Medio riego no justifica medio güisqui

Ni huracanes, ni borrascas, ni gota fría dan teta a nuestros bancales

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El peliagudo problema que me dispongo a plantear hoy (aun siendo y todo martes), lo veo yo cuasi filosófico. Debemos llevar ojo con las conclusiones a que lleguemos, para que no resulten demasiado sutiles. Hablo, para variar, de aguas claras, que así se titulaban en la Edad Media algunas de las de beber y casi todas las de lavarse la cara.

Como consecuencia del cambio climático (aunque Trump se encabezone en que todo es culpa de los periodistas), los tradicionales huracanes del Caribe han tomado un copero inusual. Son tan arriscados que sobrepasan las Azores y la Madeira, irrumpiendo en España por el flanco oeste. Pero la verdad es que, tanto el rabo de Leslie como el de Michael, se han lucido en zonas donde abundan los caudales, dejando a la provincia nuestra (la de los salarios 'desmayaos', como la llaman) apenas mojada y con la boca seca.

Esta vez nos amenazaron -amenaza que nosotros entendemos bendición- con suculentas lluvias, derivadas de una gota fría que venía tocándole el trasero a esos dos huracanes. Y que, en palabras y gestos de los hombres (y las mujeres) del tiempo, derramaría el beneficio de la lluvia justo sobre nuestras cabezas. Esta vez sí que le tocaba a Murcia, joder, ya sería hora, pues que esta pobre provincia, en materia de aguas llovidas o trasvasadas, corre que vuela del secano al secarral.

Algo cayó, desde luego. Y algunas brisas con vocación de fortachonas movieron a ratos la arboleda. Pero los diarios informaban de medio riego en total. Medio riego es cualquier cosa menos un riego entero. Y un riego entero remoja el bancal, pero apenas calma la sed del acuífero.

El medio riego es como todo lo medio: insuficiente y desalentador. Excepción hecha de la media naranja, que solo con media ya tiene el tiaco (alfa, pero analfa) una mujer entera que le caliente la sopa. El medio riego no mueve a llamar al medio güisqui aquel que tomábamos en los buenos tiempos del 'DYC'. Y ni siquiera estimula a sorberse un desangelado tegüi.

Es el sino. Aunque tenemos la ventaja, eso sí, de que la riada no se llevó al marrano y lo aparcó en Guardamar.

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