Carlos Pardo: «He leído mogollón de libros a la luz de las velas»

El pintor Carlos Pardo, junto a su casa en un paraje desértico de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM
El pintor Carlos Pardo, junto a su casa en un paraje desértico de Mazarrón. / Vicente Vicéns / AGM

Nacido en una familia de artistas que se remonta a finales del siglo XIX, el pintor e inclasificable artista murciano disfruta del verano en una casa de piedra que él mismo construyó en Mazarrón

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Le pregunto: «¿Por qué le llama a su gallo Don José?». Y me responde: «Al principio lo llamaba Pepe, hasta que lo vi follarse a las gallinas; ¡no hay otro igual en el mundo, qué espectáculo! Don José es mucho Don José». Y nos acercamos hasta donde están ellas para recoger sus huevos recién puestos. El pintor e inclasificable artista total Carlos Pardo (Murcia, 1970), se presenta así: «Nací en una familia de artistas iniciada por mi bisabuelo a finales del siglo XIX. Mi formación se desarrolla entre pintores y escultores, con mi abuelo el pintor y carrocista Carlos Gómez Cano en su taller -hoy mi taller-, asistiendo al maestro y a otros oficiales, pintores, carpinteros, cartoneros, herreros y demás oficios. Con mi padre, el escultor Pedro [Perico] Pardo aprendí mucho y estuve ayudándolo, hasta su muerte, en todas las labores: modelado, fundición, moldes, cincelado, pátinas, grabado, montajes de piezas, exposiciones y un largo etcétera. En estos dos talleres se desarrolla mi aprendizaje artístico, compaginándolo con los estudios y en contacto con numerosos artistas. En 1984 comienza mi andadura en solitario, en 1991 compro una finca abandonada y comienzo la construcción de mi casa-estudio [en un hermoso y perdido barranco de Mazarrón]. En 1999, tras 8 años de trabajo intenso y con la casa-estudio casi acabada, comienzo a pintar en serio y realizo mi primera exposición individual, donde secundo en un primer momento a los impresionistas para, posteriormente, en mis siguientes exposiciones, ir adentrándome a través del lenguaje 'cézanniano' en una línea más evolucionada, donde planos volumétricos y color construyen la dinámica formal».

-¿Dónde duerme?

-En una cama colonial de caoba, ¡la hostia!, traída a España desde Puerto Rico. Los dueños de un chalé la tenían muerta de risa, sin hacerle ni puto caso, y yo me la traje como pago por un trabajo que les hice [de albañilería].

«¿Para qué iba a estudiar yo Bellas Artes?, ¡que estudie Bellas Artes su puta madre!»

-¿Cuántas horas?

-Pocas. En cuanto canta Don José, arriba. Me encanta el fresco de la mañana.

-¿Qué no tiene usted?

-Zagales. Me gusta estar tranquilo, ir por libre.

-¿Cómo era su padre?

-Muy artista, pero un personaje muy complicado. Yo le he querido mucho y he trabajado durante años a su lado en el taller. Era mi mejor amigo, pero ya le digo que era un personaje muy loco, que lo mismo se paseaba por Murcia montado en un caballo, que me decía: '¡Súbete a la moto!'. Y nos íbamos Dios sabe dónde. Luego tiraba la moto al río, así, sin más, y nos volvíamos andando para casa. Era un loco maravilloso, una bomba creativa, verlo trabajar era la hostia.

1 -¿Un sitio para tomar una cerveza?
-En el muelle pesquero de Mazarrón.
2 -¿Una canción?
-'Viramundo', cantada por Maria Bethânia.
3 -Libro para el verano.
- 'La Eneida', de Virgilio.
4 -¿Qué consejo daría?
-¡No te creas muy listo!
5 -¿Su copa preferida?
-Un cubata.
6 -¿Le gustaría ser invisible?
-No, qué va.
7 -¿Un héroe o heroína de ficción?
-Áyax (héroe de la mitología griega).
8 -Un epitafio
-'Dejadme tranquilo'.
9 -¿Qué le gustaría ser de mayor?
-Yo qué sé.
10 -¿Tiene enemigos?
-Creo que no.
11 -¿Lo que más detesta?
-La dejadez, el trabajo mal hecho.
12 -¿Un baño ideal?
-En el agua de lluvia del aljibe que me construí yo mismo.

-¿Qué tiene claro?

-Yo tenía que explotar por algún lado como artista. Tengo el oficio de escultor de mi padre, y el de pintor de mi abuelo. Soy Carlos Pardo Gómez, artista por las dos ramas de la familia, y con una madre que dibujaba de cojones. Así es que ¿para qué iba a estudiar yo Bellas Artes?, ¡que estudie Bellas Artes su puta madre! Yo lo que quería era largarme por ahí con mis colegas.

-¿Qué ha sido siempre?

-Un currante total. He trabajado de todo: en el campo, en los albañiles, colaborando con otros artistas, poniendo estufas, de todo. Desde niño he sido muy hiperactivo, y un flipado de los animales, de la naturaleza, de la ciencia.

-¿Era buen crío?

