Hay ya más gordos que hambrientos

A los mendigos madrileños les piden una declaración jurada de sus ingresos

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Esto sí que es el mundo al revés. Aludo al mundo anterior a este de ahora, cuando los ricos eran gordos y delgados los pobres. La gordura (que cuando Franco -y más si gastabas bigotito- fue señal de buena clase) es hoy una como enfermedad que padecen millones de personas. Ni siquiera hay que echar mano de la estadística, para corroborar esto que digo. Solo hay que asomarse a la calle y mirar a ver.

El prestigio del gordo funcionó en tiempos de escasez. Eran los años precarios en que únicamente los menos estaban en condiciones de presumir (o callaban, para no crear aversiones envidiosas) de redondas mollas. Si el gordo lo era dentro de un orden -quiero decir sin demasía- le caía bien a todo el mundo. En nuestro interior subconsciente, nos daba gusto ser receptores de la jovialidad empática de estas personas, que raramente perdían la sonrisa. El Gordo de 'El Gordo y el Flaco' siempre fue muy aceptado entre la afición. No tanto por ser gordo en su misma mismidad, sino porque contrastaba empáticamente con su compañero el Flaco.

Ahora, en cambio, a la gordura rebosadora la llaman obesidad. Desgraciadamente, ya no es una calificación positiva, sino que soporta el carácter de mórbida. De tal manera que el personal procura quitarse kilos de encima, como quien se quita avispas del culo. Bien a base de mucho sacrificio o dejándose engañar por señuelos. El problema es tal que, según la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay más gordos que hambrientos. Los médicos achacan la gordura indeseable a la comida basura (una plaga que se ceba, curiosamente, en los países más ricos).

No sé si todo este tema tendrá algo que ver con el preguntado que está haciendo la Comunidad de Madrid entre los mendigos de su territorio. Quieren saber cuáles son sus ingresos. Sea pidiendo limosna, cantando en el Metro o vendiendo chatarra. Dicen que para descontárselo de la Renta Mínima de Inserción.

-¡No me joda usía!

Tranquilo, que no hay cuidado. Solo les piden una declaración jurada de sus ingresos, en los menesteres antes mencionados.

-¿Y si se niegan?

Entonces, mejor que insertarlos, los ensartan. Digo yo.

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