«Soy Paco Esparza, un señor de Murcia»

Paco Esparza, en su domicilio de Murcia. / Javier Carrión / AGM
Paco Esparza, en su domicilio de Murcia. / Javier Carrión / AGM

Paco Esparza, traumatólogo y presidente de la Sociedad para el Avance de la Cineantropometría

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Quien lo conoce, lo sabe: Paco Esparza (Murcia, 1957) solo hay uno. Un ciclón de energía y humanidad que llega siempre de frente. Traumatólogo de prestigio y profesor distinguido de la UCAM, por sus manos han pasado deportistas de élite como Alejandro Valverde, que lo adora.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-La terraza del camping de El Berro, en Sierra Espuña.
2 -¿Una canción?
-'El 7 de septiembre', de Mecano.
3 -Libro para el verano.
-'Los renglones torcidos de Dios', de Luca de Tena.
4 -¿Qué consejo daría?
-Haz el bien donde vayas.
5 -¿Cuál es su copa preferida?
-Margarita.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-Puntualmente.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Don Quijote y Sancho.
8 -Un epitafio.
-«Intenté hacerlo lo mejor que pude».
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Alguien que sirve de ayuda.
10 -¿Tiene enemigos?
-No creo.
11 -¿Qué detesta más?
-El reproche.
12 -¿Un baño ideal?
-En mi pequeña alberca.

-¿Qué es usted?

-Soy un culo inquieto. Siempre activo mentalmente y entregado a mi trabajo, que es mi pasión. Desgraciadamente, no sé parar. Y también soy demasiado espontáneo, por lo cual de vez en cuando me regaña mi mujer [María], que es un cielo [risas].

«Todavía pienso que los Reyes Magos vienen de Oriente, de verdad que sí lo pienso muchas veces. Soy ingenuo, sí. Prefiero serlo, vivo más feliz»

-¿Qué reconoce?

-En el mundo de la medicina del deporte se me conoce por ser un tío que, cuando dice «esto es verde» o «esto es blanco», las posibilidades de que acierte son muchísimas. Y eso hace que mi nivel de exigencia conmigo mismo sea ilimitado.

-¿Qué no hace?

-No voy por ahí vendiendo mi película, ni mi libro, ni preguntando 'qué hay de lo mío'. No me he preocupado de buscar protagonismo. Yo soy un tío currante; pero, ¡ojo!, también sé que tras el trabajo bien hecho llegan las recompensas.

«Yo soy una persona que tiene un sexto sentido, soy muy intuitivo. Es mi parte de mujer»

-¿De qué tiene la suerte?

-No me falta el trabajo, gracias a Dios. Decidí no ejercer la medicina en el sistema público de salud, aunque creo en lo público absolutamente, por filosofía personal. Me puedo permitir dedicarle a cada paciente todo el tiempo que yo crea que necesita. Cuando pasaba consulta en la pública, la señora de la limpieza terminaba echándome dándome amablemente con la escoba. Me lancé a la aventura de la medicina privada. Yo, ahora, si no vienen los pacientes no como.

-¿Cómo se siente?

-Un librepensador. Siempre lo he sido. Un librepensador sin doble cara, yo soy transparente.

-¿Y físicamente?

- Si juzgamos por lo que se ve, pues estoy gordo, claro [risas], pero me encuentro muy potente físicamente. Y de cabeza, fenomenal.

«Si juzgamos por lo que se ve, pues estoy gordo, claro [risas], pero me encuentro muy potente físicamente. Y de cabeza, fenomenal»

-¿Usted de qué va?

-Yo voy por la vida de señor de Murcia. Yo soy un señor de Murcia. Pero mis padres son de Balsapintada, del Campo de Cartagena, y de eso tampoco me olvido. Mi familia, muy humilde, ha sido el mejor ejemplo de vida para mí. Y no solo mis padres, ahí está también mi tía Pepita, que tiene 91 años y todavía conduce, y que en el mundo de los marginados y de los pobres es muy querida y toda una institución porque siempre está pidiendo para ellos. A mí, cada vez que me ve me despluma [risas].

