La solución de la lista más votada

Diego Conesa sería ya presidente 'in pectore' si su partido no hubiera rechazado tres veces la reforma que proponía el PP

Diego Conesa, Isabel Franco, Fernando Lopez Miras y Oscar Urralburu./Nacho García / AGM
Diego Conesa, Isabel Franco, Fernando Lopez Miras y Oscar Urralburu. / Nacho García / AGM
Joaquín García Cruz
JOAQUÍN GARCÍA CRUZ

Antonio Garrigues Walker casi lo clavó en el Foro Nueva Murcia: «Ahora, uno sabe quién ha ganado las elecciones 30 días después de que se celebren». Más o menos, ese es el tiempo que toca esperar, en Murcia y en otros lugares, para despejar todas las incógnitas que el 26-M dejó abiertas y alguna que aún colea del 28-A. El 15 de junio deberán constituirse los ayuntamientos, que forman parte inseparable del trueque en el que los partidos se intercambiarán las instituciones al modo que mejor les convenga. Los alcaldes serán investidos ese mismo día, unos con la mayoría absoluta de los concejales electos (para lo que los pactos serán necesarios en una gran parte de las corporaciones) y otros -quienes no reúnan el apoyo de la mitad más uno de los ediles- porque fueron los candidatos más votados en las urnas. De una forma u otra, la elección es legalmente inaplazable, salvo impugnaciones. De ahí la certidumbre de que todos los cromos se habrán intercambiado en torno al día 15.

Podremos aguantar. Quienes asistimos el domingo al trepidante escrutinio de las autonómicas, en el que PP y PSOE se disputaron alternativamente y por decenas de votos el escaño número 17 (el que a la postre dio la victoria a los socialistas), y vibramos con aquel recuento sin que el corazón nos estallara, podremos aguardar un par de semanas más antes de saber si el Gobierno regional queda en manos de la derecha, que lo ha ostentado en los últimos 24 años, o en poder de la izquierda, que lo sostuvo desde los primeros comicios autonómicos (1983) hasta la llegada de Valcárcel en 1995.

Entre tanto, todo serán conjeturas y declaraciones zigzagueantes, necesariamente vacías por la provisionalidad del momento pero también por la subordinación de los partidos a sus direcciones nacionales, que serán las que impongan desde Madrid los acuerdos que deban adoptarse en cada rincón con un mapa de España desplegado sobre la mesa. No debería ser así, tratándose de unos comicios locales y autonómicos, pero así es, y parece que esto no incomoda a los electores de Murcia, que despacharon con el 2% de los votos al partido de Alberto Garre, la única opción regionalista que había en liza. Esta reflexión -en absoluto derivada de melancolías regionalistas, de las que no participo- me lleva a otra de más calado que se relaciona directamente con lo que está en juego: ¿quién debería gobernar en la Comunidad Autónoma, dados los apretados resultados del 26-M y las variables de pactos posibles? Mi impresión personal, por aventurar alguna hipótesis, apunta a que lo harán PP y Ciudadanos, con la anuencia de Vox. Es solo una intuición carente de fundamento, si bien algún indicio se vislumbra en esa dirección. La carta que Diego Conesa envió el miércoles a Isabel Franco emplazándola a abrir la negociación incluye un punto que podría convertirse en un escollo para el acuerdo, porque propone impulsar «una fiscalidad progresiva acorde con nuestros principios constitucionales», expresión esta que -aunque muy cuidada en sus términos- podría aludir implícitamente a una subida de impuestos, la peor bicha imaginable para el partido de Rivera, junto con el independentismo; tanto es así que Isabel Franco había declarado ese mismo día en la cadena SER que para ella es más importante (de cara a eventuales pactos) bajar los impuestos que aceptar la aplicación del artículo 155 en Cataluña. O Diego Conesa no oyó la radio el miércoles o introdujo su 'fiscalidad progresiva' en el documento porque ya presumía la dificultad del emparejamiento.

Serán las direcciones nacionales las que impongan desde Madrid los pactos que vayan a negociarse, con un mapa de España sobre la mesa. No debería ser así, tratándose de unas elecciones locales, pero así es

Otra pista que señala el mismo camino está en la etiqueta 'sanchista' de Conesa. Aunque todo lo dicho por unos y otros pierde valor al día siguiente, conviene recordar que Villegas exigió a los barones socialistas dispuestos a pactar con Ciudadanos que renegaran de Sánchez, y no veo yo a Conesa apostatando por un plato de lentejas. Del otro lado, Inés Arrimadas enardeció a los suyos en el mitin de Murcia con una pregunta en forma de advertencia: «¿Os imagináis 28 años gobernando los mismos en Murcia?» Lo dicho: todo aquello, y cuanto nos queda por escuchar, será papel mojado al final. La política es el espacio de la vida donde menos axiomas hay. Todo es cambiable, intercambiable y negociable.

Lo cierto es que la del PSOE fue la lista más votada el 26-M. Por menos de 500 votos, pero fue la lista que más apoyos recibió, y eso convierte a Diego Conesa en el vencedor de las elecciones, como deportivamente reconoció al instante Fernando López Miras, y por tanto en el candidato obligado a intentar la formación de gobierno, misión difícil en la que solo podría tener éxito coaligándose con Ciudadanos.

Pero, salga lo que salga de este mercadeo, su resultado no responderá al veredicto popular. Las urnas instaron al PSOE a gobernar en San Esteban, al PP a hacerlo en Murcia, al MC en Cartagena, y así hasta completar una orla de presidentes y alcaldes -nos guste o no- que se parecerá poco a la que dibujen las comisiones negociadoras. Las urnas exhortaron también al PSOE a gobernar en minoría, para pagar por su pírrico triunfo, y a trenzar pactos con una oposición que a su vez debería ayudar en la gobernabilidad de las instituciones, lejos de socavarlas para sacar tajada.

Quizá la norma que rige para los ayuntamientos (mayoría absoluta o lista más votada) sería la solución ante semejante galimatías. Tres veces la propuso en la Asamblea Regional el PP, y tres veces la rechazó el PSOE, arrepentido ahora, supongo, de haberse opuesto a una reforma que habría sentado ya a su candidato en San Esteban, sin necesidad de ir al mercado.