerá un concierto en el Auditorio Víctor Villegas de Murcia. ¡Será un placer!

Doce tragos

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -En Canggu. Bali.
2
-¿Una canción? -'Gravity', de John Mayer.
3
-Un libro para el verano. -'Silencio', de Thich Nhat Hanh.
4
-¿Qué consejo daría? -Cuida a los demás.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -Gin-tonic.
6
-¿Le gustaría ser invisible? -¡Sí, sí!
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -La Abeja Maya.
8
-Un epitafio. -«Vive».
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Mejor persona.
10
-¿Tiene enemigos? -No creo.
11
-¿Lo que más detesta? -La mala educación.
12
-¿Un baño ideal? -Caños de Meca. Cádiz.

-¿Usted era más de Heidi o de la Abeja Maya?

-[Risas] Me pone usted en un gran compromiso. Yo era más de la Abeja Maya, que era más 'gamberreta'. Heidi también me gustaba, pero era más moñas. Maya se metía donde no debía y eso me hacía gracia, ¡además de que poder volar tiene que ser una pasada!

-Recuerdo la letra de una de sus canciones, 'Tan sola': «...tengo dudas, tengo frío y miedo de escuchar tanto silencio...». ¿Le sigue pasando?

-No, ¡menos mal! [Risas] Escribí esta canción en un momento en que me sentía muy mal. Pero ya pasó. No puedo quejarme, porque siempre he tenido la suerte de tener buenos amigos y personas de mi familia que me han ayudado a levantarme cuando la soledad y la decepción, que son terribles, me han invadido. Pero hace ya mucho tiempo que me siento segura de mí misma, en lo personal y como cantante y compositora.

-¿Qué es muy gratificante?

-Ver cómo una canción tuya provoca un suspiro, una sonrisa o una lágrima.

-¿Cómo es su relación con la música que escucha?

-Me gusta paladearla como el buen vino.

-¿Qué es conveniente?

-Estar todo lo positiva que puedas y hacer el esfuerzo de no fijarte tanto en lo malo que sucede, porque hay tanto malo que a veces te desesperas; evitémoslo.

-¿Qué se dijo cuando se vio cantando nada menos que en la Ópera de Sidney?

-¡Imagínese! Me vi en ese escenario tan impresionante y me dije: 'Sole, ésta es una de esas cosas que solo vas a poder disfrutar una vez en la vida'. Y canté en la gloria, muy feliz. Además, me trataron como a una reina, y eso se agradece de vez en cuando [risas]. Fue un gusto, pero también un palizón; ni me acuerdo de la cantidad de horas interminables de vuelo.

«El feminismo no puede buscar el enfrentamiento con el hombre, porque caería en el mismo error en el que ha caído el machismo» Sole Giménez

-¿No aprovechó para hacer algo de turismo por Australia?

-¡Nada de nada! Del hotel a la Ópera y de la Ópera al hotel; y, bueno, menos mal que por lo menos dimos una vuelta por la bahía, ¡alucinante! En fin, también recuerdo que estuve cantando en Santo Domingo y que me volví sin conocer ni siquiera una de sus maravillosas playas. Cuesta encontrar el tiempo para disfrutar de los sitios a los que vas por trabajo. Hace poco estuvimos en Medellín y fue también muy agradable. Muy agradable pero tampoco vi apenas nada.

-Falta tiempo y el que hay pasa volando, ¿eso le molesta?

-Y, a veces, me irrita. Hemos entrado en una dinámica de vida en la que todo va muy rápido, tan rápido que se nos escapan muchas cosas, no disfrutamos de lo que se nos ofrece y corremos sin parar en el día a día; se pierde el contacto con la gente, con los amigos, a veces no tienes tiempo ni para ver con calma a tus propios hijos. Es lamentable, pero por lo que parece le pasa a todo el mundo. Al final, incluso en vacaciones vamos también estresados perdidos.

-Además de que es imposible 'Vivir sin aire', ¿qué más necesita para vivir?

