Lo del Real Murcia

¿Y si hubiera llegado ya la hora de levantar el vuelo?

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Para que las cosas se pongan bien, conviene que primero se hayan puesto extremadamente mal' -reza el adagio. Justo en esa circunstancia parece encontrarse el Real Muria.

-No se quede usted corto, joder, diciendo 'parece'. Es una realidad que el club murciano agoniza.

Bien, vale. Le concedo la razón, pues me consta que es usted aficionado viejo. Pero es que da tanta penica, que prefiere uno quitarle hierro al asunto. Reconozco, sin embargo, que si no se asume la verdadera proporción del problema, no habrá manera de resolverlo.

Cuando un proyecto deportivo y social se echa a perder en tan gran medida como en el caso del Real Murcia, se puede actuar decididamente para salir del fango o consolarse rememorando los buenos tiempos. Hagamos lo uno y lo otro, si le parece al lector. Porque, en cuanto que se atisba el camino de la regeneración, ya puede uno entregarse a la añoranza de tiempos mejores.

-¿Pero usted atisba algo?

Hombre. Atisbar, sí que atisbo. Veamos, pues. (El viejo Tío Sentao, que en paz descanse, decía: «Bebamos, pues»). Cuentan que se acaba de constituir una plataforma -el martes pasado, en el Casino- para ver de hincarle el diente al conflicto. Lo llamo así, porque, amén de problema, conflicto también haylo. Aludo a un follón económico entre diversos, cada una de los cuales pretende llevar el agua su molino.

Todavía no disponemos de muchos datos, pero me asiste lo que se llama un pálpito. Tengo casi el convencimiento de que, comoquiera que el Real Murcia anda tan echado a perder (y desde hace tantísimo tiempo), si un grupo de personas con buena voluntad decide tirarse al agua, debe de ser porque ha llegado el momento de que el Real Murcia levante el vuelo desde las cenizas.

Dicho esto, me dispongo por fin a recordar la bienaventurada etapa de siete exitosos años, que comenzó el 18 de mayo de 1980, día del ascenso a Primera División y festividad (¡válgame Dios, de San Cristiano!). Durante ese periodo presidió el club un personaje providencial, el empresario José Pardo Cano. ¡Seis temporadas en lo más alto! Ojalá y se cumpliera la utopía que dice: 'Otros vendrán que aún mejor lo harán'.

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