Entrevista

Gérard Mourou: «Muere mucha más gente por el tabaco que por la energía nuclear»

Gérard Mourou. /R. C.
Gérard Mourou. / R. C.

El Premio Nobel de Física 2018, que impulsó el uso del láser en la oftalmología, investiga nuevas aplicaciones en campos como la energía o la lucha contra el cáncer

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En la solapa de la chaqueta de Gérard Mourou (Albertville, 1944) luce una pequeña chapa dorada con la esfigie de Alfred Nobel. «No me la quito nunca, estoy encantado de llevarla», asegura con orgullo el ganador del Nobel de Física en 2018 por sus avances en la obtención de láseres de alta intensidad, utilizados, entre otros usos, en las cirugías del ojo y que han beneficiado a millones de personas en todo el mundo. Mourou visitó Madrid la pasada semana para ofrecer una charla en la Fundación Ramón Areces.

-¿Cómo descubrieron que el láser podía ser utilizado para cirugías del ojo?

Es una historia que ilustra muy bien cómo se llevan a cabo algunos descubrimientos en el campo de la ciencia. Era 1992 y estábamos en la Universidad de Michigan. Uno de mis alumnos vino a mi despacho y me dijo que un haz de láser le había penetrado en el ojo mientras lo alineaba. Me pidió mil perdones porque aquello podía suponer que cerraran el laboratorio temporalmente. Yo le dije que fuéramos corriendo a urgencias y allí nos atendió un médico residente que comenzó a pedirnos más información. Nos preguntó qué tipo de láser era y le dijimos que un láser de femtosegundo. 'Pues ha hecho un daño perfecto', respondió. Ahí descubrimos que algo interesante había ocurrido. Esto fue un viernes: el lunes, este médico residente me llamó y me pidió trabajar en mi laboratorio porque podíamos lograr grandes avances. Uno de mis alumnos también se puso a trabajar en este campo y en 1999, tras superar todos los controles de la FDA (la agencia de alimentos y medicamentos de Estados Unidos), se desarrolló el primer sistema oftalmológico basado en el uso del láser. Su éxito fue inmediato.

-¿Patentaron el sistema? ¿Se hicieron ricos?

La universidad se hizo rica. Poco después del accidente, el presidente de la universidad puso medio millón de dólares para que desarrolláramos este proyecto. La universidad invirtió mucho dinero, también participaron inversores particulares, y al cabo del tiempo, el sistema se vendió por 800 millones de dólares. A mí me tocó un poquito (risas). No me considero el padre de esta técnica, pero me sentí muy feliz de que asistieran a la entrega del Nobel en Estocolmo mi alumno y el médico residente que impulsaron este avance.

-Una curiosidad: ¿quedó alguna secuela en el ojo de su pupilo?

No. El daño fue mínimo y el cerebro reaprendió a ver. Eso sí, seguimos recomendando a todos los alumnos que se pongan las gafas de protección cuando hacen experimentos (risas).

-El uso del láser es una de las grandes esperanzas en la lucha contra el cáncer.

Entiendo que en este campo van a ocurrir cosas buenas, pero no podemos decir demasiado, y más en el caso del cáncer, para no generar falsas esperanzas. Pero sí, estamos desarrollando una técnica para acelerar partículas, como los protones, que consigan llegar a la diana, y lo que es más interesante, ajustando la energía de la carga del protón de forma que toda ella penetre en el tumor sin afectar al tejido sano que lo rodea. No me gusta hablar de plazos, pero en el ojo fueron diez años. Quizá sea algo similar.

-También investigan el modo en que el láser puede descontaminar los residuos nucleares.

Cuando producimos energía nuclear, el residuo contiene cuatro elementos muy peligrosos a largo plazo: americio, plutonio, neptunio y curio. Estos elementos tienen una vida útil de entre 100.000 y un millón de años, así que tenemos un problema. La idea es producir párticulas de alta energía, en este caso, neutrones, que consigan la fisión de esos elementos.

-¿Plazos?

Vuelve a ser un asunto delicado. Tenemos muchas posibilidades de conseguirlo. De aquí a cinco o diez habrá pruebas, pero luego hay que esperar a la parte del diseño, la ingeniería e infraestructuras.

-Si el daño que producen los residuos está bajo control, ¿habría que plantearse un uso más intensivo de la energía nuclear?

Si lo conseguimos, la energía nuclear va a ser la mejor alternativa energética para luchar contra el cambio climático.

-¿Qué le parece que esté tan extendida la conciencia antinuclear?

Los gobiernos deberían hacer pedagogía con la energía nuclear, y con esto no quiero decir que nos volvamos locos construyendo centrales sin tener en cuenta nada. Debemos ser conscientes y cautos. Pero la energía nuclear es una realidad ineludible. Mueren muchas más personas por el carbón que por la energía nuclear. Muere mucha más gente por el tabaco que por la energía nuclear. Muere mucha más gente en accidentes de tráfico que por la energía nuclear. Tenemos que pensar en lograr los mejores resultados energéticos posibles y la alternativa nuclear no es la más peligrosa y no es mortífera.

-Usted sabe que su opinión es impopular.

Sí, lo sé. La gente prefiere matarse en el coche o coger un cáncer tomando el sol. Soy consciente, por supuesto, de que la energía nuclear es una cuestión de tremenda envergadura, pero debemos plantearnos todas las posibilidades.