Veinticuatro uvas, doce peninsulares y doce canarias

Para estrechar aún más la unidad de la patria grande con las chicas

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Cuando, por mucho que te empeñes, no puedas cambiar de un plumazo esas dos o tres cosas que harían que España fuese algo mejor (por ejemplo, el tan gastado y previsible discurso político), habría que conformarse con meterle mano a las pequeñas cosas. Estoy hablando de ciertos vicios que cuesta poco modificar, y que podrían ir trasformando esto o aquello, hasta componer un mejoramiento siquiera parcial de nuestra averiada realidad social.

Largado este discurso -que debería pasar también por el taller de reparaciones-, me voy a referir a una propuesta que tiene que ver con las doce campanadas de la Nochevieja. Me entero de que el Gobierno (o quien le sustituya, si es que hubiere sustituto) tiene intención de decretar que se celebren dos tomas de uvas, incentivadas ambas desde el reloj de la Puerta del Sol. Una, a las doce peninsular (como se ha hecho siempre) y la otra, sesenta minutos después, es decir a las doce, hora canaria.

-Pero eso obligaría a zamparse veinticuatro uvas.

Bueno, vamos a ver. De obligar, nada. Sepa usted que algunos, por ser más fruteros que otros, se atizan un racimo de los grandes, ya en plan postre, como si dijéramos. Aunque también los hay que se meten solo un par de uvas a la boca. Y hasta quien no se come ninguna. Porque no se trata de un ejercicio obligado, sino meramente voluntario. Por eso algunos platos presentan las mismas uvas al final que al comienzo. Pero no es por razones de ideología, antes bien por llamar un poco la atención. Quieren dar a entender que San Silvestre no va con ellos. O que tomarse las uvas es una tontada que no corresponde a su particular talante. Bien, vale. Pueden hacer lo que les salga del pijo, que es lo que sucede con los másteres.

Supongo que los responsables del proyecto han pensado en dos beneficios. Uno sería, como ya apuntaba el lector, que, si todo sale bien, el sujeto peninsular se coma catorce uvas y el insular lo mismo. (Así subiríamos el PIB). Y otro, que justo lo que se nos desinfle por Cataluña, se nos infle por las Islas Canarias.

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