Y las temperaturas se volvieron locas

España al revés: los fríos y los calores pierden el compás

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Solo hay que fijarse en los gráficos que nos muestran en la tele los meteorólogos, como los llaman. -¿Y de qué otra forma quiere usted que los llamen?

Yo qué sé. Únicamente digo que suena a otorrinolaringólogo, que siempre fue una denominación excesiva. Pero, vaya, lo que nos importa ahora es el carácter de los mapas que exhiben los hombres y las mujeres del tiempo. Por cierto que, en este caso, la coincidencia entre ellos y ellas es total, al contrario de lo que sucede en otros aspectos de la vida. Las noticias y previsiones de las mujeres (como tales mujeres) son las mismas que las de los hombres (como tales hombres). Lo cual lo veo un avance.

-Menos da una piedra.

A eso iba. Entonces, lo que estamos viendo -en estos días de primavera despendolada- es que las temperaturas han perdido, no ya el norte, sino que también el sur, el este y el oeste. Resulta divertido, si es que no de mal augurio, que donde siempre mandó el calor mande el frío. Y a la viceversa. Y que donde toca sudar se requiera bufanda. O lo contrario. Y que, de un día para otro, la temperatura reinante y gobernante suba o baje hasta diez grados.

-Centígrados.

¡Ah, claro! Totalmente centígrados. Porque si nos pasáramos a los Fahrenhei, ya sería para volverse tarumba. Lo tremendo de todo esto es que estas variaciones (tan diferentes de las famosas Variaciones Goldberg, de Bach) nos las estamos tomando a cachondeo. Donde hace calor, aunque no toque, la gente dice: «¡Qué gusto da bañarse en la playa!». Y donde nieva, aunque no corresponda, comenta: «¡Qué bueno poder tirar el abanico!».

Esto que digo se refiere a los cuerpos. ¿Pero qué me dice el lector de los cultivos? Las verduras y los frutales, ¿cómo soportan este trastorno temperatural?

-Si me lo permite, yo diría temperaturístico.

Pues vale: temperaturístico. Pero sépase que las verduras y los frutales soportan muy mal las veleidades climáticas. Si me apuran, peor aún que los cuerpos, aunque sean cuerpos serranos. O sea que ríanse ustedes, si quieren, pero sepan que todo esto que digo nos va a traer a todos muy malas consecuencias.