Metiéndoles el dedo en el culo

Así detectan algunos poderes a los diferentes

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Peor aún de como se lo puso Violante a Lope -cuando le mandó hacer aquel soneto-, me lo pone a mí ahora la actualidad que corre. Pocas veces en mi vida me he visto en un aprieto semejante al de hoy. En cuanto que siga contándole la índole de mi cuita, el lector entenderá la muchísima razón que me asiste para encontrarme como me encuentro, a saber: más que estupefacto.

Vayamos poco a poco. Mounir Baatour es fundador y presidente de Shams, organización que lucha para que se despenalice la homosexualidad en Túnez. Y leo en 'El País' que, a título de denuncia, este caballero ha mostrado a la prensa dos test anales.

-¿Has dicho?

Igual de sorprendido reaccionó este servidor. Porque -descartado que dichas pruebas pretendieran alertar de alguna enfermedad radicada en el intestino grueso-, meter el dedo por donde, inocentemente, se le mete a una gallina para saber si tiene disponible un huevo, no me queda más remedio que echarme las manos a la cabeza. Pues resulta que ni el metedor era un médico que actuaba de buena fe, buscando anomalías en el colon, ni a quien se le digitalizaba el ano fue a una servicial ponedora. Una de las víctimas, que así debemos llamarlas, era un homosexual de veintitrés años.

Lo cuenta Baatour mejor que yo, cuando asegura que quien realiza la operación es un facultativo solo en la teoría, pues en la práctica estamos ante un torturador. Su papel no es otro que descubrir si la persona a la que le introduce el dedo en el culo (digámoslo con todas sus letras, joder) practica o no el coito anal. El mismo Baatour -que estuvo en prisión antes de fundar el primer colectivo LGTBI tunecino- considera que semejantes prácticas constituyen una forma de violación. Creíamos que estas cosas sucedían en las novelas y su pariente el cinematógrafo, que es donde la ficción se crece superando a lo real. Pero no en una sociedad que presume de evolucionada.

Menos mal que, de uvas a peras, quienes nos mandan rectifican. Por poner un ejemplo que aplaudimos: finalmente han caído en la cuenta de que se equivocaban con nuestros estudiantes, cuando les hurtaron las asignaturas de Filosofía y Moral.

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