Desmemoria histórica

Quién iba a pensar que con la cantidad de personajes políticamente incorpóreos que dejaron su muesca en la convulsa historia del aeropuerto, lo sonrojante para algunos podía ser la evocación de Juan de la Cierva el día de la inauguración

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

Tienen los fantasmas, al parecer, una cierta querencia por aquellos lugares cerrados y deshabitados que arrastran un pasado tormentoso. Pero quién iba a pensar que con la cantidad de personajes políticamente incorpóreos que dejaron su muesca en la convulsa historia del aeropuerto de Corvera, lo sonrojante para algunos podía ser la evocación de Juan de la Cierva durante la inauguración del aeródromo. Curiosa esta memoria histórica selectiva, que es generosamente olvidadiza con el estacazo que un alma errante infringió con sus desatinos al bolsillo de los murcianos y sin embargo sirve para someter a juicio sumarísimo, sin posibilidad alguna de defensa, a un personaje que cambió el curso de la aviación. Con la cantidad de personal de medio pelo que jalonó el devenir del aeródromo, algunos ejerciendo un papel desastroso y otros aportando eficacia en medio del descomunal lío, resulta pasmoso que la trituradora de reputaciones se haya activado estos días con el insigne inventor murciano del autogiro.

Detengámonos en los hechos conocidos. En abril de 2017, la Asamblea Regional, con los votos a favor de PP y Ciudadanos, aprobó solicitar a la Dirección General de Aviación que el aeropuerto internacional de la Región de Murcia incorporase el nombre de Juan de la Cierva. En esa ventanilla llevan meses esperando los papeles para el citado trámite, pero por razones que nadie explica de forma convincente, probablemente por motivos vergonzantes, siguen varados en las playas de la burocracia. Laura de la Cierva, bisnieta del inventor, ofrece una explicación plausible: el Ministerio de Fomento tiene miedo a autorizar el nombre después de que una asociación exigiera lo contrario porque mantiene que el ingeniero fue una pieza clave en el alzamiento militar que acabó con la II República. Juan de la Cierva, que llevaba años en Londres sin ninguna relación con la vida política española, recomendó el avión que trasladaría a Franco de Canarias a Tetuán, pero no está claro que supiera cuál era el objetivo de ese traslado cuando le hizo tal consulta quien sí estaba en la operación golpista. Que De la Cierva no conociese al exdictador y que muriese en diciembre de 1936 no impide que algunos le tachen de franquista y soliciten la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, lo que resulta más que dudoso en virtud de la letra y del espíritu de la norma creada para restituir a las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. ¿Qué sería lo próximo? ¿Condenar al ostracismo a la diputada Clara Campoamor, la más decisiva de las luchadoras en favor del voto de las mujeres, porque abandonó, desencantada, el peligroso Madrid revolucionario al inicio de la guerra?

La nueva infraestructura aeroportuaria debería servir para consolidar nuestra Comunidad Autónoma como destino turístico. De modo que no es negativo que fuera de nuestras fronteras se conozca como Aeropuerto Internacional de la Región de Murcia. Pero si también podemos vincularla al nombre de un sobresaliente pionero de la aviación, que además muestra que no solo somos tierra de sol y playa, sino también de innovación y emprendimiento, mejor que mejor. Bastante dura es la competencia en materia turística como para desprenderse de atributos que puedan ayudar. Que haya abierto por fin el aeropuerto de la mano de Aena es una buena noticia. No existía otra alternativa razonable. Continuar pagando con dinero público un aval supermillonario por un aeródromo cerrado era una situación sangrante. Es verdad que la historia del proyecto está llena de tropiezos y de errores políticos. No conviene olvidarlos. Para que nunca vuelvan a suceder. Pero lo responsable es trabajar ahora por un futuro mejor para la Región. Espero que le vaya muy bien al nuevo aeropuerto. Por el bien de todos.