ESTÍO A LA MURCIANA

Noelia Illán: «Pensé: '¡Ay, qué maravilloso debe ser tener esclavas!'»

Noelia Illán, poeta, autora de 'Volver a brindar con extraños'. / carolina illán conesa
Noelia Illán, poeta, autora de 'Volver a brindar con extraños'. / carolina illán conesa

«En Estambul, soy otra muchísimo más guapa. Esa ciudad me tiene sobrecogida por completo», afirma la filóloga clásica y poeta

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Estos versos se leen en 'Volver a brindar con extraños', el poemario con el que ha ganado el II Premio 'La Montaña Mágica Librería': «Como si de un buen vino se tratara, / ese licor de uva que infecta tus sentidos: / tenme tuya a la temperatura exacta, / elige bien las copas, / cristal fino, luz tenue. / Que toque entonces Holiday. / Luego, descórchame pronto. / Pero, antes de servirte, / déjame respirar». Noelia Illán (Cartagena, 1983) es de todo menos insípida. Es provocación y beso(s). Discípula inmoldeable del -¡palabras mayores!- poeta cartagenero José María Álvarez. Otro poema ganador dice así: «Odio cuando alguien dice, / en cierta escena / sentimentalmente potente, a veces de reconciliación: / 'Coge el teléfono... Sé que estás ahí...'. / Odio esas escenas, pero / coge el teléfono... Sé que estás ahí».

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -Estambul.
2
-¿Una canción? -'Las consecuencias', de Enrique Bunbury.
3
-Un libro para el verano. -'Museo de cera', de José María Álvarez.
4
-¿Qué consejo daría? -Honestidad con uno mismo.
5
-¿Cuál es su copa preferida? -'Gin-tonic', ¡sin lechuga!
6
-¿Le gustaría ser invisible? -No.
7
-¿Un héroe o heroína de ficción? -Batman.
8
-Un epitafio. -«Durmió tranquila cada noche».
9
-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Niña.
10
-¿Tiene enemigos? -Sí.
11
-¿Qué detesta más? -La estupidez.
12
-¿Un baño ideal? -En un 'hamman'.

-¿Qué tuvo claro?

-¡Yo, funcionaria! Me pasé años trabajando como una loca en una pizzería y limpiando casas, y me harté de malvivir y de terminar el día molida. Y me dije: «¡Yo, funcionaria!». Me preparé una oposición y aquí estoy, de profesora de Latín y Griego, feliz como una perra.

«La extinción no estaría tan mal. Se extinguieron los dinosaurios, ¿por qué nosotros vamos a ser más que ellos, es que estamos tontos o qué?»

-¿Bien con sus alumnos?

-Soy buena profesora, vamos a dejar las cosas claras. Actualmente, algunos de mis mejores amigos fueron en su día mis primeros alumnos.

-¿Por qué dice usted que le gustaría ser un lobo?

-Me gusta mucho el rollo manada, siempre la he ido buscando: para sentirme querida y también para ejercer yo de madraza, que me pone mucho [risas]. Soy muy muy de cuidarlos mucho a todos. Pero mi manada es reducida, ¡eh!

-¿Apasionada?

-¿En el amor? Juzgue usted: con mi última pareja me prometí a las dos semanas de conocerlo.

-¿Qué tiene por costumbre?

-Ser amiga de todas mis exparejas; uno de mis exnovios, por ejemplo, es mi mejor amigo. Tiene las llaves de mi casa y conoce mis claves del banco.

-¿Cómo lo consigue?

-Dejando la relación antes de que ya se esté yendo a la mierda. Tienes que tener los cojones de decir: «Todavía te quiero, y como no quiero dejar de quererte, vamos a dejarlo antes de que acabemos mal».

-¿Usted cómo es?

-Soy muy misántropa, aunque pueda parecer muy social. Me gustan los ambientes privados e íntimos. Sé que parezco muy dura, a propósito, pero no lo soy; y el no serlo ya no es a propósito.

«No le voy a decir lo que me he propuesto hacer, porque soy una señora... [risas]»

-¿Muy dura a propósito?

-¡Pues claro, una tiene un nombre y una imagen que cuidar! [Risas] ¿Por qué cree que luzco media cabeza rapada y llevo este rollo bollera y tanto tatuaje encima? ¡Pues porque me gusta mucho provocar!

-¿Quizá con algún fin, digamos, superior? [Risas]

-[Risas] Sin provocación no avanza el mundo. ¿Por qué no puedo ser una tía culta amante de los autores clásicos y llevar media cabeza rapada?, ¿por qué no puedo tener 34 años y que mis amigos tengan 18 años?

-Por mí, como si los quiere tener de 13 años, incluso de menos. ¿Qué es una verdad verdadera?

-[Risas] Soy la misma que cuando tenía 15 años. He cambiado algo de cara a la galería, pero sigo pensando igual.

-¿Qué es lo que quiere?

-Quiero reírme muchísimo, eso sobre todo. Y disfrutar de todo lo que nos ofrece el planeta. ¡Y viajar a todos lados! Desde que era muy pequeña quería ver el mundo. También quiero vivir estando lo menos posible sujeta a lo preconcebido.

-¿Es fácil herirle?

-Con la mentira se me hiere, porque eso es algo que insulta a mi inteligencia. Cuando nos mienten, intentan tomarnos por tontos. También se me hiere con la indiferencia, porque no me gusta que no me hagan caso. Me gusta saber que ocupo un lugar especial en la vida de alguien a quien yo aprecio.

-¿Qué tiene comprobado?