-¿Qué le ha venido bien?

-Yo me he relacionado con gente muy importante, con la élite de la nobleza y del deporte, y con gente de lo más humilde, que es la que de verdad te enseña 'mundología'. Y puedo decirle de corazón que, para mí, todas las personas son igual de importantes.

-¿Le gustan los halagos?

-A ver, claro que me gusta que me digan: '¡Paco, vales mucho!'. Pero solo muy de vez en cuando. Además, me sigo poniendo colorado cuando me lo dicen.

-¿Qué ha llegado a hacer?

-Cuando era un fumador empedernido, a la gente le extrañaba que yo, en cuanto me colocaba la bata blanca, pudiese pasarme sin fumar un montón de horas. Me meto en la consulta y no salgo ni a hacer pis. Me pasaba de las nueve de la mañana a las tres de la tarde sin echar ni un cigarro. Luego salía, me quitaba la bata blanca, y a fumar.

-¿Siempre quiso ser médico?

-Siempre. Me preguntaban con cinco años: '¿Tú qué quieres ser de mayor, niño?'. Y yo: '¡Médico!'. Eso, en la época en la que los que estudiaban Medicina eran los hijos de los médicos. Y mi madre se dedicaba a sus labores, y mi padre conducía un camión y era agricultor.

-¿Con qué disfruta usted también mucho?

-Con la docencia. Llevo veinte años de profesor en la UCAM, y tan feliz. Me emociono con la docencia, a veces me dan como subidones de placer dando clase [risas]. Soy muy duro y exigente, les doy caña a los alumnos, les hago pensar, y me valoran y me quieren.

-¿Qué les dice?

-[Risas] Cuando me presento el primer día, les digo: 'Tengo cuatro personalidades: aquí soy el profesor Esparza, en mi consulta el doctor Esparza, para mis amigos Paco Esparza, y cuando me voy de fiesta no sé ni cómo me llamo'. Yo intento también ser para ellos un ejemplo con mi vida: serio, exigente, puntual, cumplidor, y también humano. Me gusta ayudar a otros a crecer.

-¿Qué le ronda por la cabeza?

-Me gustaría tener algo de tiempo para mí. El tiempo vuela. Yo he cumplido 60 años, y puedo decirle que la década más bonita de mi vida ha sido esta última. Pero no tengo tiempo para mí, ni para hacer deporte, ni para cuidarme, ni para estar tiempo en el monte, que me encanta...; mi agenda de trabajo es dura y difícil, no le engaño. Y me gustaría saber optimizar el tiempo para, sin renunciar por supuesto a, incluso, seguir mejorando la calidad asistencial, disponer de más tiempo para mí. Tengo un buen amigo médico mexicano, Román, que ahora mismo está luchando con un problema de salud muy serio, que estuvo un mes aquí, en Murcia, conmigo haciendo una estancia. No se despegaba de mí ni un minuto, y no se acostó conmigo porque yo no lo dejé [risas]. Era mi polo opuesto: muy reservado, poco expresivo... Un día me dijo: 'Tú eres un espectáculo, como médico y profesor, pero ¿cuándo vives, cuándo tienes tiempo para ti?'.

-¿Hay un Más Allá?

-Seguro. Yo vengo de una familia cristiana. Cuando siendo niño me iba con mi padre en el camión, para hacer turismo [risas], siempre paraba en algún pueblo para escuchar misa. Lo primero es lo primero. Ya le digo que a los Esparza nos gusta entregarnos a los demás.

Intentarlo

-¿Con qué está de acuerdo?

-Con lo que dice [el también prestigioso traumatólogo] Pedro Guillén: 'El que es bueno, pero deja de intentar ser siempre un poco mejor, enseguida dejará de ser bueno'.

-¿Qué le gustaría?

-Viajar por placer. He viajado mucho, pero casi siempre por motivos profesionales.

-¿Qué más es un placer?

-Estar en plena naturaleza, en mi casa de El Berro, en Sierra Espuña, rodeado de mi familia y amigos. Eso es para mí un lujo asiático, sobre todo cuando me puedo permitir dejar el móvil a un lado y desconectar.

