El regreso del Pantano de Aljucer

Tajamares y canales de entrada del agua al Molino de Oliver, y compuertas para las acequias. / Arquitectura de BarrioGráfico
Tajamares y canales de entrada del agua al Molino de Oliver, y compuertas para las acequias. / Arquitectura de Barrio

La Junta de Hacendados y el Ayuntamiento de Murcia presentan un proyecto de Arquitectura de Barrio para recuperar para la cultura el espacio del antiguo Molino de Oliver

Pepa García
PEPA GARCÍA

Recuperar parte de lo que fue conocido hasta los años 80 del pasado siglo por los aljucereños como El Pantano y dotar a la pedanía murciana de un espacio público en el que se puedan conocer los mecanismos básicos de funcionamiento de un molino, uno de tantos con los que contó Aljucer; habilitar un paseo en dirección a la huerta y reforestar la zona con vegetación de ribera, dejando a cielo abierto parte de la acequia mayor Alquibla o Barreras, y disponer de un espacio en el que volver a exhibir el escudo heráldico de los López Oliver, catalogado como BIC.

Esos son básicamente los objetivos del proyecto redactado por el estudio Arquitectura de Barrio para responder al encargo de la Junta de Hacendados y del Ayuntamiento de Murcia. La iniciativa persigue adecuar el espacio ocupado por el antiguo Molino de Oliver (cuya licencia de construcción se solicitó el 4 de febrero de 1761 y que permaneció en pie hasta el 2 de enero de 2008, que la Junta de Hacendados lo demolió, «a petición de los vecinos», recuerdan desde este organismo, pero sin disponer de la preceptiva licencia municipal).

Precisamente por esta demolición, en su momento denunciada y juzgada, la Junta de Hacendados estaba obligada a la recuperación y restauración del escudo heráldico del siglo XVIII y a una actuación de adecuación para exhibirlo en su ubicación original. «Dado que el pantano, cimbrado desde los ochenta, es un espacio degradado que se usa como aparcamiento y cuenta con un jardín infrautilizado, unas ruinas en mal estado y la continua acumulación de basura y baldomera en la acequia, planteamos un proyecto conjunto al Ayuntamiento de Murcia para adecuar el entorno», explican, desde Arquitectura de Barrio, Enrique de Andrés y Coral Marín.

Cartel situado junto a la acequia Barreras o Alquibla. | Una de las ruedas para regular el caudal de la acequia. | Escudo heráldico de la familia López Oliver, del siglo XVIII. / Arquitectura de Barrio

En pleno centro de la pedanía y a unos pasos de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, el rincón fue centro neurálgico de esta población enmarcada por la huerta. Un espacio en el que nacían cuatro acequias, Gabaldón, Alquibla Madre, Aljorabia y Alguazas, y por el que pasaba el Camino Real de Cartagena; un centro de actividad comercial animado por la existencia del molino desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX, que permaneció en funcionamiento, y un nudo de partidores, puentes y obra hidráulica muy importante, explica Arquitectura de Barrio.

El casal del molino, cuentan, construido con materiales pobres, fue sometido a innumerables transformaciones fruto de los usos cambiantes de estas infraestructuras, que pasaron de ser molinos harineros, a serlo de pimentón o incluso de electricidad. En concreto, el Molino de Oliver, también de muros de material pobre, estaba dedicado a la molienda de pimentón y parte de su encanto para los vecinos proviene del 'Pantano', un ensanchamiento de la acequia Barreras o Alquibla que era un lugar de encuentro y para disfrutar del frescor aportado por el agua corriente y la arboleda que crecía a su amparo, de la que queda como testigo una morera centenaria.

Hoy, explican desde el estudio responsable del proyecto, no tiene mucho sentido recuperar el casal, pero sí «su silueta en el paisaje. Una estructura metálica servirá para configurar su contorno, a modo de pérgola, que reproducirá la existencia de los tajamares -divisiones de los distintos canales- y los canales, y estarán cubiertos por maderas que aporten sombra a este espacio». El proyecto recuperará, a modo de antepecho, las fachadas laterales del edificio que todavía se conservan y que se sitúan junto a los mecanismos (ruedas), completamente operativos, que sirven para regular los caudales de agua.

En la fachada de acceso «se ubicará el antiguo escudo, hoy restaurado y que tiene en custodia el Museo Arqueológico de Murcia, ocupando su lugar original en un tramo de paramento ciego que se construirá para este fin», explican los arquitectos autores del proyecto.

Asimismo, la estructura permitirá a los vecinos el acceso al quijero de la margen izquierda de la acequia mayor Barreras o Alquibla, que se recuperará y permitirá iniciar un paseo que se interna en la huerta circundante.

Igualmente, sobre la construcción metálica y de madera, cuyo suelo reproducirá el recorrido del agua y la estructura de los canales, se construirá un graderío que permita la realización de actos culturales o sociales en la pedanía, al tiempo que dejará ver la primitiva ubicación de los cárcavos -mecanismos que, sumergidos en el agua, hacían moverse las muelas de los molinos- y oír y ver el paso del agua bajo la rejilla circular que los simula.

También el uso de diversos pavimentos dejará visualizar el recorrido de las acequias Alquibla Madre y Alguazas, que nacen a la altura del Molino de Oliver, facilitando la comprensión de lo que fue históricamente este enclave.

Recuperar el pantano

Uno de los objetivos de la nueva propuesta es dejar a cielo abierto la acequia Barreras, recuperando el Pantano que dio vida a este rincón y reforestando los quijeros con especies autóctonas de ribera, al tiempo que se eliminan las invasoras cañas. La actuación posibilitará a quien visite el espacio conocer qué era un molino, cómo funcionaba, para qué servía, cómo hacía el agua el recorrido y su significado histórico. «El estado del molino antes de la restauración de los canales, en los que se hormigonaron las estructuras, sería el punto de partida para una reconstrucción rigurosa, en la que se eliminará lo nuevo y se recuperará lo original para que se aprecien los elementos más importantes. No queremos inventarnos un molino nuevo sino poner en valor lo auténtico y original», apuntan desde Arquitectura de Barrio.

De la misma opinión es la Junta de Hacendados, desde donde valoran muy positivamente el proyecto realizado, que permitirá seguir utilizando las ruedas y compuertas, así como realizar las mondas desde ambos lados de la acequia.

Para buscar el consenso, Arquitectura de Barrio tienen pensado realizar presentaciones a los vecinos de Aljucer para testar su opinión. «Lo ideal sería contar con el consenso de los vecinos, pero lo que no vamos a hacer es reconstruir una ruina», advierten desde la Junta de Hacendados ante «las pegas» que desde algunos partidos y colectivos han puesto al proyecto en la presentación que se realizó hace 15 días. Y aseguran que, si todo sale bien, en breve comenzarán las obras; y «si se judicializa, hasta que no lleguemos a Estrasburgo no vamos a parar».