«Somos la huerta de Europa y deberíamos liderar su tecnificación»

Silvia Tomillo./R.C.
Silvia Tomillo. / R.C.

Silvia Tomillo es ingeniera industrial química y trabaja en soluciones innovadoras para distintos tipos de cultivos, sobre todo en los viñedos

ARANTXA HERRANZ

Silvia Tomillo, de 31 años e ingeniera industrial por la Universidad de Valladolid especializada en química industrial que se planteó, en el proyecto fin de carrera, qué hacer con todos los conocimientos que había ido adquiriendo y cómo podría aplicarlos con algo relacionado con el vino y la agricultura. Eso, unido a que siempre había tenido la ilusión de tener su propia empresa, le llevó a fundar Agrimetrics Global.

–¿Cómo fueron los inicios de su empresa?

–Desarrollé un proyecto con mucha tecnología y en un mercado poco trabajado, como la agricultura de precisión. Empecé hace siete años. No era algo que estuviera muy relacionado con mi carrera y tuvo que estudiar mucho. Primero trabajé en unos sensores que, con capacidad milimétrica, permiten calcular el voltaje y los mililitros de agua que tienen las plantas. En base a eso medimos riesgos deficitarios, de tal manera que con la menor cantidad de agua posible consigamos la mayor rentabilidad sobre el producto, en este caso en las cepas del vino.

–Y entonces se decide a montar su propia empresa…

–Sí, Agrimetrics tiene ahora dos años de vida. Ese fue el proyecto embrionario. Hasta entonces había estado trabajando en otras compañías.

–¿Con qué dificultades se ha ido encontrando?

–He tenido mucha suerte porque me ha ayudado mucha gente. Financieramente no hemos tenido dificultades porque he ganado premios económicos. Pero el mayor problema con el que me he encontrado es que soy una persona muy técnica y no conocía el mundo de la empresa. La dirección económica y financiera me ha llevado más esfuerzo porque no tenía esas habilidades adquiridas. Además, al ser una empresa pequeña he tenido que desarrollar otras competencias, como ser comercial. Eres la cara visible. Yo soy desde la becaria hasta el CEO. Hay que salir de tu zona de confort y cada vez es un reto nuevo. En una compañía grande hay más inercia y facilidad. Físicamente trabajo en un sector de hombres. Pero no he sentido discriminación, aunque sí cierta condescendencia porque parezco más joven y a veces te tratan como si no te tomaran en serio.

–El sector agrícola está poco tecnificado. ¿Cómo se toman que un sensor pueda hacerles ser más eficientes?

–Cuando empecé iba a las empresas gratis para que me dejaran probar las técnicas, que vieran el proyecto y que daba buenos resultados. Pero no lo querían, lo veían como algo más de investigación. No se tomaba en serio. Aunque ha cambiado mucho, el agricultor es muy celoso de su producto. Hacíamos una serie de recomendaciones y ellos, por experiencia y conocimiento de sus tierras, realizaban una serie de manipulaciones que nosotros veíamos con nuestros sensores. Pero no lo querían reconocer. Ven el avance como algo necesario, pero se basaban mucho en la tradición e intuición. Esto ha cambiado, sobre todo en las grandes plantaciones, donde está más controlado por ingenieros agrónomos. Pero eran muy recelosos, sobre todo en el mundo del vino. Un enólogo muy famoso me dijo que no lo quería porque sus viñedos eran algo vivo que evolucionaba todos los años, y que si hacíamos la producción siempre igual su vino, que era de autor, no evolucionaba. Al principio no lo entendí, pero con el tiempo comprendí que se lo tienes que vender de otra forma: tener una base de datos para tomar decisiones. Que sea el agricultor quien resuelva, aunque también tenemos proyectos donde la inteligencia artificial toma decisiones.

«El agricultor ve los avances necesarios, pero aún se basa mucho en la tradición y la intuición»

«Los premios, si tienen compensación económica, ayudan; aunque sobre todo reconocen el trabajo»

–Ha recibido ya algunos premios. ¿Qué le suponen?

–Si tienen compensación económica son una ayuda, pero sobre todo es una recompensa al trabajo. En el proceso de llegar hay muchas vicisitudes y desánimo. Y cada uno de los premios es un motor porque veo que hay gente que cree en el proyecto. Es un avance importante para España. Tenemos mucho potencial para estas tecnologías. Somos la huerta de Europa y deberíamos liderar este sector. Que te den esa palmadita en la espalda es animarte a llamar a nuevas puertas.

–¿Le gusta servir de inspiración para mujeres y niñas?

–Las mujeres tenemos poca visibilidad en la tecnificación... y pertenezco a la junta de colegios de ingenieros. Modelo es una palabra que se me queda grande, pero hago lo que puedo. Ojalá pueda servir de inspiración a alguien, aunque me resulta un poco abrumador. Me encantaría que no fuera necesario que hubiera modelos inspiradores para niños, aunque que te llamen modelo es un orgullo.

–¿Qué le diría a esas nuevas generaciones para que se animen a romper barreras?

–Sobre todo, no tener miedo. Que se atrevan. Muchas veces los miedos y los rechazos nos los creamos nosotros mismos. Es cierto que hay gente que no te acepta por ser joven o mujer, pero en lugar de que nos ganen la partida hay que trabajar con más fuerza y demostrar lo que vales.

Cómo llegar al pequeño agricultor

Para Silvia Tomillo trabajar con las grandes bodegas ha sido más fácil porque «ven la rentabilidad, la buscan, y están más abiertas a la tecnificación». Confiesa, eso sí, que le abren las puertas al agricultor más pequeño, que «nos busca» cuando tiene conocimiento de estas herramientas. Su empresa trabaja ahora con cinco bodegas y varios viticultores en Castilla y León, aunque empieza a tener pedidos de otras regiones. «Necesitamos crecer, pero de forma controlada. Tenemos más demanda que la oferta que podemos abastecer», explica.

Matiza, además, que sus soluciones no son solo para el mundo del vino. «Los mejores resultados los tenemos con la fresa y el tomate aunque donde más nos buscan es en el viñedo, por eso nos hemos especializado aquí», reconoce. Ya tiene encargos para su uso en la plantación de melocotones y olivo, pero aún está en fase de desarrollo.