«Existe otra dimensión más allá de la muerte»

José Alonso, en la terraza de su ático en Cala Reona./ pablo sánchez / agm
José Alonso, en la terraza de su ático en Cala Reona. / pablo sánchez / agm

José Alonso, médico radiólogo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Lo dice muy serio José Alonso (Cartagena, 1967), médico radiólogo en el Hospital Virgen de la Arrixaca, profesor de la UCAM e investigador de experiencias cercanas a la muerte (ECM): «No estaría nada mal ser un mújol del Mar Menor». Mira a los peces a los ojos, mira los astros durante horas interminables, mira el corazón de las personas y le tiende la mano. Su ático con vistas a Cala Reona es un paraíso en la Tierra.

1
-¿Un sitio para tomar una cerveza? -En Cartagena, en el Club de Regatas.
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-¿Una canción? -'Un tiro al aire', de Camarón de la Isla.
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-Libro para el verano. -'Imperofobia y leyenda negra', de Roca Barea.
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-¿Qué consejo daría? -No me aconsejes, que sé equivocarme solo.
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-¿Cuál es su copa preferida? -Cerveza Desperados, con limón y hierbabuena.
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-¿Le gustaría ser invisible? -Por supuesto.
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-¿Un héroe o heroína de ficción? -Mortadelo y Filemón
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-Un epitafio. -«¡Nos vemos!».
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-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Un mújol del Mar Menor o una gaviota.
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-¿Tiene enemigos? -No creo.
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-¿Lo que más detesta? -La mentira.
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-¿Un baño ideal? -Cala Reona en octubre.

-¿Qué le ofrecieron?

-Nada más terminar la residencia en Estados Unidos, 400.000 euros por quedarme a trabajar en un hospital de allí como radiólogo.

-¿Por qué se volvió a España?

-¡Yo qué sé! La familia tira. Mi padre tenía una clínica radiológica aquí, me gustan los calamares de la zona de Cartagena. Los mejores sitios del mundo para vivir son California y el Mediterráneo, con la ventaja de que, por ejemplo, aquí en España, la sanidad la tenemos pagada.

-¿Qué es lo mejor?

-Si puede ser, lo mejor es tener una buena casa, una buena pareja, un buen jardín -como recomendaban los romanos antiguos- y una buena biblioteca. Junto a todo eso, también está bien tener entre cuatro y siete buenos amigos.

«Nada más terminar la residencia en Estados Unidos, me ofrecieron 400.000 euros [al año] por quedarme a trabajar en un hospital de allí» «Ayer vi un meteorito precioso que parecía que se iba a estrellar contra la Tierra»

-¿De qué se ha dado cuenta?

-Estudié Medicina en Pamplona. Allí me di cuenta de que la gente con más dinero no es la más feliz. Conocí a miembros de las grandes fortunas de España, algunos de ellos tomando pastillas contra la ansiedad y todo eso, en manos de psicólogos... Personas de estas que se van a África a cazar elefantes y leones.

-¿Usted no lo haría?

-¿Yo? Yo, cuando practico pesca submarina, le corto la cabeza a los peces para que no sufran. Los pesco para comérmelos, y les procuro una muerte rápida.

-¿Qué es lo peor?

-Que estamos perdiendo la empatía, la preocupación y el interés por nuestros semejantes. Cada día nos volvemos más egocéntricos, y eso nos llevará a la ruina total.

-¿Qué le vuelve loco?

-¡Observar a los animales! La mirada de una dorada -el otro día una me dejó bien claro mientras me miraba que no iba a permitir que la atrapase, y así fue- no es la misma que la de una lubina o un mújol.

-¿Qué es un delito?

-En la vieja Roma, uno de los mayores era no tratar bien a los padres. Estoy de acuerdo. Actualmente, lo más común es llevar a los ancianos al asilo, algo que nos debería llevar a reflexionar sobre la sociedad que hemos construido. Cuando veo a un chaval no levantarse para cederle su asiento a una señora mayor, por ejemplo, tengo claro que por ahí no vamos bien.

-¿De qué no se arrepiente?

-Además de Medicina, estudié Filosofía en Pamplona hasta tercero; he terminado las carreras de Geografía e Historia y de Historia del Arte y me faltan dos años para acabar Psicología. No me arrepiento del tiempo que empleo en conocer, en aprender, en escuchar, en observar, en estar alerta, en curiosear, en leer, en contemplar las estrellas.

-¿De dónde saca el tiempo?

-Es que no he tenido críos.

-¿Los piensa tener?

-[Risas] Mi novia y yo somos muy jóvenes para casarnos y muy mayores para tener hijos. ¡Ella es de La Aljorra!

-¿Qué suele hacer?

-Irme mucho por las ramas.

-¿De quién aprende?

-De los enfermos. Algunos me han dado unas lecciones imposibles de olvidar.

-¿Por ejemplo?

-En una ocasión le hice una ecografía a un paciente que tenía cáncer de páncreas y metástasis en todas partes. Cuando fui a hablar con él, le vi tan buena cara que me quedé muy sorprendido. 'No puede ser', pensé, pero si estaba el tío 'sembrao', si estaba el 'pobretico' para hacer un viaje... al Más Allá. Yo le pregunté que cómo se encontraba, y me respondió que muy bien, que estupendamente. '¿Y eso?', le insistí. 'Pues porque no me duele nada'. Yo seguí: '¿Usted es consciente de lo que tiene?'. Y me respondió: 'Perfectamente, tanto que me voy a meter ahora mismo en el cuerpo un bocata de calamares con anchoas'. Yo, ese día, también me comí un bocata de calamares con anchoas que me sentó fenomenal. También me dijo: 'De lo que más consciente soy es de que en este momento puedo ser feliz, y no estoy dispuesto a desaprovecharlo'.

