El PP extrema el celo para no cometer errores y afianzar la tendencia al alza

Casado, este martes, en su visita a la Feria Internacional Ganadera de Zafra, en Badajoz. /Jero Morales / EFE
Casado, este martes, en su visita a la Feria Internacional Ganadera de Zafra, en Badajoz. / Jero Morales / EFE

Génova refuerza el control interno del mensaje y Casado evita enredarse en los debates que abandera Vox

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Existe una máxima en política que dicta que tan importante como acertar en campaña es no cometer errores, y el PP se propone cumplirla a rajatabla. Nada de improvisar. Nada de enfangarse en «terrenos farragosos» ni tropezar en las mismas piedras que el 28-A. Hay asuntos, como la exhumación de los restos de Franco, en los que el partido de Pablo Casado no quiere enredarse ni entrar en competencia directa con Vox. Ahora que, cinco meses después del desplome en las urnas, el contexto favorece su crecimiento, lo único que los populares están dispuestos a extremar es el celo.

Desde la sala de mandos de Génova se centraliza el mensaje que, en formato argumentario, reciben los cargos nacionales y territoriales para evitar sobresaltos. Según fuentes del PP se ha buscado reforzar la coordinación interna para funcionar como una máquina perfectamente engrasada y prevenir «incendios» que restan. Aun así, en las filas conservadoras todavía se sobreponen de las declaraciones de la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sobre la decisión del Gobierno de trasladar el féretro de Franco. «¿Qué será lo siguiente? –se preguntó en la Asamblea regional– ¿La cruz? ¿Todo el Valle? ¿Las parroquias del barrio? ¿Arderán como en el 36?».

Si hace unos meses, había ciertos discursos que el partido justificaba para frenar el trasvase de votos a Vox, hoy proteger ese flanco ya no es el objetivo. Casado se ha aferrado estos días a la sentencia del Tribunal Supremo, que autoriza la exhumación, para zanjar el debate, y su equipo esquiva las preguntas sin detenerse ni medio segundo. Fuera de la agenda han quedado otros temas controvertidos como la eutanasia o el aborto, que trajo quebraderos de cabeza al líder de los populares en los pasados comicios, pese a haberse propuesto también entonces aparcar el asunto. La batalla ahora se da en el centro. No se contemplan despistes.

El 28-A, los populares comprobaron que su espacio había quedado achicado. Ciudadanos creció hasta los 57 escaños y Vox irrumpió con 24. Mirar demasiado hacia su derecha no dio buenos resultados y, como defendían los barones, sin el centro no se ganan los comicios. La aspiración máxima sería recuperar el espacio cedido a Albert Rivera e incluso atraer parte del votante que apostó en abril por el PSOE. Y eso exige, entre otras cosas, resumen en el PP, «moderación en las formas y contundencia en el mensaje».

El valor diferencial

El sábado, los populares dejaron claro en su convención de Córdoba que el eje de campaña, pese a la tensión en Cataluña, no es tanto el debate territorial, que también, como la economía. Ese terreno le concede al PP la oportunidad de vender su gestión al frente del Gobierno –con ayuda de las listas electorales– y modificar la imagen de Casado, demasiado asociada, según los análisis del partido, a la crispación en vísperas del 28-A.

Aunque entonces no hubo autocrítica, hoy el propio presidente del PP atribuye su actitud de abril al «enfado» por la gestión del Ejecutivo en Cataluña. Ahora, sin embargo, las circunstancias han cambiado y facilitan a Casado la tarea de transformar su perfil. Las encuestas recogen un incremento en el número de diputados, aunque sin llegar aún al que era el suelo del partido hasta abril, y eso le ayuda a mantener la calma. Además, tiene poco que perder, aunque esta sería la segunda ocasión en la que concurre y no logra alcanzar la Moncloa.

Definido el marco y fijado el rumbo, en el PP confían en que Casado y todas las estructuras de la formación no se salgan del guion. Cuentan con la ventaja de una campaña más corta. En política, en todo caso, un mes es un mundo.