-A ratos buen crío, y a ratos un hijo de puta. Con mis padres separados, viviendo una puta locura con mi padre, rodeado de artistas... Yo, por respeto o por lo que sea, hasta que no se murió mi padre no me puse a pintar. Empecé en 1998, eso sí, directamente, sin gilipolleces; a pintar de verdad, no a hacer 'capullás'.

«Mi padre me decía: '¡Súbete a la moto!'. Y nos íbamos Dios sabe dónde. Luego tiraba la moto al río, así, sin más, y nos volvíamos andando para casa»

-¿Qué buena decisión tomó?

-No fumo, no bebo. Mandé el alcohol a tomar por culo. A mi primera cerveza me invitó el maestro [José María] Párraga. Antes, ya me había dejado el tabaco. Un día, dando martillazos a un hierro, sentí un dolor, un taconazo que te cagas, en un pulmón. El médico me dijo: '¡Es usted un gilipollas!'. Y se acabó, tiré el tabaco. Tengo mucha fuerza de voluntad.

Pedrizas

-¿Y el amor?

-Ahora estoy tranquilo y estable con Blanca, pero antes fue un disparate: tías muy majas y tías locas perdidas. Yo no soy fácil, mire donde me paso los veranos, ¿a ver a qué tía encuentras que se quiera venir aquí conmigo a pasar el verano? ¡Por mucho que le guste la lectura! Yo me puedo pasar más de doces horas al día construyendo pedrizas, todo el día con las piedras, cada una con su forma de ser.

-¿Y después qué hace?

-Ya de noche, me lavo las manos y me pongo al piano a tocar a [Johann Sebastian] Bach, a [Domenico] Scarlatti, a [Georg Friedrich] Händel. Aquí puedo pasarme horas al piano sin que ningún vecino me toque los cojones.

-¿Qué ha comprobado?

-Que la vida es muy jodida para mucha gente, que hay muy buena gente que se queda en el camino, muy buena gente que se va a la mierda. Y eso me duele, me jode.

-¿Hay un Más Allá?

-Se acaba todo aquí, eso está más claro que el agua. Son los miedos y todo eso los que no hacen pensar en otra vida...; pero ahí están los muertos, convertidos en cuatro días en unos pocos huesos.

-¿Qué lamenta?

-Estamos perdiendo facultades. Mientras se habla de la inteligencia artificial, por ejemplo, perdemos reflejos, intuición...; estamos perdiendo también habilidad para trabajar con las manos, y memoria. Y mucha gente no valora ya, con tanto internet y tantas redes sociales, la importancia del silencio, la belleza de los rayos del sol al caer la tarde, el sabor de la miel pura. La miel que yo como es oro puro, de mis propias colmenas. Y me siento en una piedra, en mitad de este barranco a disfrutar de la bruma que viene del mar, y es una locura.

-¿Viajar le gusta?

-Me dan igual los viajes relámpago. Yo me iría a la India a vivir cinco años, pero no puedo porque tengo a mi madre enferma, que además está cuidando de mi abuela, que acaba de cumplir 99 años. Y no le puedo decir: '¡Mira, nena, ahí te quedas porque yo soy un artista y viajar es muy guaaaayyy!'.

-¿De qué se está dando cuenta?

-De que estoy perdiendo vista por estar tantas horas al sol. No solo construyendo las pedrizas, sino cuidando el huerto, las vides, los almendros, cogiendo higos...

-¿Cocina?

-Arrocico, asaícos, guisos de todo tipo, y el pescado también me sale muy bueno.

-¡Sabe usted hacer de todo!

-También tengo mis pegas, ¡eh!

-¿Cuáles?

-No hay dios que me aguante, soy muy nervioso. Y me pongo encendido con la gente lenta.

-¿Qué no hace ya?

-He dejado de tocar la guitarra, que he tocado toda mi vida. He sido alumno de buenos guitarristas, y sé tocar todos los palos flamencos. Recuerdo que me colé con mi guitarra en una clase magistral que dio en Murcia Gerardo Núñez, y al final me señaló a mí para que lo acompañase. Ya no toco, no me gusta nada el rollo que está pillando el flamenco.

-¿Y el fútbol?

-El fútbol es un entretenimiento, en este mundo de mierda, para mucha gente. Yo no estoy de acuerdo con que cuando los hinchas de dos equipos rivales se dan de hostias, a la Policía que acude a poner orden la tengamos que pagar entre todos. ¡Que la paguen los clubes con los cuernos! Ahora, ver un buen partido me gusta, no digo que no.

-¿Qué recomienda?

-Hay que poner el alma en lo que haces, hay que hacer las cosas bien. Que se hagan de cualquier manera me toca mucho los huevos.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Que sus cuadros de bailarinas no son lo mejor que ha pintado [Edgar] Degas, que tiene una obra importantísima. Y lo gran pintor que es Lilyane Drillon, ¡madre mía! Estamos todos locos con Lucian Freud, vale, vale, está muy bien Lucian Freud, ¿pero habéis visto a Lilyane Drillon?

-¿Qué más?

-Virgilio es la hostia. Lo tenía pendiente y qué gusto da leerlo. Yo he leído mogollón de libros a la luz de las velas, pero ahora tengo luz, gracias a una plaquica solar y a la batería de un coche.

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