-No se puede vivir sin la gente, y es curioso porque muchas veces huimos de ella, estamos como hartos unos de otros. Y lo cierto es que lo que somos es gracias a la comunidad, gracias a que hemos sabido entendernos: primero entre dos, luego entre tres, luego entre mil, después entre quinientos mil... No se nos puede olvidar que somos una sociedad que funcionará mientras defendamos el 'por y para los demás'. Parece que nos olvidamos con mucha facilidad de que solos no podríamos salir adelante y nos perderíamos muchísimas cosas. Lo que le pasa al otro te puede pasar a ti en cualquier momento, así es que mucho mejor que todos cuidemos de todos.

-¿Cómo es el Dios en el que cree?

-Bueno, yo no creo en un Dios que es un señor con barba.... Al Dios en el que yo creo le pido que me dé alegría y que me deje disfrutar de la vida. Le pido que me dé la energía que hay en el universo para poder aprovecharla. Creo, además, que Dios también necesita que nosotros le respondamos, que no nos lavemos las manos con todo, que no lo dejemos todo en manos de Él. Aquí nos tenemos que remangar todos, los de arriba y los de abajo. Yo no creo en un Dios que me vea como a una niña a la que le tienes que decir lo que hace bien y lo que hace mal. Cada uno tenemos nuestra responsabilidad, nos guste o no.

-¿Canta de todo corazón 'Yo vengo a ofrecer mi corazón'?

-Sí, sí, la canto creyéndome totalmente lo que esta hermosa canción propone y defiende. Es el mensaje más bonito que se pueda dar: ¿Quién dice que todo está perdido, que no hay esperanza? Si yo entrego mi corazón, ya hay esperanza. A mí esta canción me rompe por completo.

-¿Y si lo ofrece y se lo parten?

-Da igual, uno tiene que superar que pueda pasar eso. ¿Vamos a dejar de ser honestos por miedo?, ¿vamos a dejar de intentar relacionarnos con sinceridad por miedo?, ¿vamos a dejar de darnos a los demás sin prejuicios por miedo? ¿Qué quedará entonces, cuando los miedos nos puedan? Para sobrevivir en este tiempo todos utilizamos, más o menos, un caparazón, porque es cierto que la sensibilidad a flor de piel lo que consigue, aparte de cosas hermosas, es también hacer sufrir mucho a la gente; pero hay que arriesgarse, no resguardar demasiado tu piel.

-¿Les sigue llamando a sus hijos Alba y Álvaro «mis pequeños tesoros»?

-[Risas] Alba tiene ya 25 años, y Álvaro tiene 18 años...; pero sí, de vez en cuando [risas].

-¿Un recuerdo imborrable?

-No hay un instante más dichoso y mágico como ese momento en el que sientes una nueva vida latiendo dentro de ti.

-¿Qué ha comprendido?

-Con los años, que la felicidad consiste en dar, entregar, compartir y, a pesar de todo, amar.

-¿Qué no le da miedo?

-Ni los rayos, ni los truenos.

-¿Se tiene algo prohibido?

-Me tengo totalmente prohibida la rutina. Y, lejos de toda rutina, procuro que cada nuevo concierto sea para mí, como decía Enrique Iglesias hace ya mucho tiempo, ¡una experiencia religiosa! [Risas]

-¿Nada nostálgica?

-Nada, y además me alegro de no serlo porque no creo que la nostalgia sea buena. No merece la pena malgastar energía en el pasado, la necesitamos para utilizarla en el presente.

-¿Cómo se ha portado la vida?

-¡Tampoco le pido yo tanto a la vida, la verdad! Pero creo que se ha portado bien conmigo.

-¿Qué tiene comprobado?

-¡Por favor, que no me falte la salud!

-¿Qué sigue siendo?

-Luchadora. Y menos mal, porque, con todos los cambios que estamos viviendo, me encuentro con muchas personas a las que les pasa lo que a mí: si no muevo yo mi rueda, no la mueve nadie.

-¿Y en cuanto a las cosas que un día fueron importantes y que se han ido quedando en el camino?

-Si no están ahora es porque no tenían que continuar estando. Yo le hago mucho caso a la vida, que me regala muchas cosas; y si algunas me las quita, es porque no tienen que estar. Estamos en sus manos, confío mucho en ella.

-¿Qué tal su infancia?

-Muy curiosa, porque se repartió en Francia primero, una etapa de la que apenas tengo recuerdos, y después en Yecla, que en ese momento era muy pueblo y eso para los niños tenía muchas ventajas: pasar tanto tiempo en la calle con tus amigos, los vecinos que se conocen y se ayudan unos a otros, las noches de verano en las puertas de las casas, tomando el fresco; también las golondrinas y las lagartijas forman parte del paisaje de mi infancia.