-Que en Estambul adquiero un color especial, eso no falla. En Estambul, soy otra muchísimo más guapa. Esa ciudad me tiene sobrecogida por completo.

-¿Qué no aguanta?

-La estupidez humana no la soporto. Y vivimos un momento de una gran estupidez: todo tan reglado, las modas, los 'influencers', la corrección estúpida en el lenguaje, las pantallitas, la incultura, tanto tonto en puestos de responsabilidad, la gente encantadísima de haberse conocido...; en fin.

-¿Qué le resulta ridículo?

-Soy filóloga y sé muy bien lo que digo: es muy absurdo y ridículo estar todo el rato con el 'todos y todas', 'amigos y amigas', 'petardos y petardas'...

-¿Qué fue un acierto?

-Mis padres hicieron algunas cosas bien antes de divorciarse: en mi casa, mi padre y mi madre se repartían las tareas domésticas a partes iguales. Los dos trabajaban fuera de casa, y eso lo tenían muy claro. Y recuerdo a mi padre diciéndome: «¡Noe, ven que te voy a enseñar a poner un taladro! Cuantas más cosas sepas hacer por ti misma, mucho mejor». Nunca he pensado que la figura masculina me tenía que proteger. Siempre me he sentido igual que un hombre; con vagina, claro, pero no creo que haya diferencias importantes entre un hombre y una mujer.

-¿Qué no tiene?

-Instinto maternal. Y casi que me alegro, porque tener hijos es una responsabilidad tremenda. Yo ayudé en la crianza de mis hermanas, y eso me marcó. Todavía hoy, con la gente que quiero me pongo a veces muy pesada y muy absorbente.

«Soy un trozo de pan»

-¿Qué es usted aunque no lo parezca?

-Soy un trozo de pan y lloro incluso con los anuncios de la ONCE, pero no se lo debería decir, ya sabe, para no romper esa imagen de tía fuerte que no llora jamás por las noches sola en su casa. [Risas]

-¿Sagrado qué es?

-Espero no traicionar jamás a un ser querido.

-¿Cuál es su precio?

-Lo tengo seguro y estoy abierta a propuestas.

-Dígame algunos versos que le gusten.

-De José María Álvarez: «Oigo los hierros de la 'Iliada'». De Enrique Bunbury: «El pulso sin descanso». Y uno mío: «Los animales buscan el oro». Mi próximo tatuaje será este verso.

-¿Dónde se esconde?

-En mi casa, con mis perros.

-¿Qué le encanta?

-Todo lo paranormal, porque soy súper 'Cuarto Milenio'; pero al mismo tiempo me da un miedo que te cagas. La noche en la que me enteré que había muerto [el escritor murciano] Paco Miranda, me emborraché muchísimo y tuve la sensación de que hablaba con él, una sensación muy real en la que he pensado muchas veces. Menudo flechazo cuando lo conocí: '¡Te como, te amo!'. Fue la primera vez que me enfrenté a la muerte de alguien tan especial para mí.

-¿Qué es una gran verdad?

-Que se me empiezan a caer ya los brazos y las tetas.

-¿Qué salvaría usted del mundo en llamas?

-Todos los libros escritos por [el poeta cartagenero] José María Álvarez.

-¿Qué debe ser un horror?

-La soledad no buscada.

-Dice Javier Mariscal: «Sueño con señoras estupendas que se vuelven locas por mí».

-¡Señoras loquísimas, con collares de perlas, todas muy lubricadas...! [Risas] ¡Es listo el tío!

-¿Siempre qué?

-Siempre Roma.

-¿Un deseo?

-Mirar atrás y ver que no me he equivocado en las últimas decisiones que he tomado.

-Dice [el alcalde de Murcia] José Ballesta: «Practico el ayuno».

-A mí me encanta hacer promesas, me ponen a prueba. He celebrado el Ramadán cuatro años, y la Cuaresma otros tres, y he ayunado muchas veces y he dejado de fumar por temporadas también para retarme.

Honestidad

-¿Qué nos espera como especie?

-La extinción no estaría tan mal. Se extinguieron los dinosaurios, ¿por qué nosotros vamos a ser más que ellos, es que estamos tontos o qué?

-¿Su escala de valores?

-Honestidad, verdad, respeto.

-¿Qué se ha propuesto hacer este verano?

-No le voy a decir lo que me he propuesto hacer, a ser posible cuantas más veces mejor, porque soy una señora [risas]. O sea, follar.

-¿Qué no hace ya?

-Ya no juego al baloncesto.

-¿Cómo ve esta Región?

-La veo vieja, hay que ir poniéndole ya alguna pluma o algo. Estancada, enquistada. Hay que abrirse al mundo. Yo no creo en las banderas, ni en las fronteras, ni en los nacionalismos, ni en las chorradas del tipo 'Murcia, qué hermosa eres!'.

-¿De qué es consciente?

-De que hay mucha gente a la que no le gusto. Yo soy muy gitana, me he criado entre gitanos en Los Dolores de Cartagena, y cuando alguien me ha hecho daño y no he visto después arrepentimiento, le he echado la cruces.

-¿Qué se volvería dejar hacer?

-¡Lo sé! Que esas mujeres fantásticas de Estambul que trabajan en los 'hamman' vuelvan a lavarme la cabeza y a frotarme todo el cuerpo. Recuerdo que, extasiada, pensé: «¡Ay, [risas] qué maravilloso debe ser tener esclavas!».

-¿Qué han conseguido?

-Que mi casa sea un lugar muy agradable para estar, pese a que está llena de recuerdos que me he ido trayendo de mis viajes y de miles de cosas de todo tipo que acabarán echándome de ella.