Esnórquel en negro y esmeralda

La cala del Peñón Cortado, en Cuevas de Almanzora./Guillermo Carrión / AGM
La cala del Peñón Cortado, en Cuevas de Almanzora. / Guillermo Carrión / AGM

Baño de lujo en la escondida y tranquila cala del Peñón Cortado para disfrutar del paisaje terrestre y submarino

Pepa García
PEPA GARCÍA

Hoy salimos en busca de una apacible playa en la que disfrutar de un baño de lujo, dándole uso a las gafas y las aletas, en el que es, probablemente, el tramo de litoral mediterráneo con mayor proporción de su costa en estado virgen. Les hablo del frente marítimo comprendido entre la ciudad de Cartagena y el Cabo de Gata (Almería), en que salvo las excepciones de Puerto de Mazarrón, Águilas, Vera, Garrucha y Carboneras, el grado de urbanización es mínimo.

A lo largo de toda esta geografía costera es posible encontrar multitud de reductos naturales en los que gozar de un baño solitario o, por lo menos, alejado de la masificación y el turismo de chiringuito. Pero, en concreto y para no repetir destino, la escapada de hoy nos lleva a 14 km. escasos en línea recta -17,5 km. por carretera- del edén playero que es el Paisaje Protegido Cuatro Calas (Águilas), en el extremo meridional de la Región: la cala del Peñón Cortado, ya en Almería y perteneciente al municipio de Cuevas de Almanzora.

La guía

Cómo llegar
Desde Murcia. Deben coger la A-7 en dirección Lorca y continuar por ella hasta la salida 636 (Lorca / Águilas). Después sigan por la RM-11 hacia Águilas y, antes de entrar en la población, desvíense por la RM-333 (hacia Calarreona / Vera). Ya en territorio almeriense, circulen por la A-332 hasta la salida de Barriada Pozo del Esparto hacia San Juan de los Terreros (AL-7107). Entre el km. 13 y el 12, encontrarán a su derecha una pista asfaltada, con un mirador pegado a la carretera. Bajen por ella y aparquen en el mirador.
Recomendaciones
No olviden las gafas y las aletas, la pradera de posidonia que hay junto a la cala está llena de vida. Bucear observándola es un bálsamo para alejarse del estrés diario. Si van temprano, estarán solos y tendrán sombra natural para refugiarse.
Dónde comer
Freiduría El Pósito. Paseo del Malecón, 15. Garrucha. 617 933 716. Abre a diario; cierra de 16 a 19 horas. Especialidades: Fritura de pescado y marisco. Precio medio (sin marisco): 10-15 €. 25 € / persona (raciones compartidas entre tres de calamares a la plancha, gallo pedro, docena de gambas de Garrucha, tomate con anchoas o boquerones, cerveza y café).

Embadurnados en crema protectora y pertrechados de gorra, gafas, aletas, bañador y toalla, tendrán que descender por un camino, sin señalizar pero suficientemente marcado por transitado, que baja por el lecho del barranco del Niño. Son apenas 200 metros los que les separan de una idílica jornada en la que bucear en la vida marina que alberga este mar de aguas transparentes y esmeralda que contrastan con las negras rocas de la Sierra Almagrera, que desciende a plomo y dibuja abruptos cantiles.

Entre palmitos, cornicabras y otras especies vegetales características de estas latitudes discurre el sendero que les lleva a la cala del Peñón Cortado. Antes, encontrarán una caleta que es una piscina natural, limitada y protegida por las rocas de las mareas y con solo una abertura frontal que renueva el agua constantemente. Para bañarse en esta caleta es recomendable usar zapatillas cangrejeras, para no dañarse los pies con las rocas del fondo.

Están en zona minera y aunque las explotaciones dejaron de estar activas hace tiempo, todavía quedan huellas de las infraestructuras que se construyeron para el desempeño de esta actividad. Precisamente el túnel por el que se accede a nuestra cala destino fue seguramente tallado por los mineros de la zona. De hecho, todavía quedan, en un extremo de la playa, restos de los muros de una construcción que pudo ser usada para almacenar material o incluso como refugio. Y en otra de las paredes se abre una enorme galería que, en su origen, mediados del siglo XIX, tuvo más de 1.700 metros de longitud y sirvió para evacuar el agua de las minas de El Jaroso, un filón de galena argentífera que puso a España a la cabeza de la explotación de plata y plomo a nivel mundial.

La cala, de pequeños cantos rodados, es una pequeña ensenada de aguas transparentes y tranquilas, ya que las paredes de roca, que penetran hacia el mar y las crestas y plataformas que emergen de este lo protegen del oleaje.

Dejen sus pertenencias aprovechando la sombra que proyectan estas paredes y no tarden en ponerse aletas y gafas para disfrutar. Justo frente a la playa hay una pradera de posidonia en la que abunda la vida: bancos de peces alevines que nadan a ras de agua y se acercan sin miedo a los buceadores. En esta zona libre de contaminación, todavía abundan las anémonas, las esponjas y los erizos, así que tengan cuidado para no pincharse. El bosque de posidonia, que se mece al ritmo de la marea, y el silencio infinito, que se apodera del buceador, ejercen un efecto balsámico y calmante que permiten desconectar de inmediato del ajetreo diario y las preocupaciones.

Felizmente, aquí los plásticos no pueblan los fondos. Así que, extremen las precauciones para que siga así. Y no renuncien a la aventura de explorar a nado las calas cercanas, solo accesibles desde el mar, una aventura impagable que sale gratis.

Cuando se aproxime el mediodía y la afluencia de bañistas aumente, les recomiendo que cojan el coche y aprovechen la cercanía de Garrucha para emprender rumbo a este pueblo pesquero, al que precede la fama de sus gambas, y se permitan el lujo de degustarlas. Les recomiendo que lo hagan en El Pósito, en el Paseo del Malecón y con una deliciosa terraza con vistas al mar. Con la cerveza, dan tapa. La docena de gambas de Garrucha a la plancha les costará 25 euros.