-¿Con qué soñaba de niña?

-[Risas] Yo quería ser como Nadia Comăneci [la gimnasta rumana que conquistó nueve medallas olímpicas, cinco de ellas de oro].

-¿Pero hacía algo encaminado a lograrlo?

-¡Qué va, nada en absoluto! Pero me parecía maravilloso todo lo que ella hacía. Siempre me ha parecido fascinante la cantidad de cosas estupendas que la gente es capaz de hacer.

-Usted canta de maravilla, tiene ese don.

-Yo es que nunca he tenido conciencia de eso, siempre he vivido el hecho de cantar con mucha naturalidad y no como algo extraordinario. Estaba rodeada de gente que cantaba y, de hecho, empecé en un coro, donde todos cantábamos. Precisamente, cuando [el pasado domingo] hemos pasado por San Pedro del Pinatar [camino de Los Alcázares, donde actuó], me he acordado de que allí actuamos con un grupo que se llamaba Arabí, como la montaña que hay cerca de mi pueblo, que para mí es mágica. Nos presentamos a un concurso, interpretando una canción que se llamaba 'El capitán', y no ganamos.

-¿Dónde encuentra paz?

-En la meditación, por ejemplo. En el silencio. En la soledad. Y de verdad que funciona. Yo practico yoga desde hace años. Te ayuda a, por lo menos, intentar vivir con más calma, porque el día a día nos empuja a la rapidez, a ir cada vez a más velocidad. Y yo no tengo ya ganas de ser la primera en llegar a la meta [risas].

-¿Qué es preferible?

-Estar vivo y sentir, aunque te duela, que no sentir y vivir como si estuvieses muerto.

-¿Qué tolera mal?

-La idiotez ajena a veces me irrita demasiado, ya no tengo edad ya para aguantar según qué cosas.

-¿Por ejemplo?

-La mala educación.

-¿Y qué hace?

-Doy media vuelta y me voy. ¿Por qué ser maleducados si todo se puede decir educadamente? Y esa mala educación la veo en demasiadas personas, creo que en parte por la influencia negativa de lo que lamentablemente se ven en los medios: el griterío, el todo vale, el no cuidar las maneras. Todo eso nos hace peores.

-¿Ha tenido usted alguna experiencia paranormal?

-... no, aunque creo que hay muchas cosas que no vemos y que existen. Fíjese: el pensamiento jamás lo hemos visto y, sin embargo, nos acompaña constantemente. Soy una pobre mortal que no entiende muchas cosas de las que hay y suceden en el universo. No me cierro a ninguna posibilidad, y mi curiosidad es infinita.

No callarse

-¿Hay un Más Allá?

-No pienso que esta vida sea la última frontera, como tampoco que nuestro mundo sea el único mundo habitado de todos los universos posibles. ¿No le parece que creer lo contrario implica mirarse demasiado el ombligo? Esta vida es un tránsito. ¿Hacía dónde? Ahí ya me pierdo.

-¿Lo ha tenido usted más difícil en la vida por ser mujer?

-Sí, claro, creo que esa es la experiencia de prácticamente todas nosotras. Generaciones enteras en las que se daba por hecho que había que callarse, que teníamos que estar calladas. Yo hace ya tiempo que me di cuenta de que callada, ni bajo el agua; solo me callo si no tengo nada que decir, pero desde luego no por el hecho de ser mujer o de que se espere que yo no diga nada.

-¿Se declara feminista?

-El feminismo no puede nunca buscar el enfrentamiento con el hombre, porque entonces caería en el mismo error en el que ha caído el machismo durante milenios. Creo que las feministas bien entendidas y no radicales -en todos los movimientos hay radicales que distorsionan lamentablemente el mensaje-, solo pedimos algo que es de justicia: la igualdad entre hombres y mujeres en derechos y deberes. Y que no se discrimine: no me discrimines ni por mi sexo, ni por mi raza, ni por mi edad, ni por mi condición.

-¿De qué placer diario no se priva usted?

-¡De dormir! De los demás creo que me privo de casi de todos, pero de dormir no puedo [risas].

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