-Y se murió.

-¡Claro que sí! ¿Y qué? Y a lo mejor yo me muero mañana, y usted esta tarde...

-...¿tengo que morirme yo primero?

-... o a lo mejor nos cae un meteorito.

-¿Un meteorito?

-Ayer vi uno precioso que parecía que se iba a estrellar contra la Tierra. Era tan precioso que, al principio, me asombró, pero finalmente me terminó acojonando.

-¿Qué otro paciente le dio una lección?

-Le hice una ecografía a un abuelo con cáncer que tenía 85 años. Cuando lo vi, no parecía tener más de 65 años. Le pregunté por su secreto y me dijo que no había más secreto que los 20 años que pasó en un campo de concentración en Rusia. Hablar con él fue una maravilla. Había logrado controlar, haciendo de la necesidad virtud, su subconsciente. Logró dominarlo, cuando generalmente es nuestro cerebro primitivo el que nos domina a nosotros. Existe algo clave: procurar no perder nunca la alegría.

-¿Cómo es usted?

-Un tío al que le encanta tocar la guitarra flamenca. Soy como todos, que estamos hechos de palillos y cañicas. Ruina. Somos tíos vulnerables, pero, cuando pasemos a otra dimensión, ya jugaremos en otra liga.

-¿Hay un Más Allá?

-Sí. Mi experiencia me dice que otra dimensión existe seguro. Existen cosas, tipo energéticas, que escapan a nuestro entendimiento, a nuestro conocimiento. Ahora, si esas cosas son extrafísicas solamente o tienen un componente espiritual, no lo sé; ni lo sé yo, ni lo sabe nadie. De lo que no hay duda es de que existen indicios fehacientes de que hay un Más Allá.

-Usted lleva tiempo estudiando las denominadas experiencias cercanas a la muerte (ECM).

-Sí. Experiencias de personas, en muchos casos con un gran equilibrio mental y una gran madurez personal, que han estado en otra dimensión.

-¿Es usted creyente?

-Sí, creo en Dios y sigo el culto católico.

-¿Qué experiencia ECM le impresionó?

-Hace 7 u 8 años, una enfermera que trabajaba en Oncología me dijo que había visto un caso espectacular. Un niño de 5 años con cáncer, ingresado pero que se encontraba estable, le dijo a su padre: 'Papá, hay unos niños que me han dicho que tienen muchos juguetes y que el miércoles que viene voy a poder jugar con ellos. ¿Me vas a dejar que vaya a jugar con ellos?'. El niño le dijo a su padre incluso la hora a la que se iría a jugar con ellos. Al miércoles siguiente, a la hora que el niño había dicho, falleció. Puede ser una casualidad, pero una casualidad que te remueve por dentro. Mi visión como científico me lleva a abrir una puerta y a seguir investigando.

-¿Qué era un placer?

-Después de las guardias en el hospital de Nueva York, un amigo y yo, cuando el tiempo lo permitía, nos íbamos a una cabaña en los bosques de Virginia, con un montón de cervezas, para disfrutar de unas tormentas espectaculares.

-¿Qué aprovecha?

-El atardecer para meditar contemplándolo.

-¿De qué procuró olvidarse?

-Yo pasé una EGB horrible.

-¿Por qué?

-Por los madrugones. Mi naturaleza es noctámbula, lo cual me viene muy bien porque me encanta observar las estrellas. ¿Ha visto cómo está ahora Marte de rojo? Hasta dentro de 17 años no lo volveremos a ver así de espectacular. Está más rojo que nunca.

Ver ovnis

-¿Qué estuvo bien de su infancia?

-Los veranos en La Azohía. Los domingos por la noche, de regreso a Cartagena por esas carreteras tan escarpadas, yendo los siete críos y mis padres en el coche, no había manera de que nos callásemos. Para lograrlo, mi padre nos 'amenazaba' con rezar el rosario, él era muy religioso, y mi madre nos proponía que mirásemos el cielo en busca de ovnis.

-¿Usted qué prefería?

-Yo rezaba para que se aparecieran los ovnis.

-¿Cómo ve esta Región?

-He vivido en cinco países y puedo decirle que esta Región es de las mejores zonas para investigar, para vivir, para todo. El problema es que no nos lo creemos y que somos unos dejados con nuestro patrimonio natural. Eso es cierto, pero también es verdad que somos hijos de la Reconquista y que aquí no venía precisamente lo mejor de Castilla. ¿Quién venía? Pues venía el 'perrugueo'.

-¿Qué está claro?

-Que más vale pedir perdón que pedir permiso, porque si te quieren te van a perdonar.

-¿Qué le dicen?

-Los residentes me dicen que parezco más joven. El secreto de todo en esta vida es el cariño; si tú quieres a la gente, ese cariño se te devuelve. Lo decía San Juan de la Cruz: 'Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor'.

-¿Por qué le tienen una vela encendida a una imagen del Padre Pío?

-Lola [su novia] es muy devota del Padre Pío, que es el mayor santo que ha tenido Italia. [Perteneció a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, fue famoso por sus dones milagrosos y por los estigmas que presentaba en las manos, pies y costado]. Este verano iremos de nuevo a ver su tumba, en San Giovanni Rotondo. Es un milagro andante. Los científicos alucinan. Lo sacaron de la tumba hace unos años y estaba perfecto.

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