José Gabriel Ruiz: «Me duele que Murcia sea la región 'pagafantas'»

José Gabriel Ruiz, en Lo Pagán. / enrique martínez bueso
José Gabriel Ruiz, en Lo Pagán. / enrique martínez bueso

«Formé parte de un grupo de la movida murciana de finales de los 80: Ciencia Moderna», confiesa el profesor de Derecho de la UMU y exconsejero del Gobierno de Alberto Garre

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Como por arte de magia, parece haber rejuvenecido. Está pletórico José Gabriel Ruiz (Jaén, 1966), profesor [asociado] de Derecho Constitucional de la UMU y técnico de la Comunidad Autónoma. Exconsejero de Presidencia del Gobierno de Alberto Garre [desde abril de 2014 a julio de 2015], su drástico abandono del PP causó conmoción. Hoy sigue acompañando a Garre en su nueva aventura política: el partido Somos Región.

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-¿Un sitio para tomar una cerveza? -El Chalé. En Cartagena.
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-¿Una canción? -'Flowers in the window', de Travis.
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-Un libro para el verano. -'Las hijas del capitán', de María Dueñas.
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-¿Qué consejo daría? -¡Vive!
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-¿Cuál es su copa preferida? -'Gin-tonic'.
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-¿Le gustaría ser invisible? -No.
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-¿Un héroe o heroína de ficción? -Mafalda.
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-Un epitafio. -[No me gustan los epitafios. Prefiero decir las cosas en vida]
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-¿Qué le gustaría ser de mayor? -Feliz.
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-¿Tiene enemigos? -Seguro que sí.
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-¿Qué detesta más? -La intransigencia.
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-¿Un baño ideal? -En La Llana.

-¿Cómo está?

-En un buen momento de mi vida. Enamorado, feliz. Me casé en febrero pasado [su segundo matrimonio] y estoy como un niño con zapatos nuevos. Ha sido como arrancar de nuevo. Tengo las pilas recargadas.

«Le dije a Rajoy en Mondariz: 'Con Garre no se hubiese perdido la mayoría absoluta'»

-¿Qué fue un acierto?

-Con 25 años ya había ingresado en la Administración pública y tenía mi vida resuelta; y eso me ha permitido hacer siempre, con bastante libertad, más o menos lo que he querido.

-Dígame otro acierto más.

-Desde pequeño he tenido una vocación docente que he podido también satisfacer. Mis padres eran ambos profesores, al igual que las tres hermanas de mi madre. Yo recuerdo llegar a casa por la tarde, del instituto, entrar en la cocina y encontrarme a mi madre cocinando al mismo tiempo que ayudaba a hacer los deberes a varios niños de su colegio a los que se llevaba después de las clases porque necesitaban un refuerzo extra.

-¿Cómo era usted de niño?

-Muy serio. Muy responsable. Muy tímido. Me he ido sobreponiendo a mi propia timidez, pero continúo conservando una capacidad enorme de sonrojarme. Por ejemplo, bailar me encanta, pero apenas lo hago porque me da una vergüenza tremenda.

-¿Qué le caracteriza?

-Soy un soñador, me niego a creer que las cosas que están mal no tienen arreglo.

-¿Ha sido alguna vez el capitán de algún equipo?

-No, pero lo intenté en el equipo de fútbol en el que jugaba. No era el mejor, ni muchísimo menos, pero siempre se me ha dado bien organizar. E ir a por lo que me propongo.

-¿Qué más le ha gustado siempre?

-Meterme en todos los fregados y participar en primera persona. Prefiero ser protagonista que espectador pasivo. Si no se hacen realidad mis sueños, no será porque no lo intente. Soy bastante perseverante.

-¿Qué reconoce?

-Que la vida no me ha dado hasta ahora palos gordos. Mis padres viven los dos, mi hijo [tiene 18 años] está bien, tengo trabajo, buenos amigos, proyectos... Tengo claro que soy un privilegiado.

-¿Muy impactante qué fue?

-Ver a mi hijo recién nacido.

-¿Qué consejo le da?

