Extinciones pasadas provocadas por la acción humana pueden predecir la futura distribución de las especies

Una manada de lobos se alimenta en Quebec (Canadá)./Creative Commons
Una manada de lobos se alimenta en Quebec (Canadá). / Creative Commons

Un estudio liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la Universidad de Gotemburgo desvela que los efectos del cambio climático sobre los grandes mamíferos norteamericanos podría ser menos grave de lo esperado

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉSMadrid

El estudio de la distribución de las especies extinguidas por causas relacionadas con la actividad humana podría ser fundamental para entender y predecir los movimientos futuros de especies actuales y los efectos del cambio climático sobre las mismas. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, que desvela que los efectos del calentamiento global sobre los grandes mamíferos norteamericanos podrían ser menos graves de lo esperado.

«Los modelos que evalúan los impactos futuros del cambio climático en las distribuciones de especies suelen tomar como línea base los rangos actuales de distribución. Hemos visto que la elección de esa línea base influye mucho en el resultado», señala al respecto Søren Faurby, investigador de la Universidad de Gotemburgo y uno de los autores del estudio, publicado este lunes en la revista 'Nature Climate Change' y dirigido por Miguel Bastos Araújo, científico del MNCN-CSIC. »Al comparar modelos que, además de la distribución actual, tienen en cuenta la distribución histórica de especies con los que solo tienen en cuenta la distribución actual, encontramos que los segundos exageran la pérdida de especies proyectada en el futuro«, precisa Faurby.

La investigación se enfocó concretamente en los grandes mamíferos de Norteamérica, donde la actividad de estas especies está mejor documentada. «Las contracciones de las áreas de distribución de los grandes mamíferos provocadas por humanos en el continente son recientes y están muy bien documentadas. Por lo tanto, era factible reconstruir la distribución histórica de la mayoría de las especies», explica Faurby.

Es el caso de lobo (Canis lupus), que actualmente está más extendido en los lugares más fríos de Europa y América del Norte. No obstante, hace tiempo su área de distribución se extendía a zonas más cálidas de las que fueron desapareciendo debido a la actividad de los humanos. Por ello, los modelos que examinen las relaciones climáticas analizando solo su distribución actual proporcionarán una evaluación incompleta de la tolerancia de los lobos para hacer frente al cambio climático. «Existe una tendencia a inflar las estimaciones de riesgo de extinción cuando se utilizan líneas de base geográficas que no consideran las distribuciones históricas de especies, pero también existe una tendencia a ignorar los efectos adicionales en las distribuciones de especies y sus interacciones con el cambio climático», señala en este sentido Faurby.

«Cuando hablamos de cambio climático, hay amenazas como el cambio de usos de la tierra, la fragmentación del hábitat o la propagación de enfermedades y especies invasoras, que generalmente no se tienen en cuenta al analizar los posibles efectos del cambio global en la biodiversidad. Nuestro estudio refuerza una visión que muchos investigadores ya tenían: para comprender las distribuciones actuales y futuras, necesitamos examinar el pasado», concluye el profesor Araújo.

 

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