Contoneo de La Habana Vieja

Pedro Cuba, en el aula de baile de la academia Yaiza de Santiago de la Ribera. / A. S.
Pedro Cuba, en el aula de baile de la academia Yaiza de Santiago de la Ribera. / A. S.

Pedro Álvaro Flores Ávila, alias 'Pedro Cuba', profesor de danza, ha bailado en 47 países con 25 musicales. «En mi país ser bailarín es como graduarte en Medicina», añora

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Mientras otros niños jugaban con la bicicleta en las calles de Pinar del Río, la mayor productora de tabaco de Cuba, Pedro Álvaro Flores Ávila sometía a sus pies de 8 años a una disciplina que iba a marcar su vida como un diapasón. «En la Escuela de Artes estudié cinco años de Danza Contemporánea, pero también tienes que aprender ballet clásico y música. Y sacar buenas notas en el colegio», se enorgullece Pedro de su formación académica, que le ha permitido trabajar sin descanso en 47 países diferentes. «En Cuba, que tu hijo te diga que quiere ser bailarín es como si quiere graduarse en Medicina. Sabes que va a tener trabajo y va a viajar por el mundo», recuerda Pedro del respaldo familiar.

Fue su madre, obstetra de profesión, quien le animó a presentarse a las pruebas de danza en el conservatorio. «Yo quería hacer las de percusión, pero ella me dijo 'no pierdes nada', y luego me llamaron para danza y no para música», se sonríe el bailarín, quien se enganchó enseguida a la energía de la danza. No podía reprimir Pedro ese poso de inquietud al saber que él mismo no había elegido tanto como le habían elegido a él.

Quién
Pedro Álvaro Flores Ávila.
Qué
Bailarín, fotógrafo y profesor de danza.
Dónde
Santiago de la Ribera.
Gustos
El baile y la fotografía.
ADN
Constante y perfeccionista.
Pensamiento
«Espero que los cambios en Cuba no afecten al carácter abierto de la gente».

«Me daba reparo al principio, porque incluso allí los amigos te decían que si eras afeminado por dedicarte a bailar. No quería ser el Billy Elliot, el diferente, pero el baile me ha hecho muy feliz», explica nada más anudarse sus zapatos bicolor para jugar con el parqué de la academia de baile Yaiza, de Santiago de la Ribera, donde enseña «la esencia básica del baile africano contemporáneo. Es la raíz. De ahí nace todo».

«En Cuba solo encuentras influencia de África o de España» Pedro Álvaro Flores Ávila

No tiene dudas sobre la genealogía de las vibraciones que mueven su cuerpo: «En Cuba solo encuentras o influencia de África o de España». Parte de su sangre procede del sur mediterráneo por su abuelo andaluz, que le aportó las gotas suficientes de duende para que a los 16 años, tras una rigurosa formación, Pedro recibiera ofertas del Ballet de la Televisión Cubana, una de las instituciones del estado isleño, y se marchara de gira por el mundo. Los exigentes escenarios moscovitas fueron sus tablas de debut. Después vendrían estrenos en teatros de toda Europa con 25 musicales diferentes, entre ellos 'El Rey León' en su versión alemana.

Voltereta de varios giros

Años de focos, aplausos y piernas doloridas, que tuvieron sus cardos y sus azucenas. Una cicatriz en el brazo izquierdo revela en silencio un relato de dolor: «Una noche hice una voltereta de varios giros en el aire en el teatro Carlos Marx de La Habana. Había instalado un foco en el suelo. Mientras estaba en el aire, pensé que el foco estaba en el techo así que aterricé en el lado equivocado y me rompí el húmero». Un quirófano, los mejores cirujanos de la isla, una placa metálica, y una tonelada de tesón hicieron que a los dos meses Pedro estuviera de nuevo sobre el escenario. Sobre la cicatriz se ha tatuado una espiral expansiva que cubre la fractura con el símbolo del infinito. En altamar la vida le dio otro salto mortal: «Conocí a mi mujer, bailaora de flamenco, en una gira a bordo de una línea de cruceros que recorría todo el mundo».

El país caribeño nunca le ha dejado de enviar señales. «Echo de menos la alegría de la calle. En La Habana tienes un grupo de música en cada esquina. La gente vive con la puerta de la casa abierta», añora Pedro una vida que teme no encontrar un día a su regreso: «Cuba está cambiando mucho. Hay tiendas de marcas internacionales, más consumo, y eso hace a la gente más cerrada», teme el bailarín y fotógrafo.

Pedro le confía a San Lázaro, que lleva colgado del cuello, la protección para la compañía de danza que acaba de formar con Yaiza Melero para crear nuevos espectáculos. El remolino de su brazo seguirá dando vueltas, pero el bailarín sabe que «moriré en Cuba».

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