-Actúa como creas oportuno, pero infórmate muy bien antes de tomar una decisión. Reflexiona, madura la decisión y... a por ello. Un amigo decía que quien cría a un hijo único está criando a un gilipollas; yo he procurado que no fuese el caso de mi hijo, a quien creo que he educado para que sea autónomo y sepa moverse bien en la vida. De hecho, con diez años se fue a Estados Unidos.

-¿Le gustaría aumentar la familia?

-Yo no descarto nada.

-¿Miedo a qué?

-A defraudar: a mí mismo y a los demás. Para mí, la coherencia es algo esencial. Y la busco siempre, aunque eso suponga en muchas ocasiones tener que abandonar la zona de confort y pisar charcos.

-¿Para qué le ha limitado mucho esa timidez de la que hablaba?

-Para ser un donjuán [risas]. Me quedaba mirando, mirando, mirando... y resulta que llegaba otro.

-¿Coqueto?

-Sí. Me gusta gustar y me gusta gustarme.

-¿Qué propósito se ha hecho?

-Divorciarme lo antes posible del cigarrillo electrónico.

-¿Qué descubrió?

-Que cuando dejas un cargo importante en política y vuelves a la 'normalidad', tu agenda telefónica se depura bastante. Se quedan las personas que de verdad te quieren. Y tú a ellas. Los interesados vuelan.

-¿Para qué se ha dado ya por vencido?

-Sé que no voy a pasar de mi inglés de combate. A cambio, mi mujer [Araceli] es políglota: español, inglés, francés e italiano.

-¿A qué no renuncia?

-Me encanta sacarle punta a todo. No rehuyo la polémica y sigo teniendo un punto rebelde y un poco heterodoxo.

-¿Qué resulta difícil imaginarse de usted?

-Formé parte de un grupo de la movida murciana de finales de los 80: Ciencia Moderna. Estábamos en lo más alto del pop murciano [risas].

-¿Cuál fue el gran éxito del grupo?

-'Continente austral'.

-¿Era usted el vocalista?

-No, no; lo intenté, pero no. Yo tocaba el bajo. Éramos un grupo de amigos, y todos más o menos tenían claro lo que mejor sabían hacer. Probé también con la batería, pero no podía ser tampoco; finalmente, donde menos incordiaba era tocando el bajo, pero al final yo mismo me di de baja en el grupo.

-¿Qué vivió?

-De refilón, la movida madrileña. Yo andaba en Madrid preparando oposiciones, y alguna que otra vez me dejaba caer por locales como La Vía Láctea, por supuesto con mi bandera de España [risas]. Era otro Madrid y otro país. Recuerdo que, en aquellos años, la celebración del Orgullo Gay no reunía a más de quinientas personas; eran marchas verdaderamente reivindicativas.

Personas tóxicas

-¿Participaba usted?

-Estaba al tanto. Tenía algún buen amigo muy implicado en aquello.

-¿De qué tipo de personas procura alejarse?

-Huyo de las personas tóxicas, de las que enredan, meten cizaña en las relaciones y no van de frente. Generan mucha tensión. Cuando detecto la toxicidad, me aparto.

-¿Qué es una verdad verdadera?

-Que España hizo mucho bien en Hispanoamérica; me emociona viajar allí y poder entenderme en español con millones de personas tan lejos de mi país.

-¿Impresionante?

-El Machu Pichu. Me deslumbró.

-¿Emocionante?

-Meterte en el interior de la Gran Pirámide de Keops. Sobrecogedor.

-¿Inolvidable?

-Subir a la Pirámide del Sol, en Teotihuacán [México].

-¿A qué ha aprendido?

-A respirar y contar hasta diez.

-¿Viva el Rey?

-El emérito parece que no está en su mejor momento. Yo creo que nadie debería dejar de estar sometido al imperio de la Ley. Todos somos iguales. Yo he sido 'juancarlista' y ahora soy 'felipista'. Creo que la monarquía le es muy útil a España.

-¿Creyente?

-Católico sí, pero practico poco.

-¿Hay un Más Allá?

