Buenas noches, tristeza

El cambio de la hora erosiona la alegría de vivir

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Esto del cambio de la hora, que parecía una nonada, se nos está emponderando a más de uno. (Conviene no confundir 'emponderar', con 'empoderar', palabra esta que se ha puesto de moda -derivándola del omnipresente inglés- con el significado de: 'Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido'-. Por su parte, 'emponderar' quiere decir que 'algo aumenta en demasía, como el trabajo o los problemas'. También alude a 'una enfermedad que se agrava o una herida que va a peor'. Se trata de un jumillanismo. Y con esto, cierro el paréntesis).

Cambiar el horario un par de veces al año no deja de ser una jodienda. Y no solo porque se le alteren a uno las constantes, durante los dos o tres días siguientes. Es que hay consecuencias, diría que graves, para la salud. Sobre todo en el caso de niños y ancianos.

El periódico publicaba este mismo lunes que la reducción de las horas de luz produce tristeza. Y no es un pasajero estar triste, sino un dolorido y permanente estado del ánimo, que engloba brotes depresivos, irritabilidad y (¡válgame Dios!) un emponderamiento de las ganas de tomar dulce.

-¡Si es que la naturaleza humana es la leche!

Hombre. Ya lo dijo don Santiago.

-¿Cuál don Santiago?

¡Coñe! Ramón y Cajal. La tristeza vital es una enfermedad muy mala. Te quedas sin ansias para nada. La grisura del ambiente te deja derrumbado, que hasta se te quitan las ganas de sexo. La bromita de 'cuando sean las tres, póngalo usted en las dos', genera en el individuo (y la individua, 'dende' luego) daños en el espíritu, que es donde más duele. Estar en el mundo (tal como anda el mundo últimamente) y, encima de eso, sentirse triste, es para tomar un camino. Y ya sabe el lector de lo que estoy hablando: la puta depresión, que es terrible, se te echa encima, convirtiendo la existencia en un escollo insalvable.

-Por nadie pase.

De modo que la Unión Europea (o el dios que la fundó) haga el favor de acelerar los trabajos para acabar con el cambio de hora, dejándola en una cosa que esté bien, lo mismo para el invierno que para el verano, porfa.

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