PONGA UN BIÓLOGO EN SU VIDA (O EN SU NOTICIA)

MARÍA ÁNGELES BONMATÍ CARRIÓNVOCAL DEL COLEGIO OFICIAL DE BIÓLOGOS DE LA REGIÓN DE MURCIA (COBRM)

Vivimos en lo que se ha denominado con frecuencia la era de la información debido al fácil acceso, sobre todo desde la irrupción de internet, a documentación sobre prácticamente todas las áreas de conocimiento. Además, hoy día, la difusión de noticias a través de los medios de comunicación tradicionales también ha ido en aumento gracias al unánime uso de las redes sociales por parte de estos medios. Sin embargo, y paradójicamente, también en los últimos tiempos ha ido creciendo la preocupación sobre la desinformación o confusión a la que puede estar sometida la población. Y es que, aunque pueda parecer contradictorio, la amplia variedad de fuentes hace a menudo complicado discernir cuáles son 'fiables' y cuáles no.

Así, como lectores, lo primero que debemos hacer es definir si lo que estamos leyendo es un artículo de opinión o pretende ser divulgativo sobre algún aspecto relevante, como podrían ser la salud o el medio ambiente. En el primer caso, el artículo de opinión debería tomarse como tal, y si nos interesa el tema, tratar de contrastar esa opinión mediante la búsqueda de otras fuentes de datos objetivas, para, finalmente, formarnos nuestra propia visión sobre determinado aspecto. A veces también ayuda recabar información acerca del autor del artículo, sobre su formación o experiencia en el tema tratado, siempre procurando no incurrir en la falacia de autoridad (es decir, creer algo únicamente porque lo diga alguien con un cargo o título que nos merece confianza).

Además, últimamente prácticamente todos los medios serios incluyen entre sus contenidos secciones dedicadas a la divulgación científica como tal o a la difusión de noticias relacionadas con la ciencia. Y es aquí donde la labor del periodista cobra una gran importancia. Normalmente, los artículos de divulgación suelen estar escritos por periodistas especializados, o bien, en ocasiones, son ellos quienes encargan artículos a expertos en determinados temas. Por ello, es su obligación filtrar y contrastar las fuentes que van a citar en sus páginas.

Y es aquí donde aprovecho para hacer una reflexión importante. Si bien es cierto que la evidencia científica (es decir, cómo de demostrado científicamente está un hecho) es independiente de quién la ponga de manifiesto, también es real que los expertos en las distintas áreas de conocimiento suelen conocer mejor la evidencia científica existente en el tema en el que trabajan. Así, será muy complicado que un biólogo aparezca en un medio haciendo recomendaciones sobre cómo hay que enfocar el tema de la teoría de cuerdas, o sobre qué técnica quirúrgica da mejores resultados en afectados por miopía. Sin embargo, sí que es frecuente que expertos de distintas áreas opinen o divulguen sobre temas que se escapan a su área de conocimiento, tratando temas propios de la Biología, y más concretamente, que atañen a quien les escribe, sobre Cronobiología, rama de la Fisiología a la que dedico mi labor investigadora desde hace ya varios años.

Seguramente el lector habrá leído últimamente artículos sobre los efectos del cambio horario (tema de gran actualidad) o de la luz sobre el organismo en los que se genera cierta polémica, o directamente se niegan dichos efectos. Cuando escriban, como periodistas, o lean, como lectores, por favor, contrasten la información con las evidencias que les aporten los expertos en el tema. En el Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Murcia estamos a su disposición para lo que necesiten. Y por favor, ahórrense los titulares polémicos o taxativos. La ciencia no suele generar dogmas.