-Quiero creer que sí, porque qué poco sentido tendría que, al final, todo esto fuese fruto de la casualidad. Qué tristeza. Prefiero pensar que sí.

-¿Tuvo alguna experiencia sobrenatural?

-No niego que pudiese ser una alucinación, pero en una ocasión, en mi etapa de consejero, salía del despacho sobre las diez de la noche, y en un pasillo de San Esteban, que a esas horas y ese día ya estaba vacío, me pareció ver claramente delante de mí a un niño cruzándose. Parecía tan real que yo me paré para dejarlo pasar y no chocar con él. Nunca he querido reflexionar seriamente mucho sobre lo que ocurrió.

-¿Qué no olvidará jamás?

-Estaba en la calle con mi hijo, que entonces tenía dos años. Me despisté un segundo y él salió disparado y se bajó de la acera. Lo cogí al vuelo. Un coche frenó en seco. Fueron décimas de segundo que se me quedaron grabadas. Me sentí fatal. Fue horrible la sensación de culpabilidad que me invadió. Todavía pienso en lo que podía haber pasado y...

-¿Qué saber hacer?

-Guisos de cuchara, que me encantan. Los como incluso en verano. Mi especialidad son unas judías con perdiz que triunfan seguro, el cocido y el potaje de bacalao. Y como tengo sangre andaluza por parte de padre, también los gazpachos y el salmorejo me salen riquísimos.

-¿Se arrepintió de haberse dado de baja del PP?

-No. Y eso que yo empece en política, con 16 años, en la antigua Alianza Popular. Llevaba toda mi vida. Pero no, ya le dije antes que persigo siempre la coherencia.

-¿Qué pasó?

-Cuando ocurrió todo aquello [lo fundamental, la apuesta por Pedro Antonio Sánchez y no por Alberto Garre para optar a presidente de la Comunidad], llegó un momento en el que me dije: «No voy a votar al PP». Lo siguiente fue: «¿Y qué hago en un partido al que no pienso votar?». Y me fui. Sentí que los principios y valores en los que yo creía, ese PP ya no los defendía. Hablamos de honradez, de transparencia, de defensa sin complejos de los intereses de la Región de Murcia...

-¿Con Alberto Garre le hubiese ido mejor al PP?

-Estoy convencido, y así se lo trasladé a Mariano Rajoy. Me lo encontré en el verano de 2015, en Mondariz, donde yo voy todos los años a pasar una semanita. Iba a con mi hijo a la lonja a comprar pescado, y lo vi en esos jardines maravillosos que hay allí. Me acerqué a saludarle y se lo dije: «Creo que te has equivocado con la decisión que has tomado. Con Garre no se hubiese perdido la mayoría absoluta. Y haber apostado por Pedro Antonio [Sánchez] va a traer problemas.

-¿Y qué le dijo Rajoy?

-Estas cosas son así, la política es la política y la vida es dura.

-¡Qué tontería!

-¡Qué tontería! En política, como en la vida, la huida hacia adelante no suele acabar bien.

-¿Cree que ha mejorado la situación con el presidente Fernando López Miras?

-López Miras forma parte de ese mismo proyecto de PP que llegó hace tres años y que, por lo que se apunta en las encuestas, cada vez va perdiendo más gas.

-¿Qué le gustaría?

-Me duele que Murcia sea una región 'pagafantas', la 'pagafantas' de todas las comunidades autónomas. Los murcianos no nos merecemos que así sea. Esto tiene que cambiar.

-¿Cuándo dijo '¡tierra, trágame!'?

-Estaba de viaje en Egipto. Callejeando yo solo por Asuán, me armé un lío de puta madre y terminé en una pequeña plaza con una mezquita. Llevaba una pinta tremenda de turista y un moro empezó a gritarme. Yo me alejé a toda prisa, pero a sus gritos se iban uniendo los de la gente desde las ventanas. Corrí en busca del embarcadero, hasta que me encontré con un policía turístico y me abracé a él [risas]. ¡Yo qué sé si era una mezquita integrista o qué! El caso es que quiero volver a Egipto, me encanta ese país.

 

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