Los relojes se echan a la calle

Sacarán una pancarta que diga: '¡A mediodía son las doce, joder!'

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Dígase lo que se diga, los relojes también tienen su corazoncito. No hay sino que aplicar la oreja para comprobar que el cronista no miente. Diré más: cuando no había móviles -es decir, en tiempos de Franco-, los abuelos distraían a los nietecillos haciéndoles escuchar el tic-tac cardiaco de su reloj de bolsillo.

-Que llevaba una cadenita y todo.

Correcto. Dicho lo anterior, hago saber que los relojes, hartos ya de que la autoridad les menee la aguja -ora 'palante', ora 'patrás'- han decidido echarse a la calle (como todo el mundo hoy en día) para protestar. Desde ahora, la superioridad relojera al mando es Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. Como es un tío extravertido, a los relojes en general les cae bien, excepto a los de pared, que son muy mortajones. Pero así y todo no están dispuestos a que se les siga toreando.

De modo que los relojes de pulsera, los despertadores de mesilla y los de bolsillo, si queda alguno, se manifestarán detrás de una pancarta que proclame la gran verdad, a saber: 'Al mediodía son las doce, joder'. Los piquetes de esta huelga de manecillas caídas serán los relojes de cuco. El reloj de la Catedral se quedará donde mismo, pues no está para bajar y subir escaleras.

Los manifestantes no piden nada del otro jueves: que los dejen tranquilos. El comité de huelga ha difundido la siguiente nota: '¿Acaso las personas acatarían que Pedro Sánchez les obligase a dar hoy un paso de más y mañana un paso de menos?'. Y añade: 'Pues no'.

Esto de marear las agujas viene de antiguo, no se vaya usted a pensar. Desde el siglo XIX más o menos. Y, en seguida de firmar el último parte de guerra, el Caudillo de entonces también dio la orden de manipular los relojes. Comentan algunos que para igualarnos a la Alemania nazi. Siendo yo zagal, la gente adulta hablaba de 'hora oficial' y 'hora vieja'. Complicaciones, en fin, que solo sirven para molestar y confundir.

-Yo todo esto lo veo una tontería.

¿Se refiere el lector a la rebelión de los relojes o a la zarabanda en sí?

-A las dos cosas.

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