Del libro al Kindle

O cómo leer sí que ocupa lugar

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Elegir un libro, cogerlo de la estantería, pasarle la mano por el lomo (acariciándolo) y ponerse a leer. Tomar el Kindle de encima de la mesa, pulsar el botón de encendido, elegir un título, pulsar la portada, fijar el tamaño del texto, regular el brillo de las páginas y ponerse a leer. Dos acciones encaminadas hacia un mismo fin, parecidas (si hablamos groso modo), pero tan distintas. Un antes y un después de esa actividad reservada a los seres humanos, que conocemos como lectura.

Kindle (del inglés, faltaría más) significa 'encender', 'despertar' y no sé cuántas cosas más, como sucede con tantas palabras anglosajonas. Las dos acepciones nos sirven para adjudicárselas al libro electrónico. Una tableta de material duro y brillante, donde aparece seriado un escrito. Como en la pantalla, más o menos, del ordenador o el móvil.

Todavía muchos lectores, ni siquiera empedernidos, se niegan a sustituir el libro tradicional por el novedoso Kindle. Estos que digo son los incondicionales del libro de papel y pasta dura (de cartón) o blanda (de cartulina). Dan mil razones de su fidelidad al amigo de siempre. Les gusta sentir su peso en las manos: liviano o recio. Tocar 'pelo', dicen. Pasar las páginas con los dedos, que no es lo mismo, fíjate, que hacerlo digitalmente. Percibir el olor a celulosa y tinta. A rancio, cuando el ejemplar amarillea por el paso del tiempo. Y apretarlo contra el pecho, después de cerrarlo, como agradeciéndole sus servicios. Estimula muchas más sensaciones, que no es cuestión de enumerar en su totalidad.

El Kindle -defienden otros- es un libro que lleva dentro infinidad de libros. Es muy práctico. Como un capazo de volúmenes que no ocupan lugar. Una biblioteca del tamaño de un cuaderno de notas. Cómodo de manejar: todo se hace pulsando. Puedes leer a oscuras, sin molestar al/a la que duerme en la cama de al lado. Cada vez tiene más adeptos. Incluso entre quienes no querían a renunciar a la tradición.

Entonces, ¿qué? Pues que ya suenan claros clarines de alarma, sobre la lectura en pantallas: 'Provoca un trastorno cerebral' -dice Maryanne Wolf, neurocientífica de la universidad de UCLA (Los Ángeles).

Por tanto, antes de aficionarse al Kindle, 'consulte con su farmacéutico'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos