'Stranger Things'

Gracias a Isabel Franco seguimos con el Mar Menor como está, la Educación pública bajo ataque y hemos retrocedido así como 30 años

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

Pues eso amigos, que algo que comenzó con buena pinta como fue el partido Ciudadanos ha ido convirtiéndose poco a poco en una suerte de engendro al que ni sus fundadores reconocen, con una deriva errática, desquiciada y marcada por un líder que es el desequilibrio personificado, para terminar convirtiendo un partido político que apenas hace seis meses tenía posibilidades de gobernar, en una banda -ahora sí, Albert, tu banda-. Una banda de tipos que se dedican a justificar lo injustificable, a cambiar de ideología y de principios a diario con tal de mantener la única constante ideológica de todos y cada uno de los miembros de ese partido: cobrar de la política.

Anomalía. Es un caso que quedará para los anales de la ciencia política, lo digo en serio, de enciclopedia, como el futbolista que queda sólo ante la portería, el portero vencido y el balón a sus pies... y va y lo tira fuera. La falta de humildad, el egocentrismo, el narcisismo y el adanismo político han alcanzado su cénit en este episodio. Más incluso que los delirios megalómanos del otro 'iluminao', Iglesias. Es cierto que Cs ya dio una mala muestra de lo que podía ser en el futuro con la OPA hostil a UPyD -quizá el mejor partido de los últimos 30 años- pero ninguno pensábamos que la cosa pudiera degenerar tanto en una formación que ilusionó a parte de la ciudadanía catalana y española. Rivera es el ejemplo de ese tío que desoye a todo el mundo, a los que le quieren, a los que no, a los que entienden a los que no, a los que le avisan y a sus propios votantes. Un tipo que ha ido tomando una serie de decisiones a cual más desacertada hasta dilapidar en seis meses el crédito que había ganado haciendo buena la descripción que hacían de él sus detractores. Cs se ha convertido en algo impredecible, cainita, perjudicial para los ciudadanos, es una anomalía política como nunca pudimos imaginar.

Culebrón. Este 'Strangers Things' de la política en que nuestro mundo se ha abierto a otra dimensión, la de la política del carguico a toda costa, sin ideologías, nos ha perjudicado y mucho a los murcianos. Insisto en que cuando un partido gobierna durante 28 años eso ya no es una democracia sino un régimen. Y gracias a Franco, tenemos 4 años más de PP, pese a las promesas de Arrimadas y de ella misma. Y le da igual. Pero es que Isabel Franco -finiquitada ya políticamente- tuvo el empacho la semana pasada de despacharse con un tuit en el que defiende un posible pacto con el PSOE. Lógicamente, los internautas le dieron un repaso. Esa ausencia de principios, esa facultad absolutamente impresentable de decir una cosa y la contrarias son ya marca de la casa. Nunca habíamos visto algo así, un partido engendro que espero desaparezca tras la debacle de las urnas el 10 N porque no nos ha traído nada bueno, solo falsas promesas y ya, de paso, al partido Neandertal cortando el bacalao. Cuando si hubieran pactado con la lista más votada, el PSRM, la situación sería otra. Gracias a Isabel Franco seguimos con el Mar Menor como está, la Educación pública bajo ataque y hemos retrocedido así como 30 años.

Lucha cainita. Y por si todo esto fuera poco, se están disolviendo como un azucarillo en lo que ya se conoce como efecto 'Somos'. El resultado electoral fue malo (de ahí el ascenso de Ana Martínez Vidal, una buena candidata) y eso ha repartido pocos cargos. Los de abajo aguardan, agazapados, a soltar todo el 'fuego amigo' posible para cargarse a los de arriba. Vean, si no, los ceses recientes de directores generales. Y otra muestra de este comportamiento es lo que ha trascendido del incidente Castillo-Franco. El presidente de la Asamblea, mi amigo Alberto Castillo, ha cerrado las bocas de los que le tildaban de buscar un carguico al demostrar que lo que tiene es ambición política, y desmesurada, al revolverse nada menos que contra la persona que le introdujo en el partido y le permitió alcanzar el cargo que ostenta ahora. ¿Sorprendente? En suma, una jaula de grillos, un fenómeno paranormal, un 'Stranger Things' con el remate de la entrevista de un desquiciado Rivera en el programa de Alsina, una auténtica tortura auditiva para el oyente, tras escuchar los dimes, diretes, idas y venidas de un personaje que no hace política, hace psicodelia. Espero que este episodio alucinógeno que es Ciudadanos pase pronto y podamos reanudar nuestras vidas.