-¿Qué no aguanta?

-Escuchar eso de 'qué más da', 'qué más da', la despreocupación por todo, el que se hagan las cosas de cualquier manera.

-¿A veces qué hace?

-Pedir perdón si tengo que hacerlo. Me equivoco como todo el mundo. A mí, el gestor de la clínica en la que trabajo me ha llegado a decir: 'Paco, ¿es que operas a los pacientes en la consulta?'. Por el tiempo que estoy con ellos. Me entrego, pero alguna vez que otra no he podido más y reconozco que con alguno me he pasado un poco. Recuerdo a una paciente a la que, mientras yo estaba explicándole las cosas con toda la paciencia del mundo, ella seguía totalmente obsesionada con lo que le decían los demás que le pasaba y no le pasaba. Y dale que te pego. Me harté. Al final, se lo expliqué: 'Mire, no le infiltro, que no me da la gana, ¡perdóneme pero es que me está usted chupando la sangre, es usted una energía negativa!'. ¡Por favor!, yo me dejo el culo por los pacientes, pero, si no te escuchan, ¿qué puedo hacer? La mujer volvió a la semana siguiente y me reconoció que le había venido genial todo lo que le dije, que le había servido para darse cuenta de que estaba muy equivocada.

-¿Para qué tiene habilidad?

-Tengo una sensibilidad extraordinaria para explorar con las manos. Percibo y detecto muchas cosas. Siempre digo que a mí se me escapan pocas cosas. Todo hombre tiene algo de mujer, y toda mujer tiene algo de hombre. En cuanto a intuición y sexto sentido, nosotros somos un cero a la izquierda. Sin embargo, tu mujer pasa por tu lado y, sin que tú hayas ni tosido, va y te dice: '¡Ya la has hecho!'. Y tú: '¡Ya me ha pillado, pero qué listas que son!'. Bueno, pues yo soy una persona que tiene un sexto sentido, soy muy intuitivo. Es mi parte de mujer.

-¿Qué sabe?

-Que me puedo morir mañana. Y no me apetece, también se lo digo.

-Dolor, ¿qué le causó?

-El engaño de algún amigo, pero en todo intento ver el lado positivo.

-¿Qué buena decisión tomó?

-Hace cuatro años, me retaron a ser secretario general de una asociación internacional [Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría (ISAK)]. Y como soy Paco Esparza, un señor de Murcia, me dije: '¡Vamos a por ello!'. Éramos entonces 800 miembros, y hoy somos 16.000 miembros.

-¿Qué tiene comprobado?

-Que yo no me hago trampas ni a mí.

-¿Usted qué no entiende de ninguna manera?

-No entiendo a la gente que va por la vida haciendo el mal. Yo todavía pienso que los Reyes Magos vienen de Oriente, de verdad que sí lo pienso muchas veces. Soy ingenuo, sí. Prefiero serlo, vivo más feliz.

-¿Dormilón?

-No sé lo que es eso. Yo duermo dos horas y estoy bien, ¡y limpio, eh! Porque yo no he tomado en mi vida más estimulantes que la Coca-Cola y el café. A mí lo que me engancha para estar despierto es el sentido de la responsabilidad.

-¿Tiene palabra?

-Mi palabra va a misa.

-¿Qué no aconseja?

-No intentes morderme. Sé defenderme. Mi parcela la defiendo si me atacan.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-A todos nos ha parido una mujer.

-¿Qué le apetece mucho hacer?

-Viajar a México a final de año con mi mujer para ver a Román. Recuerdo cuando, en un viaje anterior, me invitó a su casa a cenar con su familia. De pronto, me encontré cenando, en el jardín de su mansión, con... ¡sesenta comensales! Sesenta comensales para recibir al murciano. No faltó ni un grupo de mariachis animando la velada. Qué espectáculo: la comadre de Román me sacó a bailar y yo, Paco Esparza, un señor de Murcia, me puse a bailar como un condenado.

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