¡Penitenciagite!, clamó irritado el buen fraile

El cambio climático nos come ya por do más pecado había

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Hombre! ¡Pero si es la ONU! No me lo puedo creer. La famosa institución ha interrumpido su diaria cantinela de rollos, rolletes y rollazos, asustada por cómo se está poniendo de malo el clima. Si se ha dado cuenta de lo jodidísimo del tema, es porque se le ha hecho una gotera en la sala de la Asamblea General. ¡Válgame Dios y qué retraso tan grande llevan las élites del mundo, que no se aperciben de lo que se nos viene encima, hasta que llega un tornado que les suena las narices y un tsunami les lava los pies!

Por fin dieron la voz de alarma embajadores y asimilados, en esa torre de Babel neoyorkina, donde cada pueblo canta su particular canción, sin prestarl oídos a la del vecino, que es igual de particular. Han despertado de la siesta y achuchan, malhumorados, reconociendo que la cosa es urgente. El organismo asesor de la ONU (que se llama igual que el índice de precios al consumo, pero con una C añadida: IPCC) denuncia que el calentamiento global ha subido un grado centígrado, desde la llamada 'era industrial' hasta la fecha. Y añade que, si no paramos de contaminar, tampoco podremos quedarnos por debajo del 1,5 que se acordó en París.

Para que el acuerdo sea realidad, se requiere una disminución, en 2030, del 45 ciento de las emisiones de dióxido de carbono -el principal gas de efecto invernadero- respecto del nivel de 2010. Es más que probable que, entre 2030 y 2052, se llegue a ese temido 1,5 de exceso. Lo que hay que hacer es tomar medidas para que, en 2050, esas emisiones -que proceden en su mayoría de combustibles sólidos- hayan desaparecido, tal como lo exige el IPCC.

«¡Penitenciagite!» -gritó un fraile de 'El nombre de la rosa', esquivando charcos en el corral del monasterio, mientras el cierzo le arrancaba y hacía volar la capucha, y el terrible frío reinante (pero también gobernante) dotaba al cíngulo de una tiesura que lo convertía en cucaña de feria y fiestas-. Y claro que reinará por siempre utopía, pues jamás de los jamases se cumplió ninguna de las promesas que tan hipócritamente pregonaron.

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