«Los músicos son héroes»

Música y chocolate. Lúa Ríos y Carlos del Amo, en el café y tienda de chocolates Bombón, abierto el pasado febrero en Madrid. / alberto ferreras
Música y chocolate. Lúa Ríos y Carlos del Amo, en el café y tienda de chocolates Bombón, abierto el pasado febrero en Madrid. / alberto ferreras

Lúa Ríos y Carlos del Amo forman el grupo indie Gold Lake y venden chocolate artesanal. «La diferencia con el del súper es abismal»

ANTONIO PANIAGUA

Lúa Ríos y Carlos del Amo son parte del grupo Gold Lake, una banda de música indie cuyos miembros están repartidos entre España y Estados Unidos. Lúa (Luna en gallego y portugués) es la musa de la canción del mismo nombre que compuso a principios de los ochenta Miguel Ríos, su padre, un tema que hablaba de una criatura indómita. Carlos es socio del bar de copas Tupperware, un local mítico de la noche madrileña con base en el barrio de Malasaña. En los años de la Movida, quien estuviera en el ajo debía frecuentar La Vía Láctea y el garito propiedad de la familia Del Amo. Allí se podía ver a Marilyn Manson, quien, pese a su temible apostura, era un tipo encantador que dejaba buenas propinas. En febrero abrieron Bombón, una tienda de chocolates de todas las partes del mundo, desde Perú a Santo Tomé, que sirve también cafés y helados veganos.

- ¿Le molesta que le identifiquen como la hija de Miguel Ríos?

- Lúa Ríos: A ver, no es que me moleste, porque estoy orgullosísima de mi padre, pero la gente te trata de forma diferente, ya no te ve a ti, sino a la hija de alguien. En España, además, la gente es muy cotilla. Para hacer música resulta muy difícil. Una vez, yendo de gira por los pueblos, en el póster nos anunciaban como el grupo de la hija de Miguel Ríos, ni siquiera ponía el nombre de la banda. Además, musicalmente no tenemos nada que ver.

- Carlos del Amo: Cuando teníamos el grupo Balboa, uno nos gritó: 'Cántate una por Sabina'.

- ¿Cómo se conocieron?

- L. R.: Coincidimos en el Tupperware. Yo tenía un grupo de amigos que iba mucho por allí. Carlos era el portero, era muy guapo y tocaba la guitarra en una banda que a mí me encantaba, Los Nitros, de surf instrumental.

- Del barrio han desaparecido muchas salas de música en directo.

- C. A.: Les tienen muy puteados. A mí me dan mucha pena las salas de música en vivo, sufren muchas restricciones. Tampoco se informa a la gente. En Brooklyn, donde hay zonas con una vida nocturna muy potente, cuando alguien compra un apartamento se avisa a los nuevos propietarios de que abajo hay un local de ocio nocturno.

- L. R.: Los grupos que hacen música en directo en España son unos auténticos héroes. Hacer música aquí es chunguísimo. En Madrid hay menos salas de conciertos que en Groningen, que es un pueblo de Holanda.

- Ser portero a principios de los 90 en un local de copas en Malasaña sería de todo menos un oficio tranquilo.

- C. A.: Era peligroso, pero puedo decir con orgullo que en los cinco años que estuve como portero no hubo ninguna pelea, ninguna. Muchas veces los porteros generan violencia. Yo siempre estaba sonriendo, a mi bola, y cada vez que había un patoso, le cogía del hombro y en tono amistoso le decía: 'venga, vámonos para afuera'.

- ¿Viven de la música o sobreviven?

- L. R.: Sobrevivimos, como el 80% de la gente. En EE UU es algo más fácil.

'Del haba a la tableta'

-¿Cómo se les ocurrió montar una tienda de chocolates?

- L. R.: Queríamos montar algo que fuera diferente, no otro bar. Ahora existe un movimiento llamado 'Del haba a la tableta' ('bean to bar'), formado por empresas muy chiquitillas, de dos o tres personas, que compran directamente al productor y ellas mismas tuestan el cacao, lo muelen y empaquetan el chocolate, todo hecho de forma muy artesanal. La diferencia entre una tableta del supermercado y las artesanales es abismal.

- Gran parte del año la pasan en EE UU.

- L. R.: Es un país que admite todo; allí no vamos a contracorriente ni somos una marcianada. Aun así, Nueva York es una ciudad dura. Tienes que trabajar mucho porque todo es muy caro. Antes de que se aprobara el 'Obamacare', que cambió algo las cosas, el seguro médico para una persona de 30 años costaba más de mil dólares al mes. Tenemos amigos que no se habían hecho un análisis de sangre desde que se fueron de casa de sus padres.

- C. A.: Para ir al hospital la gente alquila antes un coche de Uber que una ambulancia, que cuesta una media de 5.000 dólares.

- ¿Tienen seguro médico?

- C. A.: No, nos hacemos chequeos antes de viajar.

- L. R.: Y otra cosa, nuestros amigos americanos, algunos con más de 35 años, aún están pagando la universidad, porque allí lo normal es endeudarse para sufragar los estudios. Es tremendo.

- Sé que les incordia que se lo pregunten, pero ¿por qué cantan en inglés?

- L. R.: El inglés es mi lengua materna, mi madre es inglesa. Mi inglés es igual de bueno, o de malo, que el español. De todas maneras, no comprendo por qué se ha de cantar en español por el hecho de nacer en España.

- C. A.: También es algo estilístico. El idioma cambia mucho la textura musical. El español condiciona mucho la estructura y el sonido de una canción.

Historia musical. Lúa canta y Carlos toca la guitarra. Antes formaron parte de Searchin' Detroit y We Are Balboa.

Madklyn. Son dueños del bar de copas Madklyn, acrónimo de Madrid y Brooklyn. Lo definen como «el hermano menor» del Tupperware. En él se juntan rockeros y 'millennials'.

La tienda más dulce. Lúa ha heredado de su madre, la diseñadora de ropa y traductora Margaret Watty, la devoción por el dulce. Carlos lo sabe todo sobre el café. En Bombón ofrecen chocolate a la taza y